Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Prolongación Nazario, obra de gran impacto social para el poniente de Saltillo: Manolo Destacado

26 Nov 2025
163 veces
Prolongación Nazario, obra de gran impacto social para el poniente de Saltillo: Manolo Imagen tomada de: https://coahuila.gob.mx/
  • Invierte Gobernador 362 MDP en la construcción de este bulevar

El gobernador Manolo Jiménez Salinas encabezó la entrega oficial de la ampliación del bulevar Nazario Ortiz Garza, una obra estratégica para la movilidad del poniente de Saltillo, realizada con una inversión histórica de 362 millones de pesos, en beneficio de miles de familias que a diario se trasladan entre esta zona y el norte de la ciudad.

"Es una obra que va a ayudar muchísimo a hacer menos tiempo para toda la gente de estas colonias que quieran ir al norte de Saltillo o a Ramos Arizpe, este fue uno de los compromisos que hicimos en campaña y aquí con nuestro amigo el presidente municipal vamos cumpliendo pa' delante a pasos de gigante, siempre construyendo en equipo", destacó el gobernador.

Señaló que esta infraestructura responde directamente a una petición ciudadana y a un compromiso asumido durante la campaña, orientado a ofrecer rutas alternas que reduzcan tiempos de traslado.

Expuso que con la construcción de este bulevar se tiene el impacto inmediato; ya que un recorrido habitual de 30 a 40 minutos ahora se reduce a solo 7 minutos, para los habitantes de las colonias como Saltillo 2000, La Gloria, El Rodeo, Las Torres, Satélite Sur, entre otras más.

Jiménez Salinas reconoció también el papel fundamental del sector empresarial y de las diputadas y diputados locales, cuyo respaldo permitió destinar recursos provenientes del impuesto sobre nómina para concretar este proyecto.

Subrayó que esta obra se integra a una estrategia de movilidad más amplia, que incluye el recién inaugurado Bulevar Los Pastores, la modernización del acceso a Derramadero —con una inversión de 500 millones de pesos— y la puesta en marcha de las rutas de transporte gratuito Aquí Vamos y Ruta Estudiantil.

Finalmente, el gobernador resaltó que estas acciones se suman al esfuerzo integral para mantener a Coahuila entre los estados más seguros y competitivos del país.

Recordó que, por primera vez desde que existen mediciones del INEGI, Coahuila es el segundo estado más seguro de México, reflejo de coordinación, estrategia y trabajo en equipo. Que ha permitido invertir más de 7 mil 500 millones de pesos en seguridad y construir 15 cuarteles para las fuerzas estatales y el Ejército Mexicano.

Reiteró que esta es la grandeza de Coahuila, donde ciudadanos, gobierno e iniciativa privada trabajan en unidad, y gracias a ello se avanza a pasos de gigante.

En su intervención, el alcalde de Saltillo, Javier Díaz González, reconoció el trabajo y apoyo del gobernador Manolo Jiménez Salinas por todas las obras, todos los programas, todas las acciones que se hacen en beneficio de Saltillo, y que bajo su liderazgo seguirán trabajando con un rumbo muy claro.

Miguel Ángel Algara Acosta, secretario de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad expresó que el gobierno de Manolo Jiménez sigue invirtiendo en grandes obras de movilidad, además de informar que, con una inversión de 362 millones de pesos, se construyó esta obra que responde a las necesidades de contar con vialidades completas, que mejoren la movilidad, que conecten al poniente de la ciudad, con el norte de Saltillo.

La ciudadana Yolanda Elizabeth Solís Silva, dio un mensaje de agradecimiento en nombre de todos los colonos beneficiarios de esta ampliación; lo cual permitirá tener una mejor movilidad y reducir los tiempos de traslado.

Con información de: https://coahuila.gob.mx/

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.