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Conferencia tras banderas. Le abollan el poder a López Obrador. Por: Pepe Rocello Destacado

04 May 2021
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Semana de bajos para la actual administración en casi todos los temas, menos en la pandemia en donde al fin, después de año y medio y por los errores del otro López, alcanzamos casi la inocuidad de rebaño. Con el reporte confirmado por al IMSS donde señala que cerca del 33% o uno de cada tres personas de la población ha tenido contacto con el corona-bicho. Si se extrapolan las estimaciones del estudio del IMSS, resulta la posibilidad de que se hayan presentado ya 42.2 millones de contagios y esto explica el por qué somos la segunda nación con mayor número de muertos con cerca de medio millón, según datos oficiales del INEGI, muy por encima de las cifras del oficialismo de salud que reporta 217 mil para el día de ayer. Estamos casi seguros que no va a existir tercera ola en nuestro país, porque después de las vacaciones de semana mayor y los festejos del día del niño y madres llegaremos a los 60 millones de contagios, es decir la tan anhelada inmunidad de rebaño, lo malo es que fue sin darnos cuenta, bien por nosotros.

En lo electoral que decir, de los 15 que quería, solamente le quedan seis, seis seis y complicándose las otras, baste revisar que con Salgado, versión femenina, solamente alcanza a tener empate técnico con la coalición PRI-PRD y con la posibilidad de que la candidata del PAN decline o que se impulse el voto útil para frenar a Morena como el mal mayor para la elección de verano de este año. Pero estamos seguros que no es culpa de la candidata, toda la culpa la tiene el excandidato y ahora Senador.

Y que decir de su intentona de prolongar el mandato del presidente, por suerte de la Suprema Corte de Justicia, ups que susto.

Temas como la intentona golpista de la administración federal de agandallar a un gobernador, en donde no sabemos quién es el funcionario más malo de entre todos, si Gattel, Nieto, o Ebrard, después del residente de Palacio. Recordar que Marcelo E, emulando al agente 777, “a sus órdenes jefeeee” y misión cumplida o la gira de las súplicas, o Santiago N, burócrata de la UIF, erigido como juez sentenciando al Gober de Tamaulipas sin facultad, o López G hablando de la posibilidad de apertura con su señalización semafórica que ni los gober de MORENA entienden.

Lo que es un hecho es que el poder del actual presidente de la República, con minúsculas, porque ya le pegó y muy duro a la investidura presidencial, se ha visto acotado por la corte y el sistema judicial de nuestro país,  y  al parecer por el pueblo bueno y el no tan bueno, aun ante las embestidas del Ejecutivo con sus iniciativas que han impulsados sus serviles en la Cámara de Diputados y Senadores. Es prudente comentarles a los diputados que cuentan con un prestigio que debieron de haber cuidado y mantener límites a la necedad y que algunos si aceptaron el reto y votaron no por consigna y sí por conciencia, los menos todavía pero hay que decirlo.

Esto aleja, desde mi muy personal punto de vista la intentona de prolongar el mandato presidencial por la razón que quieran, y por lo que hemos visto de algunos órganos constitucionalmente autónomos, principalmente el INE y otros pocos que no han sido coptados por el Ejecutivo y del Poder Judicial, en donde por ser evidentemente inconstitucional la disposición del transitorio maldito del la reforma judicial para prolongar el mandato del ciudadano presidente, votarán en contra y menos para aceptar la prolongación del mandato del Ejecutivo.

El Presidente AMLO ha gobernado con principios ideológicos, nunca jurídicos y por lo mismo muy políticos, en donde podemos ver que su resistencia al uso del cubrebocas para que no lo identifiquen o asocien con los ladrones de película que siempre andan embozados, provocó que el contagio de todos los mexicanos se haya dado en tiempo récord, en esto si somos un ejemplo de los que no se debió de haber hecho pero que se hizo, ya que.

Sin embargo lo más importante es lo que se vislumbra como resultado del proceso electoral de junio de este año, en donde MORENA se perfila a ser la primera o segunda minoría en la LXV legislatura, muy lejos se ven los deseos de tener mayoría absoluta o sea ganar los 300 distritos uninominales, ni siquiera se ve posible los 250 para la mayoría simple, ni tampoco en coalición con los impresentables del PT-PVEM, a pesar de que el Verde tiene posibilidades en SLP, sorpresas.

Y lo más importante, que ninguna fuerza política se perfila para poder lograr la mayoría calificada que requiere para cambiar la Constitución, es decir el setenta por ciento de los diputados presentes, habiendo comprobado el quórum. Basta ver lo que pasó en la Comisión Permanente en donde MORENA y aliados no tienen mayoría calificada, y así parece ser el futuro de la legislatura que viene.

Si bien es cierto que el presidente tiene la facultad de veto, pero en los hechos, con esta composición en la Cámara de los Diputados, que se vislumbra, lo único que podrá hacer el Ejecutivo es quedarse congelado en las reformas de 2021, las que lograron salir, lo que frena la supuesta transformación, en lo legal, porque el presidente se va a ir por la libre, como siempre lo ha hecho.

Sin embargo, si persisten algunos bocheviques, Chavistas-Maduristas y Bolivarianos, maoistas, Sandinistas o Evistas de insistir en la posibilidad de construir la discursiva de la importancia del sempiterno líder, al estilo castrista o de Putin, sería prudente iniciar una colecta para poder tener en forma al Ypiranga por si lo tenemos que utilizar, “por si las flays”.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.