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Desde San Lázaro. Se va el troglodita. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

29 Ago 2025
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Desde San Lázaro. Se va el troglodita. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/senadomexicano

Qué necesidad, como decía el genio de Juárez, de tratar de defender a Gerardo Fernández Noroña por parte de la presidenta de México cuando el rechazo de grandes sectores de la sociedad es mayúsculo, al igual que contra otros personajes que demeritan a la 4T como Adán Augusto, entre otros tantos.

Con tal de no darle motivos a la oposición de atacar al oficialismo, desde las mañaneras se  protege y encubre a ciertos innombrables como el mismo Noroña, al igual que,  incluso a gobernadores como el  de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien ostenta esa posición gracias al apoyo del Cártel de Sinaloa.

El zafarrancho que ocurrió en la última sesión de la Permanente entre Noroña-Alito, dibuja de cuerpo entero a un troglodita de la política y no me refiero a Alejandro Moreno que también se pinta solo en eso de los escándalos, sino al que, por fortuna,  ha dejado  la presidencia del Senado y ello de suyo, es un respiro para la política y para la convivencia pacífica que debe prevalecer en la clase gobernante y sus opositores.

El desencuentro entre ambos senadores, fue solo la gota que derramó el vaso por la intransigencia de Noroña al impedir que miembros de la oposición tomarán la palabra, luego de que los senadores del oficialismo se fueran contra Lilly Téllez, quien un día y otro también,  es receptora  de la violencia política de genero a manos de Noroña y de todos los  narcochairos como les dice ella.

El paso de Gerardo Fernández por la presidencia de la Cámara Alta fue una fórmula perdedora para la presidenta Sheinbaum, toda vez que lejos de aportar para la causa de la 4T, sacó a relucir todas las bajezas de un ser humano ruin, mentiroso y perverso.

Si ya traía consigo diversas consignas en su contra, ahora habría que agregar la de corrupto por el patrimonio mal habido  que forjó en los últimos meses y cuyo epítome es una mansión en Tepoztlán que costó 12 millones de pesos y que fue comprada, a decir del troglodita, a crédito, empero no mostró ninguna prueba que lo demostrara.

El caso no es menor si consideramos que a escasos meses de ser senador adquirió el inmueble, cuando su sueldo y sus “extras como youtuber”, no le alcanza para fondear el nivel de vida que tiene y presume y menos para hacerse de una propiedad con esas características.

Hasta hace unos  años se jactaba de no poseer casa propia y ahora ostenta una residencia que, para el grueso de la población, sería imposible obtener.

El pueblo bueno y sabio, no tiene posibilidades en esta vida ni en varias más  de acceder a los privilegios que ostenta la casta privilegiada de la 4T

Hay que decirlo con todas sus letras, la irrupción de la nueva clase gobernante ha demeritado el trabajo parlamentario y en general ha desacreditado aún más a la política con todo tipo de exabruptos que instituyó desde las mañaneras López Obrador y ahora le sigue los pasos su sucesora.

Cuando se requiere un estadista al frente del gobierno, ocurre que tenemos justamente lo contrario.

En momentos que se requiere privilegiar la unidad nacional ante los embates de Donald Trump, desde Palacio Nacional se dinamita esta con descalificaciones incluso personales que contrastan con los llamados de cierre de filas contra los “enemigos del extranjero”.

Son tantos los problemas que  heredó el tabasqueño a la doctora y en lugar de avocarse al tope de las capacidades para resolverlos, se pierde buena parte del tiempo en la defensa de impresentables como Noroña o de ciertos personajes del oficialismo que nos los protege ni su jefecita.

No me quiero imaginar cuando en el futuro, se concrete la persecución por parte de Estados Unidos con la extracción de narcoterroristas mexicanos y sus cómplices incrustados en el gobierno, tal vez por eso, como primer paso de su defensa se repite hasta el cansancio la frase de que  “si hay pruebas que las presenten ante la FGR”.

Se ha ido un troglodita de los puestos de dirección del senado y llega Laura Itztel Castillo que contrastada con Noroña, es un personaje reconocido por su trayectoria y por supuesto por la de su padre, el ingeniero Heberto Castillo.

Alienta que una mujer ocupe la presidencia del Senado y más alguien como Itzel quien convive políticamente con representantes de la oposición y ello, en estos tiempos ya es ganancia.

En cualquier proyecto político, su fortaleza va en proporción directa a la de sus integrantes y en caso de Noroña, ha debilitado al grupo en el poder y le pega en la línea de flotación a su permanencia en el futuro.

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.