Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Farsa en la elección de Godoy. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

03 Dic 2025
151 veces
Desde San Lázaro. Farsa en la elección de Godoy. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/

La nota no es si lo dardos están cargados en favor de Ernestina Godoy para ser la nueva Fiscal General de la República, sino, por qué se tiran al suelo, en primera instancia, 42 candidatos más a ocupar este cargo y luego en la lista decantada por el Senado, 9 suspirantes que se quedarán sin hueso alguno porque la decisión ya estaba tomada aun cuando Alejandro Gertz Manero continuaba aferrado al puesto.

Todo es farsa con la 4T, desde la elección judicial acompañada con la música de los acordeones, hasta nombramientos públicos que tienen que pasar por el cedazo del Congreso, federal y local (Bertha Alcalde, como Fiscal de la CDMX) y por aduanas ciudadanas que estipulan las leyes respectivas.

En un país con una clase política de cínicos, todo puede pasar, como la salida de su madriguera de López Obrador en detrimento del mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum, para amenazar que en caso necesario retomará el poder, como si nunca lo hubiera perdido.

De nueve candidatos quedarán tres para que la presidenta elija a su favorita.

El caso no tendría relevancia sino fuera porque la FGR queda en manos de la Jefa del Ejecutivo Federal para fortalecer una presidencia con más poder que sus antecesores, porque tiene el total control de los Tres Poderes de la Unión, de organismos autónomos como la CNDH en donde despacha una Piedra cuatrotista, por supuesto, de las fuerzas armadas y todos los organismos públicos que fungían como contrapeso al Ejecutivo Federal.

Con la SCJN, la nueva Ley de Amparo y la FGR, la autocracia se consolida para evitar perder el poder, ya que a los adversarios políticos serán tratados como delincuentes, (remember el Cártel Inmobiliario) al judicializar sus casos como ya sucedido contra periodistas, medios de comunicación, dueños de ellos y por supuesto, integrantes del PAN, PRI y MC).

La dupla judicial se ha cerrado en favor del autoritarismo, primero con una Suprema Corte plegada totalmente a los designios de la presidenta y ahora se cierra la pinza con Ernestina Godoy al frente de la Fiscalía General de la República.

Tener bajo la égida presidencial a la FGR es vital para judicializar los casos de interés político para el obradorato, ya que con Gertz Manero ello era imposible, sobre todo cuando el propio funcionario tenía una agenda propia cargada de filias y fobias personales que pretendió solventar a su conveniencia.

Ahora que están cantando los Chapitos ante las Cortes de Estados Unidos, seguramente se profundizan los expedientes de servidores públicos mexicanos que estuvieron coludidos con el Chapo Guzmán y su familia y ello, mantiene la espada de Damocles sobre la 4T, no obstante, de gozar de impunidad judicial en México.

Si alguien supone que con la FGR y la SCJN será imposible llevar a tribunales, por ejemplo, a AMLO o algún familiar suyo, pues está totalmente equivocado ya que el gobierno de Donald Trump tiene perfectamente identificado a los personajes que hicieron posible el incremento exponencial del trasiego de drogas sintéticas, en especial el fentanilo, hacia Estados Unidos y ello pasa, por el gobierno de López Obrador.

A unas horas de que la presidenta Sheinbaum elija a Ernestina Godoy y con ello iniciar la persecución judicial contra los adversarios políticos, los panistas, priistas y emecistas, están dormidos en sus laureles, esperando que por un milagro no sean implicados en serios delitos, como lavado de dinero, delincuencia organizada y desvió de recursos públicos, entre otros.

Tanto Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, como Jorge Romero, líder del PAN, están entre los primeros nombres que tiene Ernestina Godoy para ponerlos en la barandilla de los acusados.

De igual manera, se alista todo el operativo para cercar a Ricardo Salinas Pliego a quien, con el pretexto del impago de sus impuestos, serán embargadas varias de sus empresas y enfrentará un juicio desigual sin ninguna posibilidad de que alguna instancia judicial del país lo pueda amparar.

Desde luego, el empresario se ampara en que se trata de una persecución política y de una cacería de brujas por ser incómodo al régimen y elle le abrirá las puertas de las democracias del mundo.

La 4T está de plácemes por la victoria pírrica de cooptar a la FGR, aunque no repara que esos manazos del autoritarismo provocan el alejamiento de inversiones privadas y recelo en la renegociación del T-MEC.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.