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Desde San Lázaro. Solo chivos expiatorios. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

25 Sep 2025
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Desde San Lázaro. Solo chivos expiatorios. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/

Ante el control de daños que se hace en Palacio Nacional en torno a los escandalosos casos del cártel de  La Barredora que comandaba Hernán Bermúdez (hoy preso en el penal del Altiplano) bajo la venia del exgobernador de Tabasco, Adán Augusto López; y del huachicoleo fiscal en donde participaron altos mandos de la Marina y empresarios y que de acuerdo a los expedientes en poder de la FGR se mencionan a dos hijos de López Obrador; todo el oficialismo se ha alineado para echarle tierra a los dos asuntos para que las pesquisas no alcancen a personajes prominentes de la 4T y menos a AMLO.

Es decir, con la reclusión de Bermúdez Requena, algunos marinos y empresarios, se “mataran” ambos casos para darle vuelta a la hoja para evitar la  implicación de servidores públicos de altísimo nivel con el crimen organizado y solo castigar a chivos expiatorios.

Sin embargo, las agencias de inteligencia y de investigación de Estados Unidos y el mismo Donald Trump  tienen parque suficiente para castigar a los narcoterroristas y sus cómplices del gobierno para garantizar la seguridad interior de este país y por supuesto para presionar  a su contraparte mexicana con la finalidad de sacar más provecho en las negociaciones que mantienen en torno a diversos asuntos como próximamente la negociación del T-MEC.

En el ámbito nacional, parece que la oposición despierta y ante la imposibilidad de denunciar ante la FGR y los tribunales nacionales  por la proclividad al Poder Ejecutivo, el PRI, ha decidido denunciar ante el FBI y la DEA al Cártel de Macuspana, cuyo capo mayor, de acuerdo a Alito, sería Andrés Manuel López Obrador.

El dirigente nacional del PRI presentó en conferencia de prensa a este cártel tabasqueño en el que aparecen Alfonso Romo, Rafael Ojeda, Adán Augusto López, Ignacio Ovalle, Mario Delgado, José Ramón y Andy López, empresarios y gobernadores

Alito informó que el PRI  mandó pruebas al FBI y la DEA a varios fiscales norteamericanos y a los Departamentos de Justicia y del Tesoro  y que ya tienen los acuses de recibido sobre esta enorme maquinación que dio pie al huachicol fiscal y trasiego de drogas, entre otros delitos.

Y no se trata de hacerle el caldo gordo al PRI, sino de  ir hasta las últimas consecuencias para esclarecer los hechos que han sangrado a las arcas nacionales con la evasión fiscal de más de 550 mil millones de pesos, en un cálculo conservador para medir el impacto del huachicoleo fiscal.

“No estamos ante un simple hecho de funcionarios corruptos, esto es un robo sistemático orquestado desde la Presidencia de la República desde 2018”, afirmó el senador Alejandro Moreno, en conferencia de prensa con el Grupo Parlamentario del partido en el Senado.

El PRI presentó ante la Cámara Alta un punto de acuerdo de urgente resolución en el que exige declarar al “Cártel de los Soles” y a otras organizaciones criminales que operan en México (Cártel de Macuspana) como organizaciones terroristas, debido a las amenazas que representan para la seguridad nacional y regional.

Acompañado por la Secretaria General del PRI, Carolina Viggiano, y los coordinadores parlamentarios en la Cámara de Diputados y el Senado, Rubén Moreira y Manuel Añorve, el legislador explicó en el punto de acuerdo se exhorta a la Titular del Poder Ejecutivo Federal, a través del Consejo de Seguridad Nacional, a emitir la declaratoria de terroristas contra estos cárteles.

El documento resalta que dichas organizaciones utilizan la violencia de forma sistemática, lo que pone en riesgo la vida de la población, el Estado de derecho y la soberanía nacional.

El dirigente  del tricolor denunció que el huachicol fiscal representa un daño al erario superior a 550 mil millones de pesos, ejecutado de manera sistemática desde 2018, con el objetivo de financiar campañas políticas, extorsionar empresas y consolidar pactos con el crimen organizado.

Señaló que más de 6 mil estaciones de combustible sufrieron extorsión y que se perdieron 18 mil millones de litros de combustible, afectando directamente la economía del país y la seguridad de los ciudadanos.

Estos actos de corrupción provocaron la muerte de servidores públicos, entre ellos marinos, además de riesgos para la Armada de México y otras instituciones. Dijo que los responsables abarcan desde funcionarios de menor rango hasta la Presidencia de la República.

El quid del asunto es que la presidenta Sheinbaum vaya hasta las últimas consecuencias en los casos de corrupción del anterior sexenio y dejar que las  investigaciones  lleguen hasta los niveles más altos del poder, con el objetivo de garantizar justicia y proteger la democracia.

Alito advirtió que los actos de corrupción y los pactos con el crimen organizado amenazan las instituciones, la libertad de los mexicanos y el sistema judicial, y afirmó que el PRI no permitirá la instauración de un modelo venezolano en México.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.