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Desde San Lázaro. La revocación de mandato, farsa de dictadores. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

12 Nov 2025
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Desde San Lázaro. La revocación de mandato, farsa de dictadores. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/lamusitapg

La premisa que maneja el obradorato, de que al meter a la boleta electoral a Sheinbaum les podría garantizar la arrolladora victoria en los comicios del 2027, no la comparten muchos morenistas y aliados, ya que también se le expone a la guerra sucia y toda clase de obuses políticos para desestabilizar a su gobierno, sobre todo en temas de revelaciones de personajes del más alto nivel de la 4T involucrados con los narcoterroristas.

Al empatar la revocación de mandato con la elección intermedia se contamina todo, porque el gobierno de Donald Trump no cesará en su empeño de castigar a todos esos políticos que viven en clara connivencia con los narcos, tanto en la actualidad como en el sexenio de López Obrador.

Si usted, estimado lector, le pregunta a cualquier muchacho que participará en la marcha del próximo 15 de noviembre, la de la generación Z, le dirá que pongan a la presidenta en la boleta para pedir que deje el cargo de inmediato    

Hay que recordar que la figura de la revocación de mandato la patentó Hugo Chávez en Venezuela cuando llegó a la presidencia con el argumento de darle herramientas a los venezolanos para destituirlo si no era de su agrado su gestión en el gobierno, aunque en realidad, al más fiel estilo populista de izquierda, es una herramienta de la supuesta democracia participativa para perpetuarse en el poder más allá de la conclusión del encargo presidencial.

A su muerte (5 de marzo de 2013), luego de mantenerse en el poder más de 14 años  y a través de su testamento político se designó a Nicolás Maduro como su heredero y es así como  este sátrapa se mantiene en  el poder mediante la revocación de mandato o el fraude electoral.

Los dictadores bananeros de la región inventan mecanismos seudo democráticos como la revocación de mandato para arrebatarle a la ciudadanía el derecho a elegir a sus gobernantes en elecciones libres y democráticas, con triquiñuelas como esta.

 AMLO quiso imitar a los dictadores venezolanos al elevar esta especie de plebiscito a rango constitucional, sin embargo y como se recordará, la revocación de mandato que se hizo durante su gestión fue una total farsa que impidió que el remedo de dictador lograra su propósito de mantenerse más allá del 2024 en el poder, aunque lo logró ahora por medio de interpósita persona.

En 2022, el tabasqueño pretendió engañar a los mexicanos mediante la farsa de su revocación de mandato, pero no logró su propósito porque el ejercicio tuvo uno de los mayores niveles de abstencionismo, más del 82% y esos restantes 18 por ciento que acudieron a sufragar,  se conformó con su base electoral que, primero, reunió firmas para llevar a cabo la revocación y luego, ellos mismos, acudieron a las urnas para votar por su permanencia en la presidencia de la República. Un montaje mayúsculo que no solo causó un boquete en las finanzas públicas por el costo de la elección federal, sino que desprestigió a los políticos mexicanos en otras latitudes del orbe.

Bueno, esa misma revocación de mandato la quiere adelantar Claudia Sheinbaum al 2027 y no en el 2028 como menciona el texto constitucional,  para compaginarla con las elecciones intermedias y la elección de juzgadores, pero la mandataria en turno no busca pasar la frontera del 2030, año en que termina su sexenio, sino de poder participar en las campaña políticas y con ello subir los niveles de preferencia de los candidatos de Morena que aparezcan en las boletas, ya que la doctora tiene niveles de popularidad del 70 por ciento.

Es decir, se operaría otra vez una elección de Estado con la presidente en turno  participando en una boleta electoral.

Así que mientras son peras o manzanas, ya en la Cámara Baja determinaron posponer por poco tiempo la discusión sobre el adelanto de la revocación de mandato para el 2027.

El presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara Baja, Ricardo Monreal  informó que la Cámara de Diputados buscará ampliar la discusión sobre revocación de mandato por lo que señaló que la Comisión de Puntos Constitucionales, que preside el diputado Leonel Godoy Rangel (Morena), va a revisar de qué manera establece un mecanismo que permita mayor discusión y deliberación sobre la revocación de mandato, estas semanas que faltan del año

“Puede salir a final del año la iniciativa presentada por el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar o puede esperarse hasta el segundo periodo ordinario, que inicia el primero de febrero, pero no nos vamos a precipitar.  Como ayer lo dije, vamos a esperar que haya una discusión más amplia y que la sociedad sepa de lo que se trate de la revocación de mandato”, advirtió el pastos de los diputados morenistas.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.