Uno, Joe Biden concentrado al cien por ciento en salvar las vidas de sus compatriotas; otro, en el cálculo electoral para ganar las elecciones intermedias; el norteamericano por el supremo interés de velar por la vida y la seguridad; el mexicano, por sacar adelante su proyecto personal.
Esa es la diferencia entre un estadista y un eterno candidato.
Todo listo y no hay vacunas. Después de la vertiginosa recuperación de un supuesto COVID, sigue el discurso falaz y electoral en torno a la aplicación de las vacunas. Con fuegos artificiales anunció el nefasto subsecretario de Salud que se habían aplicado en un día 3,706 dosis del antígeno, mientras que en Estados Unidos fueron 1 millón 800 mil y seguramente algunas de ellas fueron para mexicanos, quienes con desesperación buscaron en otras latitudes el antígeno que les podría salvar la vida.
Patético y criminal es el manejo electoral que le dan al registro de los adultos mayores en una base de datos digital mal hecha y rebasada.
Paralelo a ello, viene la llamada telefónica en donde palabras más o menos, mencionan que el señor presidente tuvo a bien disponer que fuera beneficiario de la inoculación milagrosa.
El tercer paso, será acudir al centro de vacunación respectivo en donde las brigadas de adoctrinamiento político los recibirán para recordarles que AMLO es el benefactor de tal benevolencia.
El dinero no es del presidente y las vacunas que se aplicarán algún día a los ancianos no tienen la autorización de la Organización Mundial de la Salud, ni de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y ni de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), pero eso que importa, mientras tenga la venia de López-Gatell, jefe del titular de la Cofepris.
El caso de México causa hilaridad y compasión en el extranjero. Se burlan con razón de la limitada y grotesca capacidad del gobierno en la vacunación y lástima por tanta muerte y contagio que se da entre los mexicanos y no porque sea una raza vulnerable al bicho, sino por la ineptitud de las autoridades en la consolidación de un sistema de salud y de suministro de vacunas.
Hasta el momento, le pese a quien le pese, siguen siendo vacunas patito las rusas.
No es por comparar, mientras que por un lado el presidente Biden tiene como prioridad salvar vidas mediante la aplicación masiva de vacunas a la población estadounidense, López Obrador mantiene sus prioridades en las elecciones y por ello aumenta los subsidios para los padrones políticos asistenciales y las tres obras insignia de su sexenio.
Casi dos millones de vacunas de Moderna y Pfizer en la Unión Americana en un día y en territorio nacional solo 3 mil, pero eso sí, ya funciona la plataforma digital de registro.
En otros sexenios, en las dos semanas de vacunación que se programaban al año se vacunaba a toda la población objetivo y ahora solo escuchamos argumentos falaces que pretenden tapar lo evidente, el uso faccioso y electorero en la aplicación de las vacunas.
Las decenas de mexicanos de la tercera edad que a diario vuelan a Estados Unidos en busca del antígeno que su gobierno no les pude dar para preservar su salud y su vida, representan la mayor vergüenza para el gobierno del presidente López Obrador, quien sigue pensando que este sector de la población lo volverá a apoyar en sus aspiraciones reeleccionistas.
El uso electoral de la aplicación de las vacunas es un búmeran que ya viene de regreso y pegara en la línea de flotación del proyecto político de Morena y del Presidente de México.
