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Desde San Lázaro. No puede sola. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

02 Dic 2025
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Desde San Lázaro. No puede sola. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/lopezobrador_

La amenaza de que nuevamente AMLO saldrá de su madriguera en un recorrido por el país para defender a su discípula, digo para defender a la democracia, habla del temor que existe en el oficialismo de perder las elecciones intermedias de 2027, no obstante que, en por lo menos en este siglo, ningún presidente ha tenido tanto poder como el que hoy ostenta Claudia Sheinbaum.

Los casos de huachicoleo fiscal y todos sus tentáculos de corrupción, las manifestaciones de campesinos, transportistas, Generación Z, entre otras,  y por supuesto, la violencia e inseguridad pública que ya hizo metástasis en buena parte del territorio nacional han puesto a la Jefa del Ejecutivo Federal contra la pared, ello sin considerar el estancamiento económico que antecede a la recesión y todo ello enmarcado por la relación tan complicada con el gobierno del presidente Donald Trump.

El aviso sobre la reaparición pública del tabasqueño no es circunstancial, sino responde a la imperiosa necesidad de apuntalar al gobierno de la 4T, en momentos en que se desmorona por la complejidad de toda la problemática que enfrenta la doctora y que,  luce sola, en virtud de que tiene a su lado pocos incondicionales, ya que buena parte del equipo presidencial y no se diga del gabinete y del Congreso federal responde a las indicaciones de López Obrador.

La gesta heroica de convertirse en la primera mujer presidenta de la República conlleva la enorme responsabilidad de romper amistosamente con su antecesor y mentor para brillar con luz propia y estar a la altura de las expectativas, empero, no la dejan y al parecer, ni ella quiere.

El talante autoritario mostrado por la doctora ante sus opositores revela sus limitaciones como política y como una estadista con altura de miras que considera como condición indispensable tender puentes de comunicación y entendimiento con los opositores para buscar acuerdos que redunden en la gobernabilidad y la paz social.

Con un pueblo polarizado, en momentos de grave tensión social, como ha ocurrido en las últimas semanas, es caldo de cultivo para el descontento y la disrupción y como se ven las cosas, la temperatura del encono social seguirá en aumento.

La sola mención del regreso de AMLO a la vida pública con el pretexto de presentar su más reciente libelo, hace mella en la imagen de Sheinbaum y la demerita en su gestión por alentar las versiones que aseguran que es un títere.

Obrador se siente con la fuerza para que Morena mantenga la mayoría calificada en la Cámara de Diputados federal y gane la mayoría de las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027, además de alentar la música de los acordeones que acompañarán a la segunda parte de juzgadores que serán electos en esos comicios.

Con el desencanto de buena parte de la población ante  los gobiernos de AMLO-Sheinbaum y que se refleja en las cifras negativas de crecimiento, desempleo, inseguridad, violencia, desabasto de medicamentos, crisis en salud, educación y economía, además de la falta de inversión pública y privada, quien sabe que tan conveniente es su reaparición ante el fracaso de su gobierno que es considerado uno de los peores en la historia del México postrevolucionario.

He hablado con varios panistas y priistas y todos coinciden en que deben estar desesperados en el oficialismo por la debacle de la presidenta y que la reaparición de AMLO, lejos de ayudar a la 4T,  profundizarían los enconos entre  sus tribus de forma exponencial.

Lo cierto es que no obstante las grandes loas que vertió AMLO en torno a la mejor presidenta del mundo, con el tan solo anuncio de que volverá a la circulación, evidenció de forma clara que, la doctora, no puede con el paquete.

En la Casa Blanca, en Washington, tienen todo un arsenal completo de revelaciones de narcotraficantes en su connivencia con políticos de altísimo nivel de la 4T y ello incluye, por supuesto al expresidente López y sus hijos.

Sacar del closet a un mueble viejo, apolillado y con el estigma de narco,  conlleva más riesgos que beneficios y que, en caso de ser errónea esta decisión, sería la puntilla de un proyecto político que apenas habrá durado en el poder no más de tres lustros.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.