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El peso mexicano avanza ante la debilidad del dólar

09 Abr 2019
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CIUDAD DE MÉXICO.- El peso mexicano se apreciaba este martes por cuarta jornada consecutiva apoyado por un debilitamiento global del dólar y un dato de inflación en México que resultó menor a lo esperado, aunque una caída en los precios del crudo limitaba los avances.

El dólar interbancario cotiza en 18.9457 unidades a las 9:10 horas, lo que representa para el peso un alza de 0.11 por ciento, de acuerdo con datos de Bloomberg.

En tanto, el dólar en ventanilla bancaria se vende en 19.30 unidades, cifra igual a la reportada el lunes como cierre por Citibanamex.

El tipo de cambio del peso con el dólar marca este miércoles un mínimo de 18.9008 unidades a las 7:57 horas, mientras que el máximo se mantiene en 18.9883 registrado el lunes a las 18:59 horas.

La moneda mexicana gana terreno ayudada por la caída del dólar a nivel global por segundo día en medio de la inquietud de los inversores por las disputas comerciales, luego del anuncio de Estados Unidos de que aplicará aranceles a una nueva lista de productos europeos.

El representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, propuso el lunes una lista de productos de la Unión Europea, que van desde aviones comerciales y partes a productos lácteos y vino, a los que imponer aranceles como represalia por los subsidios del bloque a las aeronaves.

El índice que mide el comportamiento del dólar frente a una canasta de 10 divisas cae 0.13 por ciento.

En el entorno económico, noticias locales, incluidos los problemas fronterizos con el Gobierno estadounidense y posibles retrasos en la aprobación del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)no brindaban mucho apoyo al peso.

El dato de la inflación en México para el mes de marzo y la baja en las perspectivas de crecimiento de parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), tuvieron un menor impacto en la cotización del peso mexicano.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer que la inflación en México registró una variación de 4 por ciento a tasa anual en marzo, cifra ligeramente menor respecto al 4.02 por ciento que estimaban los analistas de Bloomberg.

El índice aún se mantiene dentro del rango objetivo del Banco de México (Banxico), que es de 3 por ciento, +/- un punto porcentual.

Además, el FMI redujo sus perspectivas de crecimiento para México en 2019 y 2020, las cuales son por debajo del 2 por ciento. El organismo pronosticó que el 2019 será de 1.6 por ciento y de 1.9 por ciento en 2020.

Otro factor que pesaba en el mercado cambiario es la cotización en los precios del petróleo, los cuales, aunque están retrocediendo durante esta jornada, se mantienen en niveles máximos desde noviembre.

El precio del crudo WTI de referencia en Estados Unidos cae 0.48 por ciento, a 64.08 dólares, mientras que el barril del Brent de Londres pierde 0.75 por ciento, para cotizarse en 70.56 dólares.

 

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El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.