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Desde San Lázaro. Un fiscal incómodo para todos. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

01 Dic 2025
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Desde San Lázaro. Un fiscal incómodo para todos. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com

Pues no salió con los pies por delante, es decir muerto, como era el deseo de Alejandro Gertz Manero ante las presiones  por renunciar a su cargo como Fiscal General de la República, primero de López Obrador y ahora de Claudia Sheinbaum; sino que lo corrieron dos años antes de la conclusión del encargo,  y ello, de suyo, marcó una gestión plena de conflictos con miembros del gabinete,  fracasos judiciales  y reyertas familiares.

Calificado por sus cercanos como un ser iracundo, caprichoso, rencoroso y vengativo, Gertz Manero prepara sus maletas para irse defenestrado como embajador a un país amigo y con un montón de información relativa a personajes de la 4T que los usará como salvoconducto en caso de que quieran someterlo ante la justicia, ya por la forma tan poco ortodoxa que tenía para torcer la ley, como por la conformación de una fortuna personal descomunal

Para nadie era un secreto que el Fiscal de Hierro era insostenible en el cargo por no plegarse a los designios de la Jefa del Ejecutivo Federal y por enfrentarse abiertamente contra Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, pero, sobre todo, por la filtración de información a plumas incómodas del régimen sobre casos relativos al huachicoleo fiscal que pusieron en la línea de golpeteo, entre otros,  al senador morenista, Adán Augusto López Hernández.

Desde luego, la orden de remoción de Gertz fue avalada en Palenque, con lo que la presidenta Sheinbaum logró una victoria  en su afán de tomar el total control de la Fiscalía General de la República al colocar a una de sus colaboradoras más leales como es el caso de Ernestina Godoy que trae una larga lista de cuentas pendientes por cobrar contra connotados miembros del panismo, del priismo y hasta del PRD por aquel rechazo en el Congreso de la Ciudad de México a su continuidad en el cargo como Fiscal.

Godoy con Martí Batres les indilgaron el mote a los cachorros del panismo como el “Cártel Inmobiliario” y que ahora será retomado con más fuerza por las supuestas irregularidades en el otorgamiento de permisos de construcción en el pasado,  en las alcaldías de Benito Juárez y Miguel Hidalgo por parte de los alcaldes azules y sus cercanos.

Como le hemos dicho antes, nada se puede entender sin pasar todos los temas políticos por el cedazo de las elecciones intermedias del 2027 y justamente el relevo de Gertz y la llegada de Ernestina Godoy a la FGR, conlleva múltiples implicaciones políticas-electorales que tienen que ver con cerrarle el paso a la oposición al poder.

Eso de que las Fiscalías deben ser autónomas e independientes es un cuento chino que nadie cree.

Vivimos en un país de cínicos en donde la clase política hace como que cumple con la Constitución, pero en realidad, la ley solo se aplica contra los más pobres o contra los adversarios políticos y eso se observará con todo claridad en los próximos meses con una Suprema Corte de Justicia de la Nación y en general, el Poder Judicial, sometido totalmente por el Poder Ejecutivo, además de que la principal figura jurídica que tenían los ciudadanos para contrarrestar los abusos del Poder Público, como era la Ley de Amparo, pues ya la desaparecieron para dejar un bodrio  que protege al Estado ante los ciudadanos.

El exilio obligado de Gertz Manero es un triunfo pírrico de la presidenta Sheinbaum, ya que si bien es cierto que toma el total control de esa dependencia, también es verdad que ante los ojos de los inversionistas nacionales y extranjeros y de los socios comerciales como el gobierno del presidente Donald Trump, es una derrota porque  hace mella en la poca confianza de un gobierno que se inclina más hacia la dictadura que a la democracia.

Mientras que la 4T se regocija por tener más poder con la remoción del Fiscal incómodo, se apilan las fichas que ponen al gobierno mexicano contra la pared ante sus contrapartes norteamericanas en la renegociación del T-MEC y en general de la relación bilateral.

Luego del inminente golpe de Estado contra Nicolás Maduro, se pone en la mira a los narcoterroristas mexicanos y ello tiene implicaciones muy graves contra AMLO y su gente, aun con una nueva fiscal a modo de él y la presidenta.

La República gana con la salida de Gertz, pero pierde ante la pérdida total de independencia y autonomía de una institución, la FGR, que debería ser totalmente imparcial y apegada al orden constitucional.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.