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Desde San Lázaro. Delfina y Del Moral, de pronóstico reservado. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

07 Feb 2023
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Desde San Lázaro. Delfina y Del Moral,  de pronóstico reservado. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/ElFinanciero_Mx

A cuatro meses de la elección en el Estado de México, se observa que los dos candidatas que aspiran relevar a Alfredo del Mazo, mantienen estrategias similares para granjearse la simpatía de los votantes, ya que si bien cierto  que  el marco legal electoral no permite entrar de lleno a la campaña política, la verdad es que las dos veladamente  llevan a cabo  “un trabajo de campo” con contacto directo con  las bases de su militancia y simpatizantes, para de allí, extenderlo hacia los mexiquenses en edad de votar.

La responsabilidad que ostentan sobre sus hombros es de tal envergadura que quien cargue con la derrota, sin duda pasará a la historia como uno de los mayores fracasos de los proyectos que encabezan, ya que tanto  Delfina Gómez como Alejandra del Moral representan a dos bloques que se juegan mucho hacia el futuro.

El peso del fracaso las acompañará por el resto de sus vidas.

Si bien es cierto que el resultado de los comicios mexiquenses no necesariamente impactará en el resultado de la elección presidencial, la realidad es que, quien obtenga la victoria, estará creando una bola de nieve que crecerá conforme avance el tiempo para avasallar todo lo que encuentre a su paso.

La “maestra Delfina” pretende quitarle su principal bastión al PRI, quien siempre ha gobernado al Estado de México, y para ello cuenta con el apoyo incondicional del presidente López Obrador, quien no escatimará ningún esfuerzo o recurso para garantizar que la coalición conformada por Morena, PVEM y PT triunfen el próximo 4 de junio.

En contraparte,  a Alejandra del Moral le respalda el grupo político priista más fuerte del país, así como un buen número de empresarios que están dispuesto a “meterle todo el billete necesario” para que el Revolucionario Institucional mantenga el poder en el Estado, además es apoyada por el PAN, PRD y lo que queda de Nueva Alianza, que ya no está vinculado al SNTE.

Para muchos, el quid del asunto está en el papel que jugará el gobernador, sin embargo, aun con la presunción de que fuera a traicionar a su partido político y a su candidato, los simpatizantes mexiquenses de gran peso político y económico no dejarán sola a la abanderada priista.

Va un dato, en las elecciones intermedias del 2021, en el Estado de México, el PRI y sus aliados recuperaron una buena parte de los 125 municipios y ganaron la mayoría simple en el Congreso electoral, esta victoria se alcanzó sin el apoyo de Alfredo del Mazo, quien fue omiso en el “suministro económico” a sus correligionarios.

Es decir, los candidatos tricolores que ganaron, lo hicieron por méritos propios y no por la gracia  del mandatario estatal y menos por la dirigencia del PRI nacional y estatal.

Tras los comicios del 2021, Morena y sus aliados pasaron de gobernar 57 a 30 municipios, mientras que la coalición conformada por el PRI, PAN y PRD ganaron en 70 ayuntamientos, luego de que tenía, 53; el partido Verde ganó en seis demarcaciones y Movimiento Ciudadano en 6.

El resto de los municipios lo gobiernan; Fuerza por México, Encuentro Solidario y Redes Sociales.

Aún con estos resultados, Morena sigue siendo la primera fuerza a pesar de las dolorosas derrotas que sufrió, ya que gobierna los municipios más poblados como Ecatepec, Nezahualcóyotl, Texcoco, Chalco, Valle de Bravo e Ixtapan de la Sal, entre otros.

En estos momentos de las precampañas, Delfina Gómez ha sido muy respetuosa con el mandatario estatal, a tal grado de que no lo atacado, al contrario se muestra respetuosa, empero esta línea discursiva, se romperá en cualquier momento para abanderar el malestar que existe entre la mayoría de los mexiquenses contra Del Mazo.

Por su parte, Alejandra del Moral  no romperá con su mentor, pero,  tiene que construir propuestas para abatir los enormes  rezagos que tiene la entidad con el padrón más elevado del territorio nacional.

El Estado de México será gobernado por una mujer y eso ya suyo es un logro significativo y si le sumamos que podría perder el PRI, estaríamos ante dos hechos inéditos.

Medir las fortalezas y debilidades de ambas, es hasta ocioso, en virtud de que su triunfo o derrota se escribirá en función de la efectividad de los apoyos recibidos por las poderosas fuerzas que las respaldan.

Desde luego, el voto que va a definir la elección es el de la sociedad, de esos mexiquenses que han vivido en carne propia las actuaciones de las autoridades de los tres niveles de gobierno, es decir, desde la gestión del presidente de la República, pasando por la del gobernador y terminando con los presidentes municipales.

En estos momentos, la moneda está en aire, a pesar del triunfalismo de la maestra Delfina y así seguirá hasta el día de la elección,  de no ocurrir grandes imponderables.

El resultado de esta elección, también incidirá sobre el nombre del candidato presidencial de Morena… Al tiempo.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.