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Desde San Lázaro. Cooperación internacional contra narcoterroristas. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

24 Feb 2026
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Desde San Lázaro. Cooperación internacional contra narcoterroristas. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Claudiashein

El abatimiento de “El Mencho” marca, sin duda, un parteaguas en la historia reciente de la seguridad pública en México. La caída de Nemesio Oseguera Cervantes, líder indiscutible del Cártel Jalisco Nueva Generación, no solo representa un golpe quirúrgico a la estructura criminal más expansiva y violenta del país, sino que envía un mensaje inequívoco de que el Estado mexicano ha decidido, ya por iniciativa propia o por presión de la Casa Blanca, combatir a fondo a los cárteles de la droga.

Para el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, se trata de un logro espectacular. No únicamente por el simbolismo de abatir al capo más buscado de la última década, sino porque implica un viraje operativo y político respecto de la estrategia de seguridad que predominó en el sexenio anterior. La narrativa de “abrazos, no balazos” impulsada por Andrés Manuel López Obrador apostó por atender las causas sociales de la violencia, pero evitó el enfrentamiento frontal con los grandes capos. Hoy, la realidad demuestra que la presión nacional e internacional terminó por imponer una estrategia distinta y eficaz.

En este resultado fue decisiva la intervención de agencias de inteligencia de Estados Unidos. El intercambio de información, la vigilancia tecnológica y el rastreo financiero transnacional fueron determinantes para ubicar y neutralizar al líder del CJNG. Washington había elevado la presión al considerar a varios cárteles mexicanos bajo la categoría de narcoterroristas, una designación que no es menor. La calificación implica un endurecimiento en los instrumentos legales, financieros y operativos para perseguirlos, congelar activos y ampliar la jurisdicción extraterritorial.

La declaración del gobierno norteamericano al nominar a los narcotraficantes como organizaciones terroristas marcó un punto de inflexión. Más allá del debate sobre soberanía, lo cierto es que México no podía ignorar el nuevo contexto. La cooperación bilateral dejó de ser opcional para convertirse en una obligación. El abatimiento de “El Mencho” es la primera gran prueba de que esa coordinación puede rendir frutos concretos.

Sin embargo, el desafío apenas comienza. Desarticular la cabeza de un cártel no significa desmontar su estructura. El CJNG no era únicamente un liderazgo ya que opera como una red de franquicias criminales distribuidas en buena parte del territorio nacional. Desde el Pacífico hasta el Bajío, desde la frontera norte hasta el sureste, su modelo combinó control territorial, diversificación de delitos — trasiego de fentanilo, extorsión, tráfico de personas, huachicol, minería ilegal— y una capacidad de fuego que lo colocó entre los grupos más agresivos.

La historia reciente muestra que el descabezamiento de un capo suele detonar luchas intestinas por la sucesión. El riesgo inmediato es la fragmentación violenta. Los lugartenientes y operadores regionales podrían disputar el control, generando enfrentamientos abiertos no solo entre facciones del propio CJNG, sino contra cárteles rivales que buscarán aprovechar la coyuntura. Esa disputa puede traducirse en una ola de homicidios, bloqueos carreteros, quema de vehículos y ataques contra fuerzas de seguridad.

El gobierno federal, junto con los estados y municipios, se encuentra en alerta máxima. Existen amenazas comprobadas de atentar contra la clase política, particularmente en regiones donde el CJNG había tejido redes de complicidad o intimidación. Una de las características del narcoterrorismo es precisamente detonar el miedo colectivo para presionar decisiones públicas. Tras el abatimiento de su líder, el grupo podría recurrir a acciones espectaculares para demostrar que sigue vivo y que conserva capacidad de daño.

La reacción del Estado será determinante. No basta con celebrar el golpe estratégico. Se requiere un despliegue coordinado que impida el reacomodo violento. Inteligencia financiera para bloquear flujos de dinero, presencia territorial sostenida de fuerzas federales, depuración policial en los ámbitos locales y, sobre todo, control político firme para evitar que autoridades intimidadas cedan espacios.

