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Desde San Lázaro. Seguridad social clave para atemperar la desigualdad social. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

30 Sep 2025
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Desde San Lázaro. Seguridad social clave para atemperar la desigualdad social. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SSaludCdMx

Con la presentación del programa de trabajo 2025-2026 de la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Senadores se establece una plena coordinación con las instituciones del Estado en la materia, además de buscar que más mexicanos en condiciones de vulnerabilidad reciban los beneficios y cobertura de todo el aparato gubernamental, señaló el senador morenista Alfonso Cepeda Salas, al tiempo de insistir que la inclusión social pasa por la eficiencia de las instituciones públicas y sus programas de atención a la población.

Cabe hacer notar que los objetivos de seguridad social buscan garantizar la protección y el bienestar de la población ante riesgos como la enfermedad, el desempleo o la vejez, a través de prestaciones médicas, económicas y servicios sociales. Esto se logra promoviendo la solidaridad y la equidad, reduciendo la pobreza y la exclusión social, asegurando el acceso a servicios esenciales de salud y bienestar.

Los objetivos clave de la seguridad social tienen que ver con:  la protección ante riesgos; bienestar integral; solidaridad y equidad; acceso universal y desarrollo social, para ello se requiere el establecimiento de políticas públicas y el alineamiento de todos los esfuerzos de las instituciones públicas en este sector para maximizar los recursos en favor de la población más vulnerable.

El programa de trabajo de la Comisión de Seguridad Social de la Cámara Alta,  plantea que sus integrantes promoverán proyectos de reforma con el propósito de ampliar la cobertura para  jornaleros, migrantes, integrantes de comunidades indígenas y a los sectores artístico y cultural.

Otro punto destacable en los planes del órgano es el objetivo de consolidar los procesos de digitalización de las instituciones de seguridad social, con el propósito de agilizar trámites y ampliar el acceso a personas adultas mayores y personas con discapacidad.

También se establece que la Comisión atenderá las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a través de iniciativas de ley para reconocer a hermanos con discapacidad como familiares derechohabientes de personas trabajadoras.

Además, eliminar disposiciones que dan un trato diferenciado e injusto a la prelación para el otorgamiento de la pensión de viudez, al reservar el derecho a él o la cónyuge, a fin de que se reconozca en igualdad de condiciones a las concubinas y concubinarios, y eliminar el requisito de seis meses de matrimonio previo al fallecimiento para acceder a la pensión de viudez.

Podríamos señalar que entre la Comisiones de trabajo de la Cámara Alta que trabajan con respeto a la pluralidad, es precisamente la de Seguridad Social, ya que prevalece un ambiente de trabajo respetuoso que busca encontrar coincidencias  por encima de las diferencias ideológicas y partidistas. En esta lógica los senadores que integran la Comisión de Seguridad Social,   redoblarán su trabajo legislativo durante el Segundo Año de Ejercicio de la LXVI Legislatura, dirigido a mejorar los servicios de seguridad social y proteger las garantías de los derechohabientes del país.

En la presentación del Programa de Trabajo de esta comisión, su presidente, Alfonso Cepeda Salas, subrayó que en esta materia “siempre hay mucho por hacer y mucho por revisar”.

Esto, detalló, debido a la variedad de instituciones que existen en el país: el Instituto Mexicano del Seguro Social, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado y las instituciones locales de cada entidad.

“Hay múltiples problemas que tenemos que revisar y tenemos que resolver. Tenemos que luchar todos juntos para que esto se solucione”, señaló, al destacar que el éxito de los trabajos del órgano legislativo se traducirá en la mejora de la seguridad social de todas y todos los mexicanos.

Del PRI, el senador Rolando Rodrigo Zapata Bello consideró que se realizaron trabajos satisfactorios durante el primer año de labores de la Comisión de Seguridad Social; no obstante, coincidió en que este ramo “es una tarea siempre inacabada en el país”, por lo que reconoció que deben impulsarse los esfuerzos en este nuevo ciclo legislativo.

El senador Homero Davis Castro, de Morena, también se sumó a la meta para que este órgano contribuya a que México cuente con un sistema de seguridad social incluyente, equitativo y sostenible que proteja a los trabajadores y a sus familias.

Llama la atención que en el Senado a partir del periodo de sesiones vigente y con el nombramiento de Laura Itzel Castillo como presidenta de la Mesa Directiva, se ha regresado a la institucionalidad y el respeto a la pluralidad, dejando atrás los gritos y sombrerazos, mentadas de madre y golpes que ocurrieron cuando Gerardo F. Noroña presidia este órgano deliberativo.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.