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Desde San Lázaro. Rompimiento a la vista. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

18 Ago 2025
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Desde San Lázaro. Rompimiento a la vista. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/adan_augusto

Conforme pasan los días, la presidenta Sheinbaum encuentra cada vez más “cadáveres” debajo de las alfombras dejados por su antecesor, al tiempo de resistir el vendaval que sopla desde la Casa Blanca en Washington, lo que la obliga, tarde que temprano, al rompimiento con su mentor, toda vez que tiene que encubrir a todos esos malos funcionarios que traicionaron la causa al establecer complicidades con el crimen organizado

Como se aprecia, se le está acabando el tiempo a la presidenta en el tema de mantener intocable su relación con AMLO, porque necesariamente tiene que proceder contra aquellos funcionarios que tuvieron o tienen una franca connivencia con los capos de la droga y que se mantienen en sus cargos por la protección del tabasqueño.

En esta ecuación están varios gobernadores y legisladores que entre que cuidan de no viajar a Estados Unidos y de la Caja de Pandora que se abrió con las declaraciones de los testigos protegidos (Léase la Chapiza y el Mayo Zambada), viven en un estado de incertidumbre y zozobra que, como un cáncer maligno, ya hizo metástasis en el  gobierno de la 4T.

El legado de la primera mujer presidenta de México pasa necesariamente por la fractura de la relación con su mentor, ya que de no hacerlo, su gestión será peor que la de AMLO y eso ya son palabras mayores.

En la víspera del arranque del segundo periodo de sesiones del Congreso se avizoran cambios en las posiciones de liderazgo de los grupos parlamentarios de Morena, lo que significa que tanto Adán Augusto López como Ricardo Monreal deberán resistir el fuego amigo  de sus propios correligionarios para mantenerse en sus cargos, sobre todo el primero, quien  ante las graves acusaciones que pesan en su contra, tanto por haber tenido un comportamiento laxo (por decirlo de manera elegante) con Hernán Bermúdez, su Secretario de Seguridad Pública cuando fue gobernador de Tabasco, así como con los señalamientos desde Washington  en torno a actividades ilícitas, debe de buscar una salida digna antes de que se lo aplaste  la bota del imperialismo yanqui.

Lo que es un hecho, es   que desde Palacio Nacional, ya no se le tiene la confianza para comandar la bancada de Morena en el Senado y ello, de suyo ha provocado una insurrección entre los senadores morenistas que desean un cambio de fusible para evitar que continúe el resquebrajamiento de su imagen ante la opinión pública.

Tanto Adán Augusto como el mismo Gerardo Fernández Noroña (que deja la presidencia del Senado a finales de agosto) han deteriorado la imagen del oficialismo en el Senado, al tiempo de mostrar vulnerable el proyecto político de la 4T en virtud de que ha crecido el rechazo de la ciudadanía ante esta franquicia política, no obstante las cifras alegres que muestran algunas casas encuestadoras.

La presidenta de la República está buscando alternativas de dirección, sobre todo en la Cámara Alta porque mantener a Adán Augusto como pastor del rebaño, ya representa cargar con un fuerte pasivo para el grupo en el poder.

El contexto político que se vive en el oficialismo  a unos días de cumplir un año la actual administración, es muy complicado por los problemas que se viven a su interior y si a ello le agregamos que cada día que pasa sube la presión del presidente Donald Trump a su contraparte mexicana, pues se avizoran tiempos aciagos.

La mayoría de los principales colaboradores de la doctora Sheinbaum fueron impuestos por Andrés Manuel López Obrador y muchos de ellos no solo no están a la altura de las circunstancias, sino que se han convertido en un auténtico dolor de muelas para la Jefa del Ejecutivo Federal, a tal grado que varios de ellos, están en la lista de personas non gratas para el gobierno norteamericano, como es el caso, precisamente de Adán Augusto López Hernández.

Seguramente, le inventarán un nuevo encargo al anunciar su dimisión como coordinador parlamentario, aunque en una de esas, tan solo quedará con la casaca de senador y en espera, si se complican más las cosas con la Casa Blanca, de aventurar un juicio de procedencia para desaforarlo.

Ricardo Monreal no las tiene tampoco todas consigo,  luego de las relevaciones sobre sus viajes al viejo mundo en donde se dio vida de rey en compañía de sus familiares. El llamado que hiciera la presidenta Sheinbaum de exigir a los funcionarios de alto nivel del oficialismo que vivan en la justa medianía, se lo han pasado por el arco del triunfo varios de sus correligionarios y hasta Andy, el hijo pródigo del nepotismo.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.