El viraje en la estrategia también tendrá repercusiones legislativas. En San Lázaro ya se anticipa la discusión de reformas que fortalezcan el marco jurídico contra el terrorismo y la delincuencia organizada, alineándolo con estándares internacionales. La clasificación de narcoterrorismo obliga a revisar a los esquemas punitivos,  de cooperación judicial y mecanismos de extradición. México deberá equilibrar la defensa de su soberanía con la necesidad de actuar con eficacia frente a organizaciones que operan sin fronteras.

La presidenta Sheinbaum enfrenta ahora una prueba histórica. El abatimiento de “El Mencho” es una victoria táctica; convertirla en victoria estratégica dependerá de la capacidad de contener la violencia subsecuente y evitar que otro liderazgo igual o más radical emerja de las sombras. La ciudadanía, golpeada por años de inseguridad, espera resultados tangibles y sostenidos.

El desafío es evitar que el vacío se llene de sangre. Si el gobierno logra estabilizar el escenario y consolidar el nuevo enfoque de inteligencia y cooperación internacional, el abatimiento de “El Mencho” será recordado no solo como un hecho espectacular, sino como el momento en que México decidió abandonar la inercia y enfrentar con determinación a quienes, durante demasiado tiempo, sembraron terror y violencia.

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El apunte del director

  • El legado maldito de AMLO

    La principal obligación de cualquier presidente es garantizar la seguridad de los ciudadanos. Sin embargo, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la estrategia de «abrazos, no balazos» se convirtió en uno de los aspectos más cuestionados de su administración. La persistencia de la violencia, las disputas territoriales entre organizaciones criminales y la incapacidad del Estado para garantizar la tranquilidad en numerosas regiones exhibieron las limitaciones de aquella política. El discurso de atender las causas sociales no sustituyó la necesidad de combatir eficazmente a los grupos criminales.

    1. El avance del crimen organizado y la pérdida de control territorial

    La violencia en diversas entidades evidenció que el problema de la seguridad no podía resolverse únicamente mediante programas sociales y declaraciones presidenciales. Las extorsiones, los homicidios, las desapariciones y el desplazamiento de comunidades se convirtieron en problemas cotidianos para miles de familias. La discusión de fondo no consiste en negar la importancia de atender las causas de la delincuencia, sino en cuestionar por qué esa atención no estuvo acompañada de resultados suficientes en materia de seguridad y justicia.

    1. La militarización de la seguridad pública

    López Obrador llegó al poder con críticas a la militarización impulsada por gobiernos anteriores. Sin embargo, durante su administración amplió considerablemente las responsabilidades de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública y otras actividades civiles. La Guardia Nacional terminó vinculada institucionalmente a la estructura militar, mientras el Ejército y la Marina asumieron funciones adicionales. Esta transformación abrió un debate sobre los límites de la participación castrense, la rendición de cuentas y el fortalecimiento que debieron recibir las policías civiles.

    1. El debilitamiento de los organismos autónomos

    Uno de los rasgos más controvertidos del sexenio fue la confrontación con organismos constitucionales autónomos. Instituciones encargadas de regular sectores estratégicos, garantizar derechos y establecer contrapesos fueron objeto de críticas y reformas. La desaparición del Instituto Federal de Telecomunicaciones, la Comisión Federal de Competencia Económica y otros organismos, así como la transformación del sistema de transparencia, modificaron profundamente el diseño institucional del país. La pregunta fundamental es si estos cambios fortalecieron la democracia o concentraron mayores facultades en el poder político.

    1. La desaparición del Consejo de Promoción Turística de México

    La eliminación del Consejo de Promoción Turística de México modificó el modelo mediante el cual el país proyectaba internacionalmente sus destinos turísticos. El argumento gubernamental fue reducir estructuras y gastos administrativos, pero la decisión también generó cuestionamientos sobre la capacidad de mantener una estrategia profesional, sostenida y especializada de promoción internacional. En una economía donde el turismo genera empleos, divisas y oportunidades para numerosas regiones, prescindir de una institución especializada exigía demostrar que el nuevo modelo podía producir resultados equivalentes o mejores.

