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Desde San Lázaro. PRI, crónica de una extinción anunciada. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

28 Ago 2025
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Desde San Lázaro. PRI, crónica de una extinción anunciada. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/alitomorenoc

Mientras que el oficialismo le mide el agua a los camotes para ver que tanto conviene desaforar a Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, para no victimizarlo y darle pretextos para que en Estados Unidos  se auto declare  un perseguido político; en el senado, el tricolor se ha convertido en la cuarta fuerza política detrás de Morena, PAN y PVEM lo que implica necesariamente que va que vuela rumbo a la pérdida de sus prerrogativas en los comicios de 2027.

Resulta que las malas artes de Adán Augusto López se aplicaron para convencer al senador priista, Néstor Camarillo, de abandonar las filas del tricolor  para dejarlos con 13 senadores y con ello perder la posibilidad de ocupar una de las vicepresidencias de la Cámara Alta, con este golpe bajo y con las mayorías artificiales que alcanzaron Morena, PVEM y PT en el Congreso federal, el Revolucionario Institucional, pierde una posición de dirección  que por derecho le corresponde.

El asunto no es menor si se considera que por la razón que sea, el PRI tiene que cargar con una loza muy pesada y que lleva el sobrenombre de Alito, personaje que ha causado la crisis de extinción de su partido, merced a las derrotas electorales que ha obtenido desde que fue nombrado presidente de esa franquicia y que no ha querido soltar el hueso ante la pasividad y cobardía  de la mayoría de sus correligionarios.

En momentos que se requiere una posición fuerte y articulada, ocurre que en uno de los partidos políticos que conforman el bloque opositor padece de un cáncer que ya hizo metástasis para provocar su inminente muerte.

Por ello, Morena se regodea ante el fracaso de sus adversarios políticos, quienes, por un lado tienen que cuidarse de la grilla interna y por otro, de la madrina que les está poniendo el oficialismo.

Triste la debacle del PRI, pero comprensible por permitir que un oscuro, corrupto e inepto político, se haya apoderado de los huesos del dinosaurio.

Desde luego, todavía va a gozar de algunas migajas del poder con el presupuesto asignado para el próximo año, pero estos recursos son poca cosa para apuntalar a sus candidatos con miras a la elección intermedia en donde estarán en juego 17 gubernaturas y la Cámara de Diputados federal, entre otros cargos estatales y municipales.

Nunca se entendió la falta de tamaños de la militancia tricolor ante la montaña de fracasos de Alito en todas las elecciones en las que participó, tanto a nivel federal como estatal. Fue una larga fila de derrotas que ni siquiera sus peores dirigentes tuvieron.

El PRI tiene ante sí el destino que construyó Alejandro Moreno y su camarilla y  que,  serán testigos en el 2027 de la pérdida de su registro a nivel nacional y tan solo tendrá presencia marginal en algunas entidades del país.   

Conforme a una de las encuestas más recientes elaboradas por esta casa editorial, el PRI carga con el 90% del rechazo de la ciudadanía, lo que implica que es imposible que pueda revertir ésta situación con los escasos políticos que tiene y que casi todos no tienen mérito alguno salvo ser incondicionales  de Alito.

Qué tiempos aquellos de los tricolores cuando tenían todos los escaños de mayoría en el Senado, es decir 64, a contar en la actualidad tan solo con 13 y no dude estimado lector que conforme pase el tiempo esta cifra se reducirá con el abandono de más senadores que, por decirlo de forma elegante, ya que no aguantan a Alejandro Moreno y sus dotes de dictadorzuelo.

Se habla de que para la elección intermedia, el PAN y el PRI volverán coaligarse y estar en condiciones de dar pelea,  sin embargo esta idea la repudian muchos panistas de cepa que han calificado esta amasiato como un retroceso muy costoso para su causa y que , por lo tanto, hay que andar solos que mal acompañados.

Si a todo este escenario de extinción del Revolucionario Institucional, le agregamos la reforma electoral que se cocina en Palacio Nacional, pues sus problemas se agudizan porque perderán la posibilidad de tener representantes en el Congreso con plurinominales, además de reducir el presupuesto asignado a casi nada.

Muchos priistas están considerando portar otra casaca política y con ella buscar candidaturas para pelear los cargos de representación popular que estarán en juego en el 2027, por ello buscan a Morena,  MC o incluso al PVEM y por supuesto también a los  nuevos partido políticos en donde solo dos agrupaciones podrán conseguir el registro:  SOMOSMX, movimiento surgido de la llamada Marea Rosa y Construyendo Solidaridad y Paz (CSP), la similitud con las siglas del nombre de la presidenta, no es una coincidencia.  

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.