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Europa prepara 'golpe' por aranceles de EU

09 Abr 2019
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La Unión Europea comenzó sus preparativos para responder a los subsidios que recibe el fabricante de aviones estadounidense Boeing, dijo un funcionario comunitario este martes, después de que Washington hizo una lista de productos que prevé gravar con aranceles en su disputa sobre el sector de la aviación.

Más temprano, el presidente Donald Trump anunció que Estados Unidos impondrá aranceles por valor de 11 mil millones de dólares a productos procedentes de la UE, después de que su representante comercial propuso una lista de importaciones como represalia por los subsidios europeos a la aviación.

Una fuente de la Comisión Europea explicó que el nivel de contramedidas propuestas por Estados Unidos es "muy exagerado", agregando que el tamaño de la represalia solo puede ser determinado en un arbitraje de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

"En la disputa paralela por Boeing, también se está acercando la determinación de los derechos de represalia de la UE, que pedirá al árbitro nombrado por la OMC que determine esos derechos", indicó la fuente, quien agregó que la Comisión se prepara para actuar cuando se conozca la decisión del árbitro.

Airbus detalló que no hay base legal para la decisión estadounidense y advirtió de una profundización de las tensiones comerciales transatlánticas.

La UE ya se enfrenta a aranceles estadounidenses a sus exportaciones de acero y aluminio y Trump ha amenazado repetidas veces con imponer tarifas a los vehículos europeos.

El ministro francés de Finanzas, Bruno Le Maire, declaró en una conferencia en París que las dos partes deben alcanzar un acuerdo amistoso.

"Cuando veo la situación global en la que está el crecimiento, no creo que podamos permitirnos tener un conflicto comercial aunque solo sea por asuntos específicos de la industria de la aviación en Estados Unidos y Europa", señaló.

Las dos partes se están acercando al clímax en un disputa por los subsidios que dura ya casi 15 años en la OMC.

Ambos han ganado victorias parciales en sus demandas de que Airbus y Boeingreciben subsidios ilegales, pero no están de acuerdo en la cantidad implicada y si cada uno ha cumplido con anteriores dictámenes de la OMC.

 

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.