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Se tenía que decir… 2020, el año de la abundancia para López Obrador. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

06 Ene 2020
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El nuevo año llega con noticias del ámbito exterior que necesariamente impactarán a México. Por un lado, la expulsión de la embajadora mexicana en Bolivia, María Teresa Mercado, luego de días consecutivos de roces diplomáticos entre ambos países que derivaron en la aparición del mote “Cobarde Matoncito”, endilgado al presidente Andrés Manuel López Obrador por parte del expresidente boliviano Tuto Quiroga.

 

Por otro lado, la tensión entre Estados Unidos e Irán. Éste último conflicto, que tiene sus orígenes en la toma de la embajada de Estados Unidos en Teherán, en 1979, puede marcar el rumbo geopolítico en 2020, y tener afectaciones económicas mundiales este mismo año.

 

Cuando un evento así ocurre en el mundo, los distintos gobiernos generalmente toman sus previsiones y preparan estrategias políticas y económicas para afrontar las posibles consecuencias. Una de ellas tiene que ver con la elevación de los precios del petróleo y de las importaciones de hidrocarburos.

 

Tan sólo para el 3 de enero, el precio de la mezcla mexicana de petróleo de exportación se ubicó en 58.88 dólares por barril, una diferencia de casi diez dólares en comparación con la estimación del precio plasmada en el paquete económico para el gasto gubernamental en 2020.

 

Ello puede derivar en que el gobierno de López Obrador tenga, como le ocurrió a Vicente Fox y a Felipe Calderón, muy importantes excedentes en el presupuesto de este año.

 

Los ingresos presupuestarios excedentes representaron en 2006 un 2.9% del PIB, en 2007, 2.2%; y en 2008, 2.6% del Producto Interno Bruto. El destino de los recursos excedentes nunca se conoció, y ese riesgo está latente en esta administración, por más que nos digan que la corrupción se ha acabado.

 

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador tendrá “abundancia” en 2020, pues contará con ingresos excedentes muy importantes, y ello obliga a las autoridades a hacer un trabajo más riguroso, eficiente, honesto y transparente en este año. La vigilancia de los ciudadanos, por su parte, deberá ser más estricta, aguda e insistente, a efecto de obtener información adecuada y contundente sobre el destino de los recursos públicos del país.

 

Esta última ecuación también nos hace prever que los enfrentamientos políticos en México arreciarán, pues la transparencia no es una de las virtudes del lopezobradorismo, y la paciencia y confianza de los mexicanos en sus autoridades va a la baja.

 

El gobierno de López Obrador tampoco se ha distinguido por ser eficiente en el manejo de los recursos, y ello será otro factor de cuestionamiento a la autoridad.

 

Este año también pondrá a prueba la honestidad de quienes rodean a López Obrador (caso aparte Manuel Bartlett), pues la abundancia también generará tentaciones, y no sería raro que se presentaran casos de corrupción en el gobierno.

 

Un año interesante, sin duda, es el que empieza. Ya veremos el desempeño del gobierno, y de la sociedad.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.