Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Desde San Lázaro. Lo castigan fuera de México. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

22 Jul 2026
34 veces
Desde San Lázaro. Lo castigan fuera de México. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/

Ella pidió a Estados Unidos que lo repatriaran luego de su “secuestro ilegal de territorio nacional”, hoy, fue sentenciado a cadena perpetua.

La justicia puede llegar tarde, demasiado tarde incluso, pero finalmente alcanza a quienes durante décadas parecieron intocables. Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los narcotraficantes más poderosos de la historia contemporánea de México, fue condenado a cadena perpetua por una corte federal de Brooklyn, Nueva York, y deberá entregar 15 mil millones de dólares producto de sus actividades criminales.

A sus 76 años, la sentencia significa, en los hechos, que Zambada morirá en una prisión estadounidense.

El juez Brian Cogan terminó con una carrera criminal de casi cuatro décadas durante las cuales El Mayo encabezó una organización responsable del tráfico de enormes cantidades de cocaína, heroína, metanfetaminas y fentanilo hacia Estados Unidos, además de una estructura construida mediante asesinatos, secuestros, corrupción y lavado de dinero.

Sin embargo, la sentencia deja abierta una pregunta mucho más incómoda para México:

¿Cómo pudo permanecer libre durante tantos años?

Porque El Mayo no era un fantasma.

En Sinaloa, particularmente en Culiacán y en las zonas serranas donde ejercía influencia, desde hacía décadas circulaban historias sobre sus movimientos, propiedades, reuniones y lugares frecuentados. Mientras Joaquín “El Chapo” Guzmán entraba y salía de prisión, Zambada construyó un modelo diferente: bajo perfil, corrupción, protección territorial y una extensa red de relaciones que le permitió mantenerse fuera de las cárceles mexicanas.

Y precisamente ahí aparece el verdadero problema.

Ninguna organización criminal puede convertirse en una estructura multinacional, mover toneladas de drogas, lavar miles de millones de dólares y operar durante décadas sin encontrar complicidades dentro de instituciones públicas.

El propio Zambada reconoció al declararse culpable en agosto de 2025 que durante décadas dirigió una organización criminal que utilizó corrupción y violencia para garantizar sus operaciones. El Departamento de Justicia estadounidense documentó que encabezó el Cártel de Sinaloa desde finales de los años ochenta hasta su captura en julio de 2024.

Por eso sería demasiado cómodo cerrar este capítulo diciendo simplemente que cayó El Mayo.

Falta saber quiénes lo protegieron.

Qué funcionarios recibieron dinero, quiénes permitieron sus operaciones, qué policías miraron hacia otro lado, qué autoridades conocieron sus movimientos y, sobre todo, hasta dónde llegaron sus redes de protección política durante los distintos gobiernos federales.

Ahí está la verdadera bomba de tiempo.

La justicia estadounidense ha demostrado que no pretende quedarse únicamente con los grandes capos. Washington ha endurecido considerablemente su estrategia contra los cárteles mexicanos y mantiene abiertas investigaciones contra integrantes del Cártel de Sinaloa y otras organizaciones criminales.

El mensaje que llega desde Estados Unidos resulta particularmente incómodo para la clase política mexicana: la investigación no necesariamente termina cuando el narcotraficante entra en prisión.

Puede comenzar precisamente ahí.

Porque Zambada conoce como pocos las entrañas de cuatro décadas del narcotráfico mexicano. Conoce nombres, rutas, operadores financieros, intermediarios, policías, militares, empresarios y funcionarios con quienes su organización tuvo contacto.

Ese conocimiento constituye un archivo viviente de la relación entre narcotráfico, corrupción y poder.

La caída del Mayo también exhibe otra realidad dolorosa: nuevamente fue Estados Unidos y no México donde terminó enfrentando una sentencia definitiva uno de los criminales mexicanos más importantes.

Ocurrió antes con Joaquín “El Chapo” Guzmán, condenado a cadena perpetua en 2019, y ahora ocurre con Zambada.

México debería preguntarse por qué.

¿Por qué nuestros grandes narcotraficantes terminan respondiendo ante jueces estadounidenses mientras durante décadas construyen imperios criminales prácticamente frente a las autoridades mexicanas?

