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Liverpool (gracias a Suburbia) le ‘come el mandado’ al Palacio y Sanborns

14 Dic 2017
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La firma, que hace ocho meses concretó la compra de 119 tiendas de Suburbia, ganó mercado frente a Palacio de Hierro y Sanborns, cosa que no ocurría desde 2013. 

A 8 meses de concretar la compra de 119 tiendas Suburbia, Liverpool ganó mercado frente a sus competidores Palacio de Hierro y Sanborns, lo que no ocurría desde 2013.

A septiembre de 2017, la firma que preside Max David Michel elevó en casi 3 puntos porcentuales su cuota de mercado en términos de ingresos, al llegar a 58.4 por ciento.

En contraste, la de Grupo Sanborns se redujo de 27.2 a 25.4 por ciento en el periodo referido, mientras que en Palacio de Hierro pasó de 17.3 a 16.2 por ciento, según un consolidado de los informes trimestrales de las empresas.

La ganancia de mercado de Liverpool se tradujo en 3 mil 921 millones de pesos adicionales en ventas, que equivalen a casi 2 veces la inversión ejercida en la construcción del proyecto inmobiliario Chapultepec Uno (desarrollado por T-69), el más relevante en Paseo de la Reforma (en la CDMX).

El consolidado de ingresos de las 3 firmas tuvo un alza nominal y real de 48.5 y 31.5 por ciento, respectivamente, en los últimos 4 años.

Carlos Hermosillo, analista de Activer Casa de Bolsa, explicó que Liverpool ganó mercado con la estrategia de complementar el crecimiento orgánico con las adquisiciones, la oferta de moda en boutiques internas y externas, además de los corners dentro de las mismas tiendas.

“También tenemos el tema de la expansión, que en estos 2 últimos años han sido de récord en aperturas independientemente de la incorporación de Suburbia”, agregó.

Este año Liverpool abrió 11 tiendas, remodeló algunas existentes y adquirió Suburbia, que, según los expertos, representa cerca de 14 por ciento de los ingresos del grupo y le permitió acelerar su crecimiento frente a sus competidores.

“Liverpool se ha visto más fuerte que su competencia, pues ha sabido contrarrestar un entorno de consumo débil con fuertes campañas publicitarias, Palacio no ha sido tan agresivo y en el caso de Sears apenas en las últimas semanas ha lanzado algunas ofertas”, aseveró Marisol Huerta, analista de Bursamétrica.

A septiembre de 2017, Liverpool tenía 356 sucursales, de las cuales 127 eran de los formatos Liverpool y Fábricas de Francia, 107 boutiques especializadas y 122 son tiendas Suburbia. En tanto Palacio de Hierro contaba con 22 unidades y Grupo Sanborns con 439 entre Sears, Sanborns y su tienda especializada en música y películas Mixup.

En los primeros 9 meses del presente año, Liverpool acumuló un alza de 19.2 por ciento en ingresos, Palacio de Hierro 5.9 por ciento y Sanborns 5.5 por ciento.

“Su estrategia (de Liverpool) se enfocó en la omnicanalidad, con la que buscan hacer venta no sólo en las tiendas físicas, sino también en e-commerce y por teléfono. Creo que ese es uno de los diferenciadores para Liverpool. Además de las campañas promocionales para cautivar al cliente y generar tráfico en tiendas”, dijo Valentín Mendoza, analista de Banorte Ixe.

Se estima que a la fecha el 3.6 por ciento de las ventas totales de Liverpool provienen de su tienda online, lo que la posiciona por encima de sus competidores directos, cuyas unidades digitales alcanzan sólo una participación de alrededor de 1 por ciento en su mix de ingresos.

MERCADO LA CASTIGA

Pese a ganar mercado ante sus competidores, en la BMV no ha tenido los mejores resultados. En lo que va del año, el valor de las acciones de Liverpool acumula una contracción de 21.5 por ciento.

Expertos afirmaron que un factor que podría ser determinante para detener la caída de las acciones son los resultados de las ventas decembrinas y del Buen Fin, que se verán reflejadas en su reporte del cuarto trimestre y que de resultar exitosas darán confianza al mercado para mejorar el precio de sus títulos.

TAMBIÉN CONTRA ZARA Y H&M

Además de enfrentar a Palacio de Hierro y Sanborns, Liverpool da la pelea a H&M y Grupo Inditex -que opera Zara, Bershka, Pull & Bear y Stradivarius-, a través de Sfera, un joint-venture con El Corte Inglés.
Este año la departamental abrió 6 nuevas tiendas Sfera en México.

“Ese mercado es muy competido, el consumidor busca ropa a buenos precios y que esté a la moda. Liverpool sabe eso y es por ello que se llevó a cabo la compra de Suburbia, para intentar competir en ese segmento y ofrecer precios atractivos, están compitiendo fuerte sobre todo a través de Suburbia, Fábricas de Francia y las boutiques”, dijo Huerta.

En México Inditex tiene 360 puntos de venta; Liverpool posee 38 tiendas Sfera, 122 Suburbia y 38 Fábricas de Francia, mientras que H&M suma alrededor de 35 unidades.
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.