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Desde San Lázaro. La educación pública en entredicho. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

13 Nov 2025
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Desde San Lázaro. La educación pública en entredicho. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SEP_mx

En la comparecencia de Mario Delgado, secretario de Seguridad Pública, ante el Pleno del Senado con motivo del Primer Informe de Gobierno, volvió el relucir los temas sobre deserción escolar, carencia de recursos presupuestales para las escuelas, la prueba PISA, evaluación de los maestros y hasta las ligas que tuvo este funcionario cuando fue dirigente nacional de Morena con personajes señalados en diversas investigaciones sobre el huachicoleo fiscal.

De hecho, los mismos legisladores del oficialismo carecen de información real y verídica de lo que ocurre en las áreas sensibles del gobierno y que decir de la oposición, ya que, por ejemplo, sobre el ejercicio del presupuesto y otros temas sensibles, se carecen de esos datos sensibles   en virtud de que aquellos organismos que eran contrapesos del Poder Ejecutivo, como el INAI, desaparecieron y las funciones que tenían las borraron de un plumazo.

Por ello, lo que logran rescatar de información de peso en las comparecencias de los miembros del gabinete, les permite actualizarse, aunque esa información es totalmente insuficiente para evaluar la gestión de la presidenta Sheinbaum.

Los servidores públicos que acuden al Congreso, esgrimen un montón de diatribas que habla de una gestión perfecta y, por tanto, la autocrítica está totalmente descartada.

Así ocurrió con la comparecencia de Mario Delgado que fue acuerpado por sus correligionarios y aliados para sortear el encuentro con los senadores.

La presidenta del Senado de la República, Laura Itzel Castillo Juárez, señaló que los objetivos en materia educativa del gobierno son muy claros: cumplir con los preceptos constitucionales para que la educación sea gratuita y de calidad; aumentar la cobertura e incrementar las becas en todos los niveles escolares, pues todos los niños, niñas y adolescentes “deben de estar en la escuela, no en las calles”.

Puros buenos deseos, pero en la realidad hay una gestión que hunde a la juventud mexicana en la ignorancia y el retraso tecnológico.

El senador Luis Donaldo Colosio Riojas, de Movimiento Ciudadano, señaló que las evaluaciones educativas como PISA no deberían considerarse como una amenaza u obstáculo, y tampoco debería haber resistencia a estas pruebas, ya que esto sólo debilita el desempeño del sistema educativo y se renuncia a la responsabilidad pública al socavar la oportunidad de saber qué funciona y qué debe ser reemplazado, lo que impide que México compita con el resto del mundo a nivel educativo.

Rolando Rodrigo Zapata Bello, del PRI, refirió que la educación no se defiende con discursos sino con resultados verificables, y por eso es preciso decir que más de la mitad de las escuelas comunitarias no tienen agua, y una de cada tres no tienen electricidad, lo que hace que tomen clases en la calle, de ahí que es importante conocer cuál es la estrategia para reducir los planteles sin servicios básicos y evitar el rezago educativo.

La senadora María Guadalupe Murguía Gutiérrez, del PAN, afirmó que la educación pública atraviesa una de las etapas más complejas por las graves deficiencias en el aprendizaje que se reflejan en los bajos resultados de las muy pocas evaluaciones con las que se cuentan, además de que no se ha cumplido a los maestros con el compromiso que el gobierno hizo respecto a las nuevas reglas de ingreso, remoción y cambios de centros de trabajo.

Dijo Delgado que merced a las becas para los estudiantes se ha evitado la deserción escolar, sin embargo, las mismas cifras oficiales hablan de una tasa de abandono desde la pandemia de 11.6% de la matrícula.

El secretario refirió que se ha logrado beneficiar con la beca Rita Cetina a ocho millones 668 mil estudiantes, cuatro millones 64 mil con la beca Benito Juárez y 409 mil con Jóvenes Escribiendo el Futuro, y que el hecho de que se hayan aprobado en el Presupuesto de Egresos de 2026 más de 50 mil millones de pesos adicionales para becas permitirá que se beneficie a más de 20 millones de becarios.

Al tiempo de emitir otra promesa sobre que 2026 se erradicará el analfabetismo, fue cuestionado sobre si tiene alguna investigación abierta en Estados Unidos o si tiene vigente su visa, a lo que no emitió ninguna respuesta.

“No cabe duda que el cártel de Morena no para de barrer, pero con el dinero de los mexicanos”, acotó la senadora panista, Gina Campuzano, al tiempo de recordar las relaciones perniciosas de Delgado con Sergio Carmona, empresario asesinado y señalado en investigaciones sobre el huachicoleo fiscal.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.