    1. La desaparición del FONDEN y la respuesta ante los desastres naturales

    La desaparición del Fondo de Desastres Naturales representó otro cambio de gran trascendencia. El gobierno sostuvo que era necesario combatir la corrupción y evitar el uso irregular de los recursos públicos. Sin embargo, eliminar un mecanismo institucional no resolvía por sí mismo los problemas de prevención, reconstrucción y atención a las comunidades afectadas. La cuestión central era garantizar que existieran recursos oportunos, reglas claras y mecanismos verificables para responder a terremotos, huracanes e inundaciones. La protección de la población no puede depender únicamente de decisiones administrativas o de la disponibilidad presupuestaria del momento.

    1. La cancelación del aeropuerto de Texcoco

    La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, en Texcoco, fue una de las decisiones económicas más emblemáticas de López Obrador. El proyecto había generado cuestionamientos ambientales, financieros y contractuales, pero su cancelación también produjo costos económicos, compromisos financieros y una prolongada controversia sobre el uso de los recursos públicos. Más allá de las posiciones políticas, la decisión planteó una pregunta esencial: ¿se justificó suficientemente el costo de abandonar una infraestructura estratégica y sustituirla por un modelo aeroportuario diferente? La discusión sobre Texcoco se convirtió en un símbolo de la relación entre decisiones presidenciales, certidumbre jurídica y confianza de los inversionistas.

    1. Las grandes obras y el costo de las prioridades presidenciales

    El Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y la refinería de Dos Bocas fueron presentados como proyectos emblemáticos de la transformación nacional. Sus defensores destacaron la infraestructura, el desarrollo regional y la soberanía energética; sus críticos cuestionaron los costos, los plazos, los impactos ambientales y las expectativas de rentabilidad. La evaluación de estas obras requiere distinguir entre los beneficios potenciales, los resultados comprobables y los recursos comprometidos. Un gobierno no debe medirse solamente por el número de obras inauguradas, sino por su utilidad social, su sostenibilidad financiera y su contribución efectiva al desarrollo.

    1. El endeudamiento y la presión sobre las finanzas públicas

    Aunque López Obrador hizo de la austeridad y la disciplina fiscal parte de su discurso, el comportamiento de la deuda pública y las necesidades de financiamiento del sector público dejaron un debate importante sobre la sostenibilidad de las finanzas nacionales. El análisis no debe limitarse a una cifra aislada: también debe considerar el crecimiento económico, los ingresos públicos, las tasas de interés, los compromisos de las empresas estatales y las obligaciones futuras. La pregunta es si el gobierno dejó suficiente margen fiscal para atender nuevas necesidades sociales, invertir en infraestructura y enfrentar posibles crisis económicas sin comprometer excesivamente a las siguientes administraciones.

    1. El deterioro y la incertidumbre en el sistema de salud

    La transformación del sistema de salud estuvo marcada por cambios institucionales, problemas de implementación y cuestionamientos sobre el abastecimiento de medicamentos y la atención a los pacientes. La desaparición del Seguro Popular y la creación de nuevos esquemas buscaron modificar la cobertura sanitaria, pero la transición generó dificultades que fueron denunciadas por pacientes, trabajadores y especialistas. Posteriormente se impulsaron nuevos mecanismos de atención, incluido el IMSS-Bienestar. La evaluación debe centrarse en una pregunta elemental: ¿los ciudadanos pudieron acceder oportunamente a médicos, tratamientos, medicamentos y hospitales con mejores resultados que antes?

    1. El retroceso educativo y los desafíos de la formación nacional

    La educación fue otro de los grandes desafíos del sexenio. La pandemia provocó una interrupción extraordinaria de las clases presenciales y pérdidas de aprendizaje que no pueden atribuirse exclusivamente a una sola administración. Sin embargo, también correspondía al gobierno establecer estrategias eficaces de recuperación, evaluar los rezagos y fortalecer la formación docente. Los resultados internacionales, como los de PISA, mostraron importantes dificultades del sistema educativo mexicano. El cambio de planes y programas, la distribución de materiales y la orientación de la política educativa generaron controversias. El problema de fondo es que sin educación de calidad resulta mucho más difícil reducir la pobreza y elevar la productividad.

