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Como veo, doy. En reelección, Claudia Sheinbaum pone puntos sobre la íes. Por: Jorge Luis Galicia Palacios Destacado

08 Feb 2021
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  • En reelección, Claudia Sheinbaum pone puntos sobre la íes.
  • Alcaldes que buscan repetir en el cargo deben separarse del cargo mientras duran las campañas, propone. 

Si en materia sanitaria la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, marcó una clara diferencia con la estrategia coordinada por el subsecretario de salud del Gobierno federal, Hugo López-Gatell, respecto a la atención del tema Covid, ahora el gobierno capitalino se pone nuevamente a la vanguardia pero ahora en materia política y lo hace rumbo al proceso electoral de junio próximo, específicamente en cuanto al tema de las reelecciones.

No hay que olvidar que mientras el doctor López-Gatell una y otra vez ha desestimado el uso de cubrebocas y puesto en entredicho la eficacia de este implemento en el combate de la epidemia, para el Ejecutivo local este accesorio se volvió indispensable en la estrategia para contener el virus y además todos los días y todo el equipo de la administración citadina sigue recomendando evitar las tres “C” como protocolo relevante para disminuir contagios: Evitar concentraciones de personas; evitar lugares cerrados y evitar conversaciones sin sana distancia.

Ahora, en el tema político-electoral, Sheinbaum Pardo envía un oportuno mensaje a quienes desde un cargo público buscan reelegirse y llama a todos los alcaldes capitalinos que este año busquen la reelección a que se separen de sus cargos mientras participen en la contienda electoral. Agregó la mandataria que en el tema de la nueva figura de la reelección para los alcaldes eso es lo que ella sugiere, porque solo así se estaría garantizando “que no se utilicen recursos públicos en sus campañas” y dijo que esta sugerencia va para todos, independientemente del partido al que pertenezcan.

No hay que olvidar que, si bien es cierto que la figura reeleccionista, tanto para senadores, como para diputados federales y locales, así como para alcaldes, surgió con la reforma constitucional de 2014, es la hora en que las leyes secundarias de dicha modificación a nuestra carta magna no han salido del horno si es que en algún momento fueron consideradas para su cocción, por tanto desde esa fecha el hueco legal se ha cubierto con medidas producto de la improvisación o bien con reglas hechas a modo de los mismos legisladores que hoy buscan la repetir en el cargo.

Entonces lo que pide la responsable del gobierno capitalino no es una ocurrencia, no, pero lo que sí es se llama congruencia y en ese tenor no está mal su idea: “En particular, creo yo que quien esté al frente del Ejecutivo local es importante esta separación del cargo, para que estén en igualdad de circunstancias con otros candidatos", agregó.

Sheinbaum Pardo se refirió a las y los alcaldes de la Ciudad de México, es cierto, pero su mensaje debe llegar también a diputados federales y locales, y también a funcionarios, quienes desde sus curules u oficinas públicas hacen proselitismo para favorecer no solo a sus partidos sino para favorecer sus propias campañas en demerito de lo que llamamos democracia.

Que conste. Las reglas para junio de este año están cantadas y deben ser acatadas por todos los participantes aunque la letra no esté escrita.

VOY CON TODO.- Ejemplos de lo que se llama competencia en democracia empiezan a registrarse entre los aspirantes a algún cargo de elección, ahí está el caso del ahora ex titular del Instituto de Investigaciones Legislativas del Congreso de la CDMX, Alberto Vanegas Arenas, quien desde diciembre pasado se separó del cargo público para estar en condiciones de competir por la alcaldía de Tlalpan, allá por el rumbo del sur de la Ciudad de México. Él no busca reelección pero como cualquier ciudadano tiene una legitima aspiración y en esa misma idea deberían estar todos los hoy pre candidatos o candidatos que hace dos años fueron electos.

Ojalá que todos quienes aspiran a someterse nuevamente a la prueba de las urnas lo hicieran en igualdad de condiciones al resto de los contendientes, pues si bien es cierto que la reelección es un derecho también es cierto que las reglas son poco claras para volver a repetir en el cargo. Entonces si ya de por si hay una ventaja por el trabajo realizado durante dos años y medio, no es justo que aún así se pretenda la reelección desde algún cargo público. Al menos eso es lo que se escucha entre la ciudadanía y tal vez por eso la sugerencia de Claudia Sheinbaum de poner puntos sobre las íes a tan controvertido tema.

VA MI RESTO.- A fines del año pasado los diputados federales aprobaron sus propias reglas en cuanto a la reelección legislativa y sin la necesidad de separarse de la curul se autorizaron hacer campaña y legislar al mismo tiempo, es decir podrán seguir gozando no solo de la dieta económica que reciben por su cargo, sino que en su intento por reelegirse podrán seguir contando con el apoyo de personal y demás prestaciones que reciben, de ahí nuestra insistencia de que el mensaje de Claudia Sheinbaum también deba ser para diputados federales y locales, y hasta ahí porque como veo doy.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.