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Trabaja Mesa de Seguridad Turística en fortalecer gratas experiencias para turistas, visitantes y locales: Mara Lezama Destacado

06 Ago 2025
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Trabaja Mesa de Seguridad Turística en fortalecer gratas experiencias para turistas, visitantes y locales: Mara Lezama Imagen tomada de: https://qroo.gob.mx/
  • Se presentan dos nuevas propuestas: la Matriz de Riesgos de Quintana Roo y el Protocolo General de Atención a Turistas en Situaciones de Emergencia 

Dos propuestas clave para reafirmar el liderazgo turístico mundial destacó la gobernadora Mara Lezama Espinosa durante la Segunda Sesión Ordinaria de la Mesa de Seguridad Turística del Estado de Quintana Roo: la Matriz de Riesgos de Quintana Roo y el Protocolo General de Atención a Turistas en Situaciones de Emergencia.

Ambas propuestas se dieron a conocer en esta Mesa de Seguridad Turística en la que participaron representantes de 11 instituciones clave del ámbito turístico, de seguridad y salud, que tienen el compromiso con el bienestar de quienes visitan el Caribe Mexicano.

Mara Lezama dio a conocer que con la Matriz de Riesgos de Quintana Roo permitirá identificar aquellos cuya prevención nos hará menos vulnerables, priorizando la mitigación de aquellos con nivel inaceptable.

El Protocolo General de Atención a Turistas en Situaciones de Emergencia será indispensable para enfrentar contingencias más allá de los ciclones, amenaza para la cual Quintana Roo ya cuenta con una sólida cultura de prevención, siempre priorizando la seguridad de los visiantes y la población local.

La gobernadora Mara Lezama destacó que la seguridad turística es un pilar central del nuevo modelo de desarrollo turístico de Quintana Roo, alineado con los principios del Código Internacional para la Protección de los Turistas de ONU Turismo, al cual el estado se ha adherido recientemente.

“En Quintana Roo trabajamos todos los días para garantizar que quienes nos visitan lo hagan con la tranquilidad de saber que están en un destino seguro, coordinado y preparado para atender cualquier situación, porque el turismo no solo es nuestra principal actividad económica, sino una ventana de hospitalidad al mundo”, añadió la titular del Ejecutivo.

Las instituciones participantes —SEGOB, SEDETUR, SSC, SESA, CPTQ, COEPROC, IMOVEQROO, FGE, la Comisión de Turismo del Congreso del Estado y la Oficina de la Gobernadora— refrendaron su compromiso de trabajar de manera interinstitucional y coordinada para garantizar la seguridad y protección de los turistas, fortaleciendo así la percepción de confianza en los destinos del Caribe Mexicano.

Además de la gobernadora Mara Lezama, participaron el jefe de la Oficina de la Gobernadora, José de la Peña Ruiz de Chávez; la secretaria de Gobierno, Cristina Torres Gómez; el secretario de Turismo, Bernardo Cueto Riestra; el secretario de Seguridad Ciudadana, Julio César Gomez Torres; el director del Consejo de Promoción Turística, Andrés Martínez Reynoso; el director general de Protección Civil, Guillermo Núñez Leal; el director del IMOVEQROO, Rafael Hernández Kotasek; la diputada Euterpe Gutiérrez Valasis, presidenta de la Comisión de Turismo y Asuntos Internacionales del Congreso del Estado; el representante de Migración, Carlos Manuel Bandala González; el Comandante de la 34 Zona Militar, General Fidel Mondragón Rivero; el Coordinador de la Guardia Nacional, General José Luis Martínez Rojas; la encargada de la Zona Libre del Caribe Mexicano de la PROFECO, Diana Liliel Vargas Burgos, entre otros.

 

Con Información de: https://qroo.gob.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.