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Desde San Lázaro. Marcha Z; golpe de realidad a la 4T. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

18 Nov 2025
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Desde San Lázaro. Marcha Z; golpe de realidad a la 4T. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/BotDe20Millones

La movilización convocada por la Generación Z del pasado 15 de noviembre en diversas plazas del país y del extranjero trastocó los endebles cimientos del gobierno de la 4T y develó su talante represor y autoritario, al tiempo de enraizar la polarización social y por ende el riesgo de ingobernabilidad que ya asoma en diversas entidades como Michoacán, Sinaloa y por supuesto en la CDMX.

Ni las encuestas cuchareadas, ni la propaganda goebbeliana han protegido a un proyecto político que se infló artificialmente con mayorías calificadas creadas artificialmente desde el Tribunal Electoral. Se ha  encuerado a un movimiento que está sustentado en el aire, la trampa  y en los programas sociales.

Está claro que para el oficialismo solo hay una prioridad y esta es la de mantener el poder a toda costa y a través de todos los medios y ello, por supuesto incluye la represión violenta y brutal contra las opositores, tal como ocurre en otras dictaduras de la región como Cuba, Venezuela y Nicaragua, entre otras.

El rostro descompuesto, la irritabilidad y el temor de la presidenta no se pudo ocultar y menos ahora que los jóvenes están envalentonados y ello es de suma preocupación, porque era un sector de la población que tradicionalmente se mantenía alejado de expresiones políticas contra el gobierno.

Ya le rascaron los “huevos al tigre” y lo despertaron, veremos ahora como transita el oficialismo sobre la delgada línea que separa la paz social con la ingobernabilidad en donde las movilizaciones tumultuarias contra el gobierno es el vórtice de la descomposición social.

A pesar de que el gobierno de Claudia Sheinbaum sacó del baúl del populismo de izquierda todas las herramientas para desacreditar la marcha Z, como la infiltración de grupos violentos, la represión policiaca, el cierre de casi todos los accesos al zócalo, la estigmatización de los jóvenes como carne de cañón de intereses extranjeros, la siembra de miedo, la desacreditación de la marcha por parte de medios de comunicación afines al gobierno, una costosa campaña de boots en redes sociales y el espionaje, entre otros artilugios de las dictaduras, no logró su propósito, sino al contrario, inyectó un nuevo ánimo entre los opositores para volver a tomar las calles.

Dijo Sheinbaum que casi no acudieron jóvenes a la marcha y que ni siquiera llenaron la principal plaza pública del país, cuando fueron ellos los que impulsaron la movilización a través de las redes sociales y  resistieron estoicamente el embate de los granaderos y las agresiones de un gobierno represor que se jacta de respetar las libertades mientras estas sean de sus grupos afines.

La Jefa del Ejecutivo Federal pretendió tapar el sol con un dedo, pero las fotografías y videos de las protestas, la desmintieron de inmediato, además de la cobertura directa de varios medios de comunicación como TV Azteca de Ricardo Salinas.

Ni el más ingenuo cuatrotero cree que la movilización de la Generación Z mexicana pasó desapercibida en territorio nacional, en la Casa Blanca en Washington y en otros gobiernos democráticos del mundo y ello de suyo, representa una presión  más al que consideran como un narcogobierno.

Las protestas de los jóvenes en México, las conectan con las protestas recientes en Indonesia, Nepal y Filipinas, quienes utilizaron el símbolo de la Jolly Roger de “One Piece”      como expresión global de inconformidad juvenil y resistencia cultural.

Por supuesto, a l marcha Z se sumaron miles de ciudadanos opositores al gobierno como los integrantes del movimiento denominado de El Sombrero, cuyo líder, Carlos Manzo,  fue abatido arteramente;  campesinos; trabajadores de gobierno; madres buscadoras; familiares de pacientes enfermos; transportistas, clases medias y un largo etcétera que también incluye, por supuesto, a panistas, priistas, emecistas y Marea Rosa.

El principal error del binomio AMLO-Sheinbaum es subestimar las protestas del sábado 15 de noviembre, ya que es evidente que va en aumento el malestar de los jóvenes y en general de  la gente,  por la violencia, la inseguridad pública y el resquebrajamiento del andamiaje institucional que apoyaba a los sectores más desprotegidos con programas que probaron su valía como el Seguro Popular, el abasto oportuno de insumos médicos, vacunas y medicinas, educación gratuita y todos aquellos mecanismos oficiales que pugnaban por la inclusión social como las guarderías, alimentación gratuita y el apoyo a la población en caso de siniestros.

Hoy, todo es simulación y mentira para proteger con un manto de impunidad la corrupción que destila por todos sus poros el movimiento político de López Obrador con sus miembros más prominentes ensuciados por el lodo del huachicoleo fiscal y la connivencia con los narcoterroristas.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.