Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Se va el troglodita. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

29 Ago 2025
195 veces
Desde San Lázaro. Se va el troglodita. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/senadomexicano

Qué necesidad, como decía el genio de Juárez, de tratar de defender a Gerardo Fernández Noroña por parte de la presidenta de México cuando el rechazo de grandes sectores de la sociedad es mayúsculo, al igual que contra otros personajes que demeritan a la 4T como Adán Augusto, entre otros tantos.

Con tal de no darle motivos a la oposición de atacar al oficialismo, desde las mañaneras se  protege y encubre a ciertos innombrables como el mismo Noroña, al igual que,  incluso a gobernadores como el  de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien ostenta esa posición gracias al apoyo del Cártel de Sinaloa.

El zafarrancho que ocurrió en la última sesión de la Permanente entre Noroña-Alito, dibuja de cuerpo entero a un troglodita de la política y no me refiero a Alejandro Moreno que también se pinta solo en eso de los escándalos, sino al que, por fortuna,  ha dejado  la presidencia del Senado y ello de suyo, es un respiro para la política y para la convivencia pacífica que debe prevalecer en la clase gobernante y sus opositores.

El desencuentro entre ambos senadores, fue solo la gota que derramó el vaso por la intransigencia de Noroña al impedir que miembros de la oposición tomarán la palabra, luego de que los senadores del oficialismo se fueran contra Lilly Téllez, quien un día y otro también,  es receptora  de la violencia política de genero a manos de Noroña y de todos los  narcochairos como les dice ella.

El paso de Gerardo Fernández por la presidencia de la Cámara Alta fue una fórmula perdedora para la presidenta Sheinbaum, toda vez que lejos de aportar para la causa de la 4T, sacó a relucir todas las bajezas de un ser humano ruin, mentiroso y perverso.

Si ya traía consigo diversas consignas en su contra, ahora habría que agregar la de corrupto por el patrimonio mal habido  que forjó en los últimos meses y cuyo epítome es una mansión en Tepoztlán que costó 12 millones de pesos y que fue comprada, a decir del troglodita, a crédito, empero no mostró ninguna prueba que lo demostrara.

El caso no es menor si consideramos que a escasos meses de ser senador adquirió el inmueble, cuando su sueldo y sus “extras como youtuber”, no le alcanza para fondear el nivel de vida que tiene y presume y menos para hacerse de una propiedad con esas características.

Hasta hace unos  años se jactaba de no poseer casa propia y ahora ostenta una residencia que, para el grueso de la población, sería imposible obtener.

El pueblo bueno y sabio, no tiene posibilidades en esta vida ni en varias más  de acceder a los privilegios que ostenta la casta privilegiada de la 4T

Hay que decirlo con todas sus letras, la irrupción de la nueva clase gobernante ha demeritado el trabajo parlamentario y en general ha desacreditado aún más a la política con todo tipo de exabruptos que instituyó desde las mañaneras López Obrador y ahora le sigue los pasos su sucesora.

Cuando se requiere un estadista al frente del gobierno, ocurre que tenemos justamente lo contrario.

En momentos que se requiere privilegiar la unidad nacional ante los embates de Donald Trump, desde Palacio Nacional se dinamita esta con descalificaciones incluso personales que contrastan con los llamados de cierre de filas contra los “enemigos del extranjero”.

Son tantos los problemas que  heredó el tabasqueño a la doctora y en lugar de avocarse al tope de las capacidades para resolverlos, se pierde buena parte del tiempo en la defensa de impresentables como Noroña o de ciertos personajes del oficialismo que nos los protege ni su jefecita.

No me quiero imaginar cuando en el futuro, se concrete la persecución por parte de Estados Unidos con la extracción de narcoterroristas mexicanos y sus cómplices incrustados en el gobierno, tal vez por eso, como primer paso de su defensa se repite hasta el cansancio la frase de que  “si hay pruebas que las presenten ante la FGR”.

Se ha ido un troglodita de los puestos de dirección del senado y llega Laura Itztel Castillo que contrastada con Noroña, es un personaje reconocido por su trayectoria y por supuesto por la de su padre, el ingeniero Heberto Castillo.

Alienta que una mujer ocupe la presidencia del Senado y más alguien como Itzel quien convive políticamente con representantes de la oposición y ello, en estos tiempos ya es ganancia.

En cualquier proyecto político, su fortaleza va en proporción directa a la de sus integrantes y en caso de Noroña, ha debilitado al grupo en el poder y le pega en la línea de flotación a su permanencia en el futuro.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.