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Quirino entrega créditos para vivienda a maestros Destacado

14 Ene 2020
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  • Luego de 20 años, el magisterio estatal goza de nueva cuenta de esta prestación que estaba suspendida

 

Como lo había prometido a los maestros de la Sección 53 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), el gobernador Quirino Ordaz Coppel entregó 717 créditos del Programa de Vivienda del ISSSTEESIN, prestación que había estado suspendida desde hace 20 años por falta de recursos al fideicomiso de vivienda.

 

En compañía del secretario general de la Sección 53, José Fernando Sandoval Angulo, el mandatario estatal hizo entrega de esta primera remesa de créditos, que alcanzan hasta los 680 mil pesos de manera individual y que totalizan una derrama de 205 millones de pesos en su conjunto, los cuales los maestros beneficiarios los podrán utilizar para adquirir una vivienda, ampliación de la ya existente, construcción de casa en terreno propio, o para liquidar créditos hipotecarios con instituciones bancarias privadas.

 

“Yo quiero cumplirle a los maestros de Sinaloa porque esto es un acto de justicia”, señaló el gobernador Quirino Ordaz Coppel ante los beneficiarios que se dieron cita en el Salón 53.

 

En su mensaje, el mandatario recordó que así lo había prometido en el festejo del Día de Maestro, efectuado el pasado 15 de mayo, y una vez que se concretó el Reglamento para la ejecución del fideicomiso se pudo lanzar la convocatoria a los maestros interesados en un crédito de vivienda, pero adelantó que a mediados de este mismo año se hará una segunda entrega de créditos para abarcar a un mayor número de trabajadores de la educación.

 

“El 15 de mayo yo se los prometí y ahora ya es una realidad, pero con reglas claras, transparente, para que los créditos lleguen a quien en verdad los necesitan, sin favoritismos”, resaltó Ordaz Coppel.

 

Por ello, el gobernador destacó que ahora es un día histórico, pues los maestros estatales vuelven a tener la posibilidad de adquirir un crédito para vivienda luego de 20 años, pues aunque en el papel tenían el derecho en los hechos carecían de esta prestación.

 

A su vez, el líder sindical, José Fernando Sandoval Angulo, hizo un sentido reconocimiento al gobernador Quirino Ordaz Coppel, pues al reactivar el Programa de Vivienda hace historia en la vida gremial del magisterio, y se congratuló que esta prestación haya llegado para quedarse.

 

“Esta entrega consolida una legítima aspiración de nuestro gremio, y no fue fortuito ni coyuntural, sino es la decisión de nuestro amigo y aliado de los maestros, el gobernador Quirino Ordaz Coppel, quien determinó reactivar una prestación, de las 12 que marca la Ley de ISSSTEESIN, suspendida por más de 20 años por problemas financieros del instituto, priorizando el pago de pensiones a sus afiliados”, dijo.

 

Por su parte, el director general del ISSSTEESIN, Jesús Ernesto Delgado Valverde, explicó que el criterio de asignación de estos créditos fue transparente y enfocado a los trabajadores con menores salarios y mayor antigüedad laboral, quienes no tenían ninguna opción de contratar créditos hipotecarios con la banca comercial.

 

Detalló que de los 717 créditos entregados en esta primera remesa, 451 serán para la adquisición de vivienda, 136 para remodelación o ampliación de casa propia, 76 para construcción de vivienda en terreno propio de los acreditados y el resto los solicitaron para liquidar créditos hipotecarios vigentes con instituciones bancarias.

 

También acompañaron al gobernador Quirino Ordaz Coppel en la entrega de estos créditos de vivienda para el magisterio, el secretario de Administración y Finanzas, Carlos Ortega Carricarte; y el secretario de Educación Pública y Cultura, Juan Alfonso Mejía López.

 

 

Con información de: Comunicación Social del Gobierno del Estado de Sinaloa

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.