    1. La debilidad del crecimiento económico y la inversión

    La economía mexicana enfrentó durante el sexenio condiciones internacionales adversas, incluida la pandemia, que afectó profundamente la actividad productiva. Aun así, las decisiones internas también deben examinarse por sus efectos sobre la confianza empresarial, la inversión y la productividad. La cancelación de proyectos, la incertidumbre regulatoria y los cambios en las reglas de determinados sectores alimentaron cuestionamientos sobre la certidumbre para invertir. Aunque México mantuvo ventajas importantes por su integración comercial con Estados Unidos, el reto consistía en convertir esas oportunidades en un crecimiento más sólido, con empleos mejor remunerados y mayor productividad.

    1. La confrontación con los contrapesos y la polarización política

    Las conferencias presidenciales diarias se convirtieron en el principal instrumento de comunicación política de López Obrador. Desde ellas, el mandatario fijó la agenda pública y defendió sus decisiones, pero también protagonizó enfrentamientos recurrentes con periodistas, opositores, organizaciones civiles y críticos de su gobierno. La polarización no comenzó con su administración ni puede atribuirse exclusivamente a ella; sin embargo, el lenguaje presidencial tuvo un peso particular por la autoridad y visibilidad del cargo. Una democracia sólida requiere debate público, crítica al poder y respeto a quienes piensan diferente.

    1. La opacidad y las contradicciones del discurso anticorrupción

    López Obrador construyó buena parte de su legitimidad política alrededor de la promesa de combatir la corrupción y terminar con los privilegios. Sin embargo, durante su gobierno surgieron controversias y denuncias relacionadas con contratos, posibles conflictos de interés, asignaciones de recursos y actuaciones de funcionarios o personas cercanas al poder. Cada caso exige distinguir entre señalamientos, investigaciones y responsabilidades acreditadas; no es correcto presentar todas las acusaciones como hechos probados. Pero precisamente por haber hecho de la honestidad una de sus principales banderas, el gobierno tenía la obligación de garantizar investigaciones independientes, transparencia y rendición de cuentas sin excepciones.

    1. La contradicción entre el discurso de transformación y el legado institucional

    El balance final del sexenio debe considerar tanto los programas sociales y el aumento del salario mínimo como las deficiencias y controversias en seguridad, salud, educación, infraestructura y funcionamiento institucional. Reconocer los avances no obliga a ignorar los problemas, del mismo modo que señalar los errores no significa desconocer todos los beneficios de las políticas públicas. La principal crítica al legado de López Obrador es que su proyecto de transformación concentró una enorme autoridad política, pero dejó interrogantes sobre la eficacia del Estado, la fortaleza de los contrapesos y la capacidad de resolver problemas estructurales.

    Para Claudia Sheinbaum, esa herencia representa un desafío político y administrativo. Continuar el proyecto de su antecesor implica asumir también la responsabilidad por sus resultados, corregir sus errores y demostrar que la continuidad puede traducirse en mejores condiciones de seguridad, bienestar, crecimiento y justicia.

    La evaluación definitiva de un presidente no depende solamente de la popularidad que conserve, de la fuerza de su movimiento político o de la magnitud de sus promesas. Depende, sobre todo, de los resultados que deja, de la fortaleza de las instituciones y de las condiciones en que entrega el país a quienes deben gobernarlo después.

    La denominación de Estados Unidos a los cárteles de la droga como narcoterroristas, abre la persecución de ese país contra políticos mexicanos coludidos con los criminales y ello, de suyo, traerá grandes costos políticos a la 4t, además de los casos de huachicoleo fiscal que se trató de una operación gigantesca de más de 800 mil millones de pesos con daño al erario público.