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Histórica participación del SNTE en la Feria Internacional del Libro de Coahuila Destacado

04 May 2026
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Histórica participación del SNTE en la Feria Internacional del Libro de Coahuila Imagen tomada de: https://snte.org.mx/

El secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), maestro Alfonso Cepeda Salas, expresó su beneplácito por la histórica participación de la organización magisterial en la 28 edición de la Feria Internacional del Libro de Coahuila (FILC) 2026.

 

Durante una visita al estand del Sindicato, Cepeda Salas recordó que, por octava ocasión, el SNTE hace visible el trabajo docente en ese encuentro de las letras, y reconoció a profesores de distintos niveles educativos que han escrito libros bajo la Editorial de los Maestros “Benito Juárez”.

 

Subrayó que “esas obras son un ejemplo de la probada capacidad de quienes entregan lo mejor todos los días en las aulas y también fuera de ellas. Cada título escrito por un maestro es motivo de orgullo; eso engrandece al magisterio y también a nuestro Sindicato”.

 

El dirigente nacional explicó que se trata de un hecho histórico, porque más de 30 mil personas han visitado el Ágora del SNTE desde que comenzó su presencia en la FILC.

 

Añadió que, este año, el espacio instalado por el Sindicato exhibe más de 3 mil 700 ejemplares del Fondo Editorial del Magisterio. 

 

Cepeda Salas agradeció a compañeros de once secciones sindicales y del Centro Cultural del México Contemporáneo que colaboraron para el buen funcionamiento del Ágora, donde hubo presentación de libros, conferencias, talleres y diversas actividades artísticas, ofrecidas por más de 300 profesores, entre activos y jubilados.

 

Destacó que, además, maestros de reconocida preparación académica compartieron experiencias de buenas prácticas educativas para el fortalecimiento de la Nueva Escuela Mexicana.

 

La Feria Internacional del Libro de Coahuila (FILC) 2026 comenzó el 24 de abril y concluye el 3 de mayo, en el Centro Cultural de la Universidad Autónoma de Coahuila, Campus Arteaga. En esta ocasión, tuvo como lema “Leer es de gigantes”.

 

Durante la visita del dirigente nacional estuvieron los secretarios generales de las secciones 5, Everardo Padrón García; 20, Guillermina García Rodríguez; 21, José Francisco Martínez Calderón; 38, Isela Licerio Luévano, y 50, Juan José Gutiérrez Reynosa.

 

Acudieron también los profesores Guadalupe Adolfo Salinas Garza, Elsa María Martínez Peña, Aquiles Cortés López y Javier San Martín Jaramillo, representantes del Comité Ejecutivo Nacional en las secciones 5, 21, 38 y 50, respectivamente.

 

Con información de: https://snte.org.mx/

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.