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Desde San Lázaro. El desabasto y las rutas de salud. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

21 Ago 2025
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Desde San Lázaro. El desabasto y las rutas de salud. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

Será el sereno, pero a casi de un año de la gestión de la presidenta Sheinbaum, todavía prevalece el desabasto de medicamentos, no obstante que, recién arrancado el actual sexenio, prometieron que en unos meses estaría resuelto el problema que ha afectado a los más vulnerables como son los niños con cáncer y otros pacientes con enfermedades mórbidas, bueno ahora se anuncia con bombo y platillo el programa denominado Rutas de la Salud que abastecerán 15 millones de medicamentos e insumos a 8 mil unidades médicas del IMSS Bienestar.

Ojalá que ahora si se cumpla con la promesa abastecer los fármacos para la derechohabiencia del IMSS, del ISSSTE y  por supuesto a la población abierta que de acuerdo al Inegi, más del 45%  de  los mexicanos carecen del apoyo del Estado en materia de salud.

Hace dos semanas se realizó una manifestación en la capital del país, organizada por la asociación civil Nariz Roja que preside Alejandro Barbosa y que atiende a niños con cáncer, para demandar los medicamentos necesarios para atenderlos de este mal, sin embargo,  la respuesta de la presidenta a este reclamo fue el desdén y la burla, ya que en lugar de ser empática con la población infantil afectada, se dedicó a denostar la protesta porque  “la encabezó Margarita Zavala”, cuando ella y otros políticos marcharon con los contingentes en franca solidaridad.

“La presidenta Sheinbaum quiere desviar la atención de la marcha con la asistencia de Margarita Zavala. Si nos demuestra que la diputada encabezaba la marcha como mencionó, cerramos la asociación y pedimos disculpas públicas, pero si ella mintió que acepte el desabasto y se disculpe con todos los participantes entre ellos niños con cáncer y sus familias, ya basta de politiquerías y que busquen como no aceptar sus errores y su irresponsabilidad”, escribió Nariz Roja en su cuenta de X.

Mientras no se reconozca el problema de desabasto de medicamentos en toda  su magnitud, no habrá poder humano que sirva para resolverlo.

Hay que recordar que la austeridad franciscana impuesta por AMLO afectó a todo el sector salud, a grado tal que en muchas clínicas públicas y hospitales  no había ni aspirinas y menos el personal médico suficiente para atender a los pacientes.

El problema sigue vigente en el actual gobierno, ya que el sector salud en su conjunto se vio afectado por una reducción del presupuesto para este año, del orden del 12.2 por ciento y lo más grave es que la demanda de la población ha aumentado y no solo por el crecimiento demográfico, sino porque existen enfermedades que tienen niveles de epidemia como la diabetes, hipertensión y por supuesto el cáncer, tan solo por citar algunos de los padecimientos que aquejan a los mexicanos.

Las llamadas enfermedades de la pobreza como la desnutrición, se mantienen en aumento ante el silencio de las autoridades.

Vamos de fracaso en fracaso en materia de salud y no solo hablamos de la desaparición del Seguro Popular para dar paso al Insabi que solo sirvió para dos cosas, para quebrar el sistema de salud para la población y para enriquecer a los funcionarios que lo encabezaron; sino de las ocurrencias de AMLO como la Megafarmacia o su criminal mentira más pronunciada relativa a este sector; “tendremos un sistema de salud como Dinamarca o mejor”.

Ufana, presumió la Jefa del Ejecutivo Federal en la presentación de las Rutas de Salud que  “A partir de hoy entra este nuevo proceso de distribución de medicamentos que cubrirá a todas las clínicas y hospitales del país y con ello se abatirá el desabasto de medicamentos e insumos”.

Veremos, dijo un ciego, sin ahora si le atinan, porque la solución parece más una suerte de ruleta para encontrar la solución, que medidas inteligentes diseñadas para resolver este problema que se agudizó con los gobiernos de la 4T.

Presumen de que varios millones de mexicanos ya no son pobres, merced a los datos del Inegi, que apenas está aprendiendo como evaluar la pobreza, ya que está función era del Coneval, que por cierto,  desaparecieron por su postura incomoda al gobierno por tener la criminal actitud de señalar la verdad.  

En las próximas semanas sabremos que tanto coadyuvan las rutas de salud para resolver el desabasto, lo que estamos seguro, es que cualquier programa de gobierno que no es apoyado con el presupuesto etiquetado correspondiente, es tan solo demagogia y por lo que se aprecia en los criterios del Paquete Económico para el próximo año, serán migajas los aumentos que se plantean para el sector salud.

El tema está politizado y estigmatizado desde el poder, así que, por desgracia, no se cristalizarán  los resultados tan ansiados por todos en materia de desabasto de medicamentos.

Pensamos que la presidenta iba a ser diferente a su antecesor en este tema, pero ya vimos que es una versión recargada del tabasqueño.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.