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Desde San Lázaro. Se aceleran las renuncias de las corcholatas. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

03 Feb 2023
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Desde San Lázaro. Se aceleran  las renuncias de las corcholatas. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/PartidoMorenaMx

A pesar de que se quisiera mantener en sus cargos públicos a Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, Claudia Sheinbaum y Ricardo Monreal hasta el mes de diciembre, es imposible mantener quietos a las huestes de Morena y a los simpatizantes de las corcholatas hasta esa fecha, y por otro, la línea entre la legalidad e ilegalidad en el manejo de los recursos públicos para la promoción personal o promoción disfrazada de “información institucional” es muy delgada y como están ahora las cosas, seguramente los opositores estarán pendientes de cualquier desliz para denunciarlos ante las instancias electorales correspondientes e incluso, ante los juzgados de lo penal.

Por ello, la propuesta del canciller Ebrard en torno a la separación del cargo de los aspirantes, sea  en el mes de julio, no es descabellada, sobre todo, porque el bloque opositor está construyendo los amarres necesarios con diferentes colectivos ciudadanos para llegar cohesionados al 2024, con un candidato único.

Otro factor relevante que empuja a que las corcholatas dimitan del cargo en julio, es  la elección del Estado de México en donde los mexiquenses acudirán a las urnas el 4 de junio para elegir al sucesor del gobernador Alfredo del Mazo y como están las cosas, será una mujer quien lo releve, léase Delfina Gómez o Alejandra del Moral.

Ya lo dijo Mario Delgado, mandamás de Morena, “antes del 2024, está el 23” y por ello, todos, incluyendo las tapas de los refrescos, deben avocarse a sumarse al proyecto de Delfina Gómez para que resulte ganadora, aunque como están las cosas; y no porque Del Moral sea una gran candidata, sino por la enorme cola de corrupción que arrastra la ex titular de la SEP, existen altas posibilidades de que Morena y rémoras, se queden con las ganas de sacar al PRI del gobierno de la entidad y con este resultado la ecuación del presidente seguramente se modificará rumbo al 2024.

Además de lo ya mencionado, hay que ver cómo marchan las cosas en el país y en el entorno internacional, principalmente en la relación bilateral con el gobierno de Joe Biden, entonces hay una serie de factores exógenos y endógenos que el presidente tendrá que sopesar para decidir en qué momento promover la renuncia de sus colaboradores.

La fotografía al día de hoy señala  que habrá una carrera parejera, entre solo dos corcholatas, Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum, aunque con los problemas que enfrenta la Jefa del Gobierno Capitalino, no sería raro que entrara a batear de emergente el titular de la Segob,  a quien lo ven como futuro senador de Morena y coordinador del grupo parlamentario,  para desde la cancha legislativa cuidar “la consolidación de la Cuarta Transformación”

Después de ir decantándose en función de los resultados de las encuestas de Morena, quedarán solo dos finalistas, en esta lógica habrá que ver contra quien se va a enfrentar Marcelo Ebrard, porque uno de esos dos puestos, es ya para él.

No se trata de las filias y fobias que cada quien podría tener  en cuanto el gusto o rechazo por cada corcholata, sino la evaluación de sus lealtades, capacidades, resultados, relaciones instituciones y personales, tanto en el país, como en el extranjero, además de que el presidente requiere gente de su entera confianza para cubrir otras posiciones, como la ya mencionada en el poder legislativo.

Con la pasarela de las corcholatas en las plenarias de Morena, PT y PVEM, arrancó el proceso interno de selección del candidato presidencial de los oficialistas y por el bien del proyecto político que representan, es deseable que el llamado a la unidad que hicieron todos los precandidatos, sea real y no solo de “dientes pa fuera”, aunque como lo mencionamos al inicio de esta columna, el fuego amigo y los golpes bajos prevalecerá hasta el día del destape.

Los tiempos ya se vinieron encima, cada uno de las corcholatas, se encuentran en proceso de cierre de su gestión, no obstante que unos, pueden quedarse en el cargo hasta fin de año, pero, otros, tendrán que hacerlo en el segundo semestre del año.

Hay que observar, estimado lector, cuáles son los pendientes que tienen Sheinbaum, Monreal, López y Ebrard, en función de las instrucciones que les ha dado el presidente y medir el grado de avance de ellas, para medir la eficacia de cada uno.

Hay que contrastar como está la gobernanza y los grandes pendientes en la capital del país, contra el combate a la inseguridad pública y la gobernabilidad en todo el territorio nacional.

Ponderar en qué lugar está México situado en el entorno internacional, principalmente en la relación con nuestros vecinos del norte.

Medir como avanza la agenda legislativa del presidente en el Congreso y también evaluar los resultados.

Esta tarea la hace el presidente López Obrador todos los días y por el humor que tiene en las mañaneras, las cosas, no presentan un saldo favorable.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.