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Conferencia tras banderas. No es gratis la estridencia en las giras presidenciales en contra de los gobernadores de oposición. Por Pepe Rocello. Destacado

07 Ene 2020
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La primera gira del 2020 del Presidente y Comandante Supremo de la Cuarta, fue por las tierras de Marco Mena, Gobernador del Estado de Tlaxcala, donde se repitió con mucha estridencia el murmullo y rechifla contra el discurso del gobernador y sabiendo que, en dichos actos, más cuando asiste el mandatario federal, se cuidan mucho las formas y más cuando el Gobernador, siendo la máxima autoridad político administrativa estatal y que al igual que el presidente son democráticamente electos, y pares dentro de los órdenes de gobierno, cada quien en su ámbito territorial, es el anfitrión.

Es decir, el Gobernador es el que dirige el acto y el titular del Ejecutivo federal es invitado por que el gobernador, como máxima autoridad territorial, aunque se estén inaugurando obras que contengan mezcla de recursos federales y estatales, el que manda en la territorialidad estatal es el gobernador y punto.

Si bien la falta de respeto al protocolo de las investiduras es importante, es una cortesía política el respeto y es muy difícil de creer que estas rechiflas no sean producto del acarreo de golpeadores de la “cuatroté” y nos preguntamos el porqué de ello y la forma sistemática y recurrente de estos hechos.

Y una parte de la respuesta la encontramos en las diferentes evaluaciones que se han publicado en diferentes medios de comunicación sobre el desempeño de los Gobernadores, en donde destaca que en el Top diez, solamente se encuentra el Gobernador de Tabasco, el buen Rutilio de MORENA, y el resto son de la oposición.

Dentro de los primeros cinco gobernadores mejor evaluados se encuentran tres de Acción Nacional y dos del PRI, destacando que el mejor evaluado es el Gobernador de Yucatán, Mauricio Vila Dosal, electo en un proceso muy competido en donde obtiene solamente el 39% de los votos y actualmente alcanza una calificación satisfactoria de cerca del 80%, en segundo lugar, el Gober de Sinaloa con una aceptación de 65% muy arriba del 41% que lo colocó como Gobernador Constitucional de Sinaloa, un caso especial, Quirino Ordaz pasó la prueba del “tendido” en la inauguración del acceso sur al Aeropuerto Internacional de Culiacán en días pasados en un acto masivo y sin rechiflas y susurros, el tercer lugar es para la gobernadora Claudia Pavlovich de Sonora, representante de la paridad de género pendiente en el caso de gobernadoras, logrando un muy aceptable 62% de evaluación, superando el 47% de la elección, le sigue Francisco Domínguez, del PAN en Querétaro, con 60% superior al 47% de la elección y en el top cinco terminamos con José Rosas Aispuro, de Durango, que mantiene una mejor evaluación que la elección, alcanzando un 57% de aceptación, después del 47% de la elección, es decir los primeros cinco gobernadores se legitiman en al ejercicio de gobierno.

Los segundos cinco, aparecen tres del PAN: Sandoval de Aguascalientes con 57% después del 43% de la elección; Cabeza de Vaca en Tamaulipas con 56% cerca del 50% inicial, y en el décimo lugar, de Nayarit, el Gober Antonio Echeverría con 53% partiendo de un 38%, en el octavo lugar el amigo Rutilio Escandón, que es el prietito del arroz y que es arrastrado por la caída de la imagen del Presidente AMLO, ya que actualmente tiene una aceptación del 55% que viene cayendo del 61% de la elección y en el noveno puesto se encuentra Murat del PRI que viene saliendo tablas  manteniendo el 53% de la elección.

En la tercera quintilla se encuentran cuatro gobernadores del PRI, el anfitrión Marco Mena con mejores números que en la elección, ya que cuenta con el 52% partiendo de solamente con un 33%, le sigue Miguel Riquelme, de Coahuila, superando el 34% de arranque alcanzando un nada despreciable 51% de aprobación. Omar Fayad, de Hidalgo, con un 49% iniciando en 43%; le sigue un gobernador del Acción Nacional, Carlos Joaquín, de Quintana Roo, con números muy cercanos, 49 de 43% electoral y este quintil lo cierra Alejandro Tello de Zacatecas, del PRI, con un muy buen 48%, arrancando de un 38%, diez puntitos de mejoría que van a hacer sufrir al clan Monreal por la gubernatura en 2021.

