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Desde San Lázaro. Amargo fin de año. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

17 Oct 2025
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Desde San Lázaro. Amargo fin de año. Por:  Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Notimex

En medio de la tragedia (70 muertos y 75 desaparecidos) ocasionada por las lluvias torrenciales que azotaron cinco entidades  y la ineptitud de los gobernadores de Veracruz, Hidalgo, Puebla y SLP, léase, Rocío Nahle, Julio Menchaca, Alejandro Armenta y Ricardo Gallardo y en menor medida Mauricio Kuri, de Querétaro,  viene el ramalazo en el Congreso con la nueva Ley de Amparo y el incremento de impuestos con el impacto directo en la inflación que castiga a todos, sobre todo a los sectores de la población más desprotegidos y además se confirma el déficit fiscal del gobierno, quien ante la insuficiencia de ingresos propios, la presidenta Sheinbaum tiene que endeudar al país a niveles inéditos.

Vaya cierre de año, con puras malas noticias y con la inseguridad pública al tope, a tal nivel que en la capital de todos los mexicanos asesinan a plena luz del día y en la zona de tribunales, al abogado David Cohen, en un claro mensaje amenazante para las autoridades de la CDMX, ataque perpetrado por criminales que tienen el mismo modus operandi de los sicarios que ajusticiaron a los dos colaboradores más cercanos de Clara Brugada.

No solo han sido los embates de la naturaleza, sino también el rezago que en materia de protección civil prevalece en todos los estados, tan solo hay que recordar el flamazo mortal de la pipa en Iztapalapa, hecho que puso en evidencia a las autoridades que están rebasadas ante el crecimiento exponencial  demográfico en medio de la anarquía.

Para todo se requiere presupuesto, pero este es escaso, por lo que se tiene que buscar ingresos por la vía tributaria y a través de empréstitos que cobran intereses muy caros, a tal nivel que el próximo año, nuestro país tendrá que pagar 1.7 billones de pesos de puros intereses, esto representa el 10 por ciento de los 10.7 billones de pesos que esperar obtener la SHCP para el próximo año.

Son más de 26 aumentos de impuestos y derechos en 2026 para diversos productos y servicios que van desde las bebidas saborizadas, cigarros, videojuegos violentos, apuestas y sorteos, sueros orales, hasta la entrada a museos y zonas arqueológicas, al tiempo de que el SAT afila  sus dientes para tener más ingresos por auditorias, pero no crea que son para pagarle mejor a su personal, sino para fondear el gasto público que en buena medida se ha ido en el huachicoleo fiscal (600 mil millones de pesos) y en apoyar a la hermana república de Cuba con petróleo y otros insumos (3 mil millones de dólares)

A todo esto hay que incorporar el hecho de la amenaza  que representa la carga de más aranceles a productos mexicanos exportados a Estados Unidos y el riesgo de que el T-MEC sea bilateral y no trilateral como ocurre ahora con Canadá y la Unión Americana.

Uno de los principales motores que podría revertir los malos números macroeconómicos que tiene México como un crecimiento del PIB de 0.9 %  una deuda creciente y caída del empleo formal, entre otros tantos indicadores, es precisamente la llegada de inversiones foráneas, pero estas se han retirado ante la fragilidad del estado de derecho y  la pérdida de  autonomía e independencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Poder Judicial, eso sin considerar que el juicio de amparo ya no protegerá a los ciudadanos y empresas, sino al mismo Estado.

Dirá misa Marcelo Ebrard, secretario de Economía, de que las recientes reformas a la Ley de Amparo y la elección de jueces no afecta la inversión extranjera, pero en términos reales tan solo hay que observar  que la IED registró una caída de 21% en el primer trimestre de 2025 comparado con el mismo periodo de 2024. Esta disminución se debe principalmente a la incertidumbre generada por la política comercial y arancelaria y por la vulnerabilidad del estado de derecho.

Faltan un poco más de dos meses para que termine este año que ha resultado para el olvido, sin embargo, el que se avecina será peor, por la precaria viabilidad de las finanzas públicas y la visión izquierdista populista de gobernar para mantener el poder y no para resolver las necesidades más apremiantes de la población.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.