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Desde San Lázaro. La educación no puede ser rehén de intereses políticos y económicos. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

30 Jun 2026
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Desde San Lázaro. La educación no puede ser rehén de intereses políticos y económicos. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/SEP_mx

Mientras la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) insiste en mantener una estrategia basada en bloqueos, plantones, chantajes y presión política, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) fijó una postura que marca una diferencia de fondo sobre el futuro de la educación pública en México.

En un pronunciamiento dirigido al Gobierno de la República, a los trabajadores de la educación y al pueblo de México, el SNTE rechazó de manera categórica "cualquier forma de radicalismo, violencia, provocación, chantaje o extorsión", al tiempo que reivindicó el diálogo como la única vía para resolver las diferencias entre el magisterio y las autoridades.

No se trata de una declaración menor.

Durante años, la CNTE ha convertido al chantaje en su principal espacio de negociación. El cierre de carreteras, los bloqueos ferroviarios, el secuestro de vialidades, la toma de edificios públicos y los plantones en el corazón de la Ciudad de México se transformaron en instrumentos de presión para arrancar concesiones presupuestales y políticas. Los costos de esa estrategia los pagaron millones de ciudadanos, miles de comerciantes y, sobre todo, los estudiantes que dejaron de recibir clases.

El mensaje del SNTE apunta justamente en sentido contrario.

La organización encabezada por Alfonso Cepeda Salas sostiene que la defensa de los derechos laborales del magisterio puede realizarse sin afectar el derecho superior de niñas, niños y jóvenes a recibir educación. La escuela, afirma el sindicato, sigue siendo el espacio donde verdaderamente se construye el futuro del país.

Y tienen razón.

Ninguna nación alcanza mayores niveles de desarrollo cerrando escuelas. Ninguna economía mejora cuando los alumnos permanecen semanas sin clases. Ningún proyecto de país puede consolidarse si millones de estudiantes acumulan rezagos educativos provocados por conflictos políticos ajenos a las aulas.

México necesita maestros enseñando, no maestros bloqueando.

La verdadera transformación comienza frente al pizarrón, no en el chantaje. Se construye en cada salón de clases donde un niño aprende a leer, donde un adolescente descubre la ciencia o donde un joven encuentra herramientas para aspirar a una mejor calidad de vida.

Ahí nace la igualdad de oportunidades.

El propio comunicado del SNTE recuerda que su prioridad es fortalecer la escuela pública como el principal instrumento para combatir la desigualdad social. Esa visión coloca nuevamente a la educación como política de Estado y no como moneda de cambio en negociaciones políticas.

El contraste con la CNTE resulta inevitable.

Mientras una organización reivindica el diálogo institucional, la otra continúa apostando por la confrontación. Mientras una defiende que las escuelas permanezcan abiertas, la otra utiliza la suspensión de clases como mecanismo de presión. Mientras una privilegia la construcción de acuerdos, la otra mantiene la lógica del conflicto permanente.

No significa desconocer que existen demandas legítimas del magisterio. Las hay y deben atenderse. Salarios, prestaciones, condiciones laborales, infraestructura escolar y fortalecimiento del sistema educativo requieren soluciones de largo plazo. Pero esas respuestas difícilmente surgirán mediante el chantaje o la afectación de millones de estudiantes.

La educación no puede seguir siendo rehén de intereses políticos ni económicos.

México enfrenta enormes desafíos en competitividad, innovación, desarrollo tecnológico y formación de capital humano. En ese contexto, cada día perdido en las aulas representa una oportunidad menos para una generación completa.

Por ello resulta relevante que el sindicato magisterial más grande de América Latina haya decidido enviar un mensaje claro: la educación debe estar por encima de la confrontación.

Hoy, más que nunca, el país necesita escuelas abiertas, maestros enseñando y alumnos aprendiendo. Necesita construir oportunidades, no bloquearlas; formar ciudadanos, no utilizarlos como rehenes de disputas sindicales.

Porque el futuro de México no se escribe en los plantones, en la parálisis institucional educativa, en el rezago y la mala calidad de la educación y en servidores públicos envueltos en el sospechosismo de actividades criminales.

Se escribe todos los días en cada salón de clases del país.

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El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.