Los siguientes diez, es decir del lugar 16 al 25, tenemos tres gobernadores del PAN: en el lugar 16 al Gobernador de Baja California Sur, Carlos Mendoza con 48, superando los 44% de arranque, en el lugar 22 Diego Sinhue Rodríguez, de Guanajuato, con 44 arrancando con 49% y junto con Javier Corral en el lugar 23 que inicia con un 39% y se encuentra prácticamente igual en un 40% pero en ambos casos acumulan muchos negativos, para el de Guanajuato 50% y para Corral el 49% de negativos, esperamos un mayor susurro y rechifla de los Siervos de la Nación en Chihuahua en la próxima gira de AMLO.

Del PRI tenemos en este rango al gober Juan Manuel Carreras, de SLP, que ocupa el lugar 21, pero que tiene saldo positivo de 35 de inicio, hoy alcanza un 43% de positivos, le siguen del PRI Carlos Miguel Aysa, de Campeche, materialmente en tablas con 40% y en el lugar 25 Alfredo del Mazo, con un leve, pero muy importante crecimiento de un 33% resultado de la elección a un 39% de aprobación a septiembre y lo malo con negativos de cerca de 50%.

Nota: Los datos de referencia fueron publicados por El Financiero en septiembre 2019.

En este rango se encuentra Enrique Alfaro, de MC, que avanza de manera marginal de un 44 a un 47 de aceptación, a pesar de sus ajustes de tarifas al transporte necesarias, en los lugares 18 y 19 se encuentran los gobernadores de Veracruz y Chiapas del partido en el gobierno federal, a pesar de los golpes y desencantos que ha generado Cuitláhuac en Veracruz, se mantiene con buenos números logrando avanzar del 44 de la elección a un 47%, lo mismo en el caso de Escandón que logra un 46 pariendo de un 39% de la elección y en el lugar 20 la Jefa de Gobierno que se mantiene en tablas con un 46% de un 47 de la elección.

De los lugares 26 a 32 se encuentran dos gobernadores del PRI: Peralta de Colima y Astudillo de Guerrero ocupando el lugar 28, en donde el primero se mantiene tablas rondando el 38% de aceptación igual número que con el que inicia su gobierno y Astudillo bajando de un 40% a un 36% y acumulando un 52% de negativos.

De la coalición gobernante a nivel federal en el cabus del tren se encuentran Barbosa de Puebla y Blanco en Morelos, en ambos casos su aceptación se desploma, el primero con sus metidas de pata en el caso del accidente de la Gobernadora y su marido, que lo ubican en el 38% de aceptación bajando del 44% de la elección y Blanco que ya se quiere regresar a jugar fut bol, que del 52 inicial, hoy solamente el 35% lo avalan y en ambos casos acumulan negativos, alcanzando el 50% de rechazo.

Cerramos el conteo con Silvano Aureoles en Michoacán, único gobernador del PRD que sobrevive, que le tocó bailar con la más fea, la CENTE, filial de AMLO en campaña y gobierno, y a pesar de ello, todavía se mantiene en línea de flotación, con una aceptación del 30%, pero con cerca de 60% de negativos, el primer gobernador independiente, el Bronco que sigue bajando, con 74 de negativos y solamente con el 25% de apoyo, y el caso de Baja California, que en esta evaluación estaba todavía el panista Vega que cerró su administración solamente con el 19% de aprobación de los norcalifornianos y el escandaloso caso de la ampliación pos electoral del plazo de mandato de Jaime Bonilla, esperamos su evaluación.

Después de revisar estos números podemos entender que esto es una estrategia desesperada de AMLO y su equipo, que de acuerdo a estos datos la ventaja de la elección presidencial en las entidades federativas se esfuma por el trabajo de algunos gobernadores de oposición que están chambeando bien, muy preocupados deben de estar en la oficina de la presidencia, principalmente Alejandro Esquer Verdugo, particular del presidente y encargado de la agenda y Gabriel García Hernández coordinador de los programas sociales, al ver que sus afiliados a los programas no acompañan como en la Ciudades de México al compañero presidente y que las plazas estatales cada vez se les complican más al Comandante Supremo de la Cuarta T, tan es así, que ahora están adoptando el esquema de las mañaneras estatales en donde se reservan el derecho de admisión.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.