A quien no le cayó como anillo al dedo el contagio de coronavirus del presidente Andrés Manuel López Obrador es a Olga Sánchez Cordero, la secretaria de Gobernación que sustituyó al mandatario en las conferencias de prensa mañaneras.
Precisamente en los días en que la titular de Gobernación llevaba a cabo esta encomienda, la Fiscalía General de la República detuvo en Acapulco al exgobernador de Puebla, Mario Marín, mejor conocido como el góber precioso, quien se encontraba prófugo desde abril de 2019. Ese año, la titular del Primer Tribunal Unitario Vigésimo Séptimo Circuito, María Elena Suárez, libró una orden de aprehensión en contra de Mario Marín por su presunta responsabilidad en el delito de tortura en agravio de la periodista Lydia Cacho.
El delito fue cometido en diciembre de 2005, cuando la periodista fue detenida en Quintana Roo y trasladada vía terrestre a Puebla. En ese momento, a Cacho se le acusó de los delitos de difamación y calumnias, tras la publicación de su libro “Los demonios del Edén”, y en el trayecto a Puebla fue torturada psicológicamente por los agentes que la trasladaron, quienes amagaban con abusar sexualmente de ella, de acuerdo con la versión que ha sostenido la periodista.
Tras la detención de Mario Marín, Lydia Cacho señaló contundente que la actual secretaria de Gobernación es “responsable de haber detenido la justicia durante 15 años para miles y miles de víctimas en México, y tiene una deuda con el país, una deuda moral y jurídica”. Además, agregó que “Olga Sánchez Cordero fue la ministra que nos traicionó”. Ella, dijo, “fue parte de una complicidad desde la Suprema Corte que impidió que casos similares fueran llevados ante la justicia y se convirtieran en precedentes jurídicos para México”.
Cuando este asunto estalló, la secretaria de Gobernación dejó de sentirse “cómoda” en las conferencias de prensa mañaneras, como lo había expresado en días anteriores. El tema le incomodó visiblemente y la sacó del balance que había mantenido.
La titular de la Segob también mintió cuando afirmó que Lydia Cacho no había pisado la cárcel en Puebla. La propia periodista aclaró en Twitter que sí estuvo en la cárcel en Puebla, y reprochó a la exministra que no hubiera pedido para ella un juicio justo en aquella ocasión, como ahora lo pide para Mario Marín.
A nadie más que a Sánchez Cordero le urgía el retorno del presidente a las mañaneras, no por lo que significa la recuperación del mandatario de una enfermedad que ha matado a más de 165 mil mexicanos desde marzo de 2020, sino porque así evitó su exposición a más preguntas sobre el tema de Lydia Cacho por parte de los pocos periodistas que asisten a Palacio Nacional todas las mañanas.
La detención de Mario Marín ocurrió en muy mal momento para la secretaria de Gobernación. El recuerdo de su actuación en la Corte para atender ese tema no le sienta bien, y seguramente requerirá que el presidente abogue por ella en público en alguna de las mañaneras, o que la Vocería de la Presidencia haga algo para minimizar lo mal parada que quedó después de las declaraciones de Lydia Cacho.
Para la secretaria de Gobernación, la reaparición del presidente en las mañaneras fue providencial. De hecho, esperaría que una vez librada de tener que encabezar las conferencias mañaneras, su participación como ministra en el caso de Lydia Cacho quede en el olvido.
El asunto de Mario Marín tiene tantas aristas y una de ellas pega en varios de sus excolaboradores, quienes por cierto ahora son miembros relevantes del gobierno de la 4T. Veremos en qué termina este otro ominoso asunto que quema a quien lo toque.