La respuesta seguramente no está únicamente en la capacidad de fuego de los cárteles.

Está también en la corrupción institucional que permitió su crecimiento.

El gobierno de Donald Trump seguramente capitalizará políticamente la sentencia como una victoria dentro de su estrategia contra los cárteles mexicanos. Y habrá más presión sobre México, particularmente ahora que Washington considera al narcotráfico y al fentanilo asuntos directamente vinculados con su seguridad nacional.

Por ello nadie debería sorprenderse con la aparición de expedientes relacionados con servidores públicos, exfuncionarios o personajes políticos.

Si existen pruebas, tendrán que responder ante la justicia, la de allá, porque la de acá es irresponsablemente omisa.

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • El quinto partido está más cerca que nunca

    La Selección Mexicana de futbol se encuentra ante una oportunidad histórica. Después de que concluya la fase de grupos como líder de su sector tras imponerse con autoridad al representativo de Corea y de República Checa, el camino hacia el anhelado quinto partido luce más despejado que en cualquier otra Copa del Mundo.

    Durante décadas, el famoso "quinto partido" se convirtió en una especie de maldición para el futbol mexicano. Generaciones enteras de jugadores se quedaron a las puertas de romper esa barrera psicológica y deportiva que ha perseguido al Tricolor desde que se instauró el actual formato de competencia. Sin embargo, el Mundial de 2026 ofrece condiciones inéditas que pueden cambiar la historia.

    Hay que considerar para este apunte que, al ser 48 selecciones, pues el quinto partido en realidad sería el cuarto con menos equipos.

    Terminar en el primer lugar del grupo no es un detalle menor. Significa evitar en la siguiente ronda a una potencia mundial y enfrentar a un tercer lugar clasificado, un rival que, al menos en el papel, tendría menor jerarquía futbolística. Pero existe otro factor que juega a favor de México y que podría resultar determinante: la localía.

    El Estadio Azteca volverá a convertirse en el escenario de las grandes gestas nacionales. El Coloso de Santa Úrsula no es un estadio cualquiera. Su historia, su ambiente y sus más de dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar representan una ventaja competitiva que pocas selecciones pueden presumir. Ahí han sufrido campeones del mundo, ahí se han escrito páginas legendarias del futbol internacional y ahí la Selección Mexicana suele multiplicar su rendimiento.

    Si los pronósticos se cumplen y México supera con éxito la ronda de eliminación directa frente al tercer lugar clasificado, el tan esperado quinto partido también se disputaría en el Azteca. Nuevamente, el Tricolor tendría de su lado a más de 80 mil aficionados convertidos en un auténtico jugador número doce, además de unas condiciones climáticas y geográficas que suelen incomodar a los visitantes.

    Por supuesto, a partir de los cuartos de final ya no existen rivales sencillos. Del otro lado aparecería una selección de primer nivel, una potencia acostumbrada a disputar las instancias definitivas de los mundiales. Sin embargo, incluso esos gigantes tendrían que enfrentar la presión de un estadio volcado completamente a favor del equipo mexicano y adaptarse a una altitud que históricamente ha sido un factor determinante.

    La ilusión, por primera vez en mucho tiempo, parece sustentarse en argumentos deportivos y no solamente en el entusiasmo de la afición. México ha mostrado orden táctico, personalidad y una generación de futbolistas que entiende la trascendencia de jugar un Mundial en casa. Además, el cuerpo técnico ha sabido gestionar la presión y aprovechar las ventajas que ofrece ser anfitrión.

    Por ello, no resulta exagerado pensar que el famoso quinto partido está al alcance de la mano. Más aún, existen condiciones reales para creer que el Tricolor puede ir más allá y buscar el sexto encuentro, una hazaña que colocaría a esta generación en el sitio más alto de la historia del futbol mexicano.

    El sueño ya no parece una utopía. El Azteca está listo, la afición está entregada y la Selección tiene el destino en sus manos. La oportunidad es inmejorable. Ahora corresponde al Tricolor convertir la ilusión de millones de mexicanos en una realidad que el país ha esperado durante décadas.