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Desde San Lázaro. Represión y persecución a los opositores. Por: Alejo Sánchez Cano. Destacado

14 Nov 2025
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Desde San Lázaro. Represión y persecución a los opositores. Por: Alejo Sánchez Cano. Imagen tomada de: https://x.com/AmerangelLorenz

A los detractores y críticos de la 4T, garrote limpio, judicialización de casos, persecución del SAT y otros instrumentos de intimidación que tiene el Estado para aquietarlos; A los simpatizantes y militantes, gracia y perdón, ese es el racero con que mide Claudia Sheinbaum, sin considerar que es la presidenta de todos los mexicanos y no solo de un movimiento político.

La gente está alebrestada contra el gobierno federal y estatal, la prueba son las movilizaciones que llevan a cabo los campesinos, transportistas, personal médico, trabajadores de Poder Judicial y del SAT, madres buscadoras, familiares de pacientes que requieren medicamentos oncológicos y ahora la Generación Z que demandan atención a sus demandas que se centran en justicia, educación, seguridad y oportunidades de desarrollo.

Desde el púlpito de Palacio Nacional ya  estigmatizó la presidenta a los jóvenes; como carne de cañón de intereses extranjeros, (es una estrategia pagada, impulsada por las redes sociales y la derecha internacional),   cuando en realidad se trata de un movimiento espontáneo y orgánico de la juventud que en general se mantenía alejada de los malos gobiernos, sin embargo, ahora han decidido manifestarse por voluntad propia, aunque le duela a la autocracia.

El día 15 de noviembre, fecha de la movilización Z habrá otro parteaguas en la historia contemporánea porque la juventud ha decidido participar directamente en contra del gobierno con la pretensión de lograr, como ha pasado en otros países, la caída del régimen autoritario.

En la primera aventura social de la generación Z, los jóvenes se preparan para dejar sus smartphones y saltar a las calles para demandar mejores condiciones de seguridad en el país.

Esto es lo que tiene sumamente preocupado al obradorato, quien ha sacado del baúl de la represión todos sus artilugios para apaciguar a los jóvenes revoltosos, como la desacreditación y la movilización de cuadros radicales de choque de izquierda  como la CNTE y los delincuentes del “bloque negro” que se incrustan en las manifestaciones para causar destrozos y luego se culpe a los organizadores de las marchas.

La presidenta no solo está preocupada ante el descontento social que prevalece en buena parte del territorio nacional, sino que observa con temor que toda la farsa que representa la Cuarta Transformación de caiga como un castillo de naipes, porque solo está construida sobre cimientos de mentiras y los programas de asistencia social.

Las elecciones intermedias con todo y revocación de mandato, es una aduana muy difícil de sortear para el obradorato.

El voto duro del régimen no pasa el umbral de los 15 millones de votos y por ello, pretenden aprobar la reforma electoral y empatar la revocación de mandato con la elección intermedia para subir a la presidenta a las boletas electorales y con ello justificar la elección de Estado que ya se cocina desde Tabasco.

Los arteros  asesinatos de Carlos Manzo, presidenta municipal  de Uruapan y del líder limonero de Apatzingán, Bernardo Bravo, vinieron a derramar el vaso colmado de afrentas y agravios a una sociedad mexicana que ya se hartó de la violencia, ineptitud, corrupción, inseguridad  e ineficacia del gobierno de Obrador-Sheinbaum.

La gobernabilidad está en vilo y por ello, el gobierno empieza a replicar lo que se hace en Cuba, Venezuela o Nicaragua, para contener el descontento social.

En la marcha convocada por la generación Z veremos otras expresiones de grupos inconformes contra el régimen y por ello se encapsuló todo el Centro Histórico y se desplegó todo un operativo federal y de Claudia Brugada para, en primera instancia, desacreditar a los opositores y minimizar al número de participantes, y luego, infiltrar a  grupos de choque para acusar a la marcha de violenta y como si ello fuera, poco, reprimir y perseguir de forma individual a los líderes y detractores.

La luna de miel entre la ciudadanía y  la presidenta solo ha quedado en la propaganda oficial y en las encuestas de opinión cuchareadas, porque en la realidad, el grueso de la ciudadanía, incluso muchos de los que votaron por ella, están lo que les sigue del enojados, por el fracaso de Morena, léase, Obrador-Sheinbaum.

Hacemos votos por que las movilizaciones del 15 de noviembre en el país NO resulten violentas por la represión gubernamental y los grupos de choque infiltrados y que se mantenga todo dentro de la paz social y la gobernabilidad, sin embargo, están todos los ingredientes para que las cosas se salgan de control.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.