Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Estrategia fallida ante Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

12 Ene 2026
154 veces
Desde San Lázaro. Estrategia fallida ante Trump. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

Luego de la extracción ilegal del sátrapa Nicolás Maduro por parte de las fuerzas militares de Estados Unidos, en Palacio Nacional entraron en una especie de pánico ante la eventual réplica del operativo para detener en territorio nacional a un capo de la droga, o peor aún, a algún miembro connotado de la 4T y por ello, la presidenta Sheinbaum lleva días advirtiendo sobre el respeto a la soberanía, sin reparar que los narcoterroristas mexicanos y su connivencia con funcionarios mexicanos han fortalecido el trasiego de drogas sintéticas a EU, en particular de fentanilo, atentando con ello en contra de la seguridad interior de la Unión Americana.

Desde luego, no existe justificación alguna para que la Fuerza Delta despliegue algún operativo en el país, pero ante la belicosidad del presidente norteamericano y la proclividad de AMLO-Sheinbaum con los narcotiranos de la región como el mismo Maduro y Miguel Díaz Canel, pues el propio gobierno mexicano se ha puesto la espada de Damocles encima y no dude estimado lector, que, aun violando todas las disposiciones internacionales en la materia, existen grandes probabilidades que ocurra una acción militar estadounidense en México.

El flujo de petróleo mexicano a Cuba, no obstante la existencia del bloqueo comercial, no tiene antecedente alguno en nuestro país con el actual gobierno, quien ha superado la venta o “donación” del hidrocarburo a la Isla, en comparación, incluso a lo que mandaron López Obrador, Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, juntos

De acuerdo a información de la empresa Kpler, especializada en comercio mundial, En el último año, se han enviado 17 millones de barriles de petróleo mexicano a Cuba, cuyo monto de 1 mil 91 millones de dólares convirtieron a Pemex en el proveedor más relevante del hidrocarburo, incluso más que Venezuela.

La dictadura cubana se sostiene gracias a Claudia Sheinbaum.

Ese amasiato pernicioso entre la 4T y los enemigos de los gringos genera un ambiente muy hostil en la Casa Blanca en contra de la doctora que afecta de forma considerable la relación bilateral y toda la agenda que existe entre ambos gobiernos, tanto en  temas de seguridad, como comerciales y geopolíticos.

En lugar de corregir esa postura alineada al Foro de Sau Paulo, la mandataria mexicana insiste en mantener su proclividad izquierdista anti gringa, sin considerar que ello afecta su gestión y, sin exagerar a todos los mexicanos, porque todas las medidas que emprende Trump para castigar a su contraparte mexicana, daña la economía, la creación de empleos, la generación de impuestos y todos los indicadores macroeconómicos como el PIB.

La ideología y la sumisión ante Palenque comprometen la gestión de la primera mujer presidenta.

Si el gobierno de AMLO fue un desastre económico y en materia de seguridad pública, entre otros tantos rubros, con el actual gobierno se vislumbra algo peor, no solo por la herencia maldita que le dejaron a la presidenta, sino porque ella insiste en respetar la cadena de mando que viene de Tabasco.

El asunto es muy sencillo, si se insiste en construir el segundo piso de la transformación sin romper el cordón umbilical que ata a la discípula  con su mentor, pues el fracaso está a la vista, porque el presidente Trump no se detendrá en mantener  alineado a fuerza al gobierno mexicano.

Decíamos en otra colaboración, que a regañadientes México se ha doblado ante todas las peticiones de la Casa Blanca y ello de suyo, revela un enturbiado sospechosismo sobre la información clasificada del Chapo Guzmán y sus hijos, además del Mayo Zambada, entregada a las agencias de inteligencia y de drogas  salpica incluso al propio AMLO y a uno de sus hijos.

Por desgracia para México, estamos sujetos a las posturas ideológicas de AMLO que tanto daño han provocado en los últimos siete años al país y como van las cosas continuará la debacle por otros cinco años más.

Mientras tanto, seremos testigos en los próximos días del llamado subrepticio desde Palacio Nacional a hacer realidad el himno mexicano para defender la soberanía, aunque en la cruda realidad ante un estornudo de Trump a su contraparte mexicana le dará una pulmonía.

Está en las manos de Claudia Sheinbaum el destino del país y de su propio legado, tan solo es cosa de armarse de valor y tener altura de miras para romper con el gran tlatoani y dejar de encubrir las fechorías en que incurrieron tanto él mismo, como algunos cercanos cuando ostentaron los mayores cargos políticos y de administración.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.