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Desde San Lázaro. La tremenda corte de tres patines. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

26 Sep 2025
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Desde San Lázaro. La tremenda corte de tres patines. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SCJN

La corte de Tres Patines es  un remedo del máximo tribunal con una excesiva carga burocrática que crearon los nueve nuevos ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Tal sólo el presidente Hugo Aguilar incorporó a 102 colaboradores y cuando transcendió el exceso aclaró que en los próximos días tan solo se quedará con el 60%. Igual ocurre con Lenia Batres y los otros siete ministros, aunque en menor proporción.

La ministra Batres tiene 78 colaboradores con un costo mensual  de 5.6 millones de pesos.

Si consideramos que  la anterior ministra presidenta Norma Piña tenía 15 personas laborando directamente con ella, pues se ve la desproporción y el costo exorbitante que representa contar con el Poder Judicial “más democrático del mundo”.

Pretende aclarar el ministro Aguilar Ortiz al señalar que a diferencia de presidencias anteriores, la suya también tendría un carácter jurisdiccional, en consecuencia, le serán turnados asuntos para su análisis y presentación de proyectos al Pleno.

Con ese propósito, dice el ministro indígena, que cuenta con ocho secretarios, 12 secretarios auxiliares y 39 personas de apoyo operativo y que esta plantilla se reducirá 40% a partir del 1 de octubre.

Además de este personal de apoyo, mantienen una Coordinación de Dictaminación,  encargada de revisar proyectos y está integrada por un coordinador, 12 secretarios de estudio y cuenta, 5 secretarios auxiliares, 1 dictaminador  15 personas de apoyo operativo.

En un primer ejercicio, valdría la pena revisar si ese personal tiene los conocimientos necesarios y la experiencia para brindar el apoyo a los ministros, pero si son como sus jefes, pues en menudo lio estamos, ya que se le paga a puro bisoño y el  costo que representa la SCJN es oneroso e irresponsable.

Al igual que la Tremenda Corte de Tres Patines, programa cubano cómico en donde se pitorreaban de los jueces,  la SCJN está resultando un vacilada, además de que cuenta con  el estigma de la deslegitimación por la orquesta de acordeones que los encumbró a sus puestos;  es un tribunal plagado de burocracia y de inexpertos que costará un dineral por la curva de aprendizaje que tendrán en resolver con atingencia  el  rezago de cientos de casos que requieren atención inmediata.

Por qué no aclara el ministro presidente la contratación de personajes de dudosa reputación como miembros prominentes de iglesias, como Daniel Wong, de la iglesia de la Luz del Mundo o litigantes de dudosa reputación como  Vidulfo Rosales, abogado que dejó votados a los padres de los 43 de Ayotzinapa  (luego de casi 11 años de representarlos en un esfuerzo infructuoso por hacerles justicia) y que ahora los estudiantes de la Normal, entre la impotencia, frustración y complacencia, realizan toda clase de actos vandálicos como haber derribado la puerta del Campo Militar 1

Se habla de que en la aprobación del Paquete Económico del próximo año, se reducirá el presupuesto del poder Judicial que inicialmente trae un incremento del 15% en relación a 2025.

No solo es inoperante el nuevo Poder Judicial, sino que, por lo observado en los primeros días, es totalmente gravoso y con un costo burocrático por encima, proporcionalmente hablando, del mismo Poder Ejecutivo.

No creo que este abuso en la contratación de personal por parte de los ministros de la Corte sea del agrado de la presidenta Sheinbaum y menos la capacidad mostrada hasta el momento por algunos integrantes del Pleno del Máximo Tribunal de la Nación.

Para ser juez no se necesita ser popular o darle gusto al pueblo, simplemente se trata de que sean imparciales y autónomos y que se atengan al Orden Constitucional y a los criterios juaristas de vivir en la justa medianía.

 

LA CIUDAD DE LOS BACHES.

Cuando ni siquiera la autoridad de la capital del país puede con tapar los más de 200 mil baches que existen en el territorio chilango, pues que se puede esperar en temas relevantes como la inseguridad pública, el desarrollo económico, contaminación y sustentabilidad, entre otros asuntos relevantes.

Clarita Brugada debería renunciar por clara incapacidad en el ejercicio de gobierno. Vamos si todavía está pendiente el esclarecimiento del asesinato de sus dos más cercanos colaboradores, que pueden esperar los capitalinos o los deudos de las víctimas de la explosión de la pipa en el puente de la Concordia en Iztapalapa y que decir de los usuarios del Metro que a diario exponen su vida e integridad.

Flaco favor le hace Brugada a la presidenta de la República, quien además de atender los múltiples problemas que aquejan a los mexicanos, tiene que dar la cara por funcionarios de la 4T a todas luces incompetentes.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.