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Negociadores del TLCAN de EU y México cenaron en Buenos Aires

14 Dic 2017
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El representante de Comercio de EU y el secretario de Economía mexicano tuvieron una cena en Argentina de índole social y no representó una ronda de negociación, pero que sentó las bases para un encuentro más formal en Montreal.

Mientras los negociadores trabajan esta semana en Washington en la actualización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es probable que la reunión más importante sea una que tuvo lugar a miles de kilómetros de distancia.

El representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, cenó con el secretario de Economía mexicano, Ildefonso Guajardo, en Argentina, dijo Guajardo a Bloomberg News después de las reuniones de la Organización Mundial del Comercio en Buenos Aires. 

La reunión no incluyó la participación canadiense, dijo. El ministro de Comercio François-Philippe Champagne está representando a Canadá en las negociaciones de la OMC en lugar de la ministra de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland, que encabeza el equipo negociador del TLCAN del país.

Guajardo dijo que la cena fue de índole más social y no representó una ronda de negociación, pero que sentó las bases para un encuentro más formal en Montreal el mes próximo en la sexta ronda de las negociaciones por el TLCAN. 

Si bien los negociadores dicen que han hecho avances positivos en cuestiones más mundanas como la seguridad de los alimentos y los obstáculos técnicos al comercio, todavía no han alcanzado un acuerdo sobre temas que podrían concretar o romper un acuerdo, como las demandas estadounidenses relativas al contenido nacional de autos aptos para una exención de derechos de aduana y que el TLCAN concluya después de cinco años salvo que los países acuerden renovarlo.

Elemento tiempo

“Revisé las áreas en las que estamos avanzando y que están próximas a su conclusión”, dijo Guajardo en la entrevista el miércoles. “Todavía tenemos varios puntos que son de alta complejidad y en los que debemos empezar a discutir distintas maneras de zanjar nuestras diferencias”.

Un correo electrónico enviado a la oficina de medios del representante de Comercio estadounidense no fue respondido en forma inmediata.

“Cuanto más tiempo estemos sentados a la mesa de negociaciones, más constructivos nos sentimos en cuanto a la posibilidad de llegar a una solución”, agregó Guajardo.

Esta semana, los negociadores que se reúnen en Washington están evitando los temas más controversiales de las negociaciones por el TLCAN y se centran en áreas en las que puede lograrse acuerdo sin elevar el diálogo a nivel ministerial, según una persona allegada a las negociaciones, que pidió no ser identificada por tratarse de un proceso que se desarrolla a puertas cerradas.

Los representantes de Estados Unidos, Canadá y México han acordado un 75 por ciento del texto correspondiente a las áreas de comercio digital, telecomunicaciones, buenas prácticas normativas y anticorrupción, dijo la persona, pero el 5 por ciento o el 10 por ciento final del texto referido a un tema, no obstante, puede requerir a veces un trabajo significativo para llegar a un acuerdo porque representa el aspecto más difícil.

Los negociadores del TLCAN comenzaron a reunirse en agosto después de que el presidente estadounidense Donald Trump, que culpa al acuerdo de la pérdida de cientos de miles de empleos fabriles en Estados Unidos y de un déficit comercial superior a 60 mil millones de dólares con México, prometió reformarlo o retirarse. 

Guajardo ha dicho que México está dispuesto a ayudar a que Estados Unidos alcance su objetivo de reequilibrar el intercambio comercial, siempre y cuando sea a través de una expansión de las exportaciones y no de limitaciones al comercio.
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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.