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De Cinco Estrellas. Latam y Delta realizan balance de su Joint Venture con 88 por ciento de crecimiento. Por: Victoria González Prado Destacado

24 Oct 2025
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De Cinco Estrellas. Latam y Delta realizan balance de su Joint Venture con 88 por ciento de crecimiento. Por: Victoria González Prado Realizan balance de su Joint Venture.
  • Latam y Delta realizan balance de su Joint Venture con 88 por ciento de crecimiento 
  • Las Vegas 2025: el lugar donde el deporte se convierte en espectáculo
  • Turismo de Galicia promueve el Camino de Santiago como foco de atracción principal 

A tres años del inicio de su Joint Venture, el grupo LATAM y Delta realizan balance e informan que desde el 2022, el acuerdo les ha permitido incrementar 88 por ciento su capacidad combinada (medido en ASK). Esto se traduce en nueve nuevas rutas, más de 62 mil vuelos operados y 14.5 millones de pasajeros transportados entre Estados Unidos y Canadá (América del Norte) y América del Sur (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay).

Algunos de los hitos más importantes durante el tercer año del acuerdo fueron la incorporación de Argentina a la cobertura del Joint Venture en Sudamérica para viajes a Estados Unidos y Canadá y el anuncio de nuevas rutas como Lima-Orlando, Buenos Aires-Miami, Guayaquil-Nueva York y Lima-Salt Lake-City. [1]

Soledad Berrios, directora de Alianzas Estratégicas del grupo Latam comenta, “el crecimiento de capacidad mencionado anteriormente, sumado a los más de 200 destinos ofrecidos por Delta en Estados Unidos y Canadá y los más de 130 ofrecidos en América del Sur hacen que el Joint Venture juegue un rol fundamental conectando la región, ofreciendo la red más grande y diversa en cuanto a destinos y opciones de viajes”,

Con Atlanta, Boston, Los Ángeles, Miami, Nueva York, Orlando y Salt Lake-City como puertas de entrada en América del Norte, y Bogotá, Cartagena, Fortaleza, Lima, Quito, Río de Janeiro, Santiago, São Paulo y Buenos Aires   como puertas de entrada en América del Sur, el Joint Venture Delta-Latam opera 30 rutas directas, conectando ciudades clave en ambos continentes.

Por su parte, Alex Antilla, vicepresidente para América Latina y el Caribe en Delta Air Lines, asegura, “el joint venture va más allá de la conectividad: se trata de crear una experiencia de viaje que los clientes adoren, con más destinos, más beneficios y más razones para elegir Delta y Latam. Juntos, no solo estamos acercando regiones, sino también ofreciendo servicios innovadores y opciones de viaje mejoradas que establecen un nuevo estándar para nuestros clientes".

Adicional a esto, los pasajeros pueden acceder a mayores beneficios como lo es la acumulación conjunta de millas o puntos en programas de viajero frecuente o el acceso a más de 53 salones de Delta Sky Clubs en Estados Unidos y seis lounges de Latam principalmente en América del Sur (Santiago, Buenos Aires, São Paulo, Bogotá, Lima y Miami). También hay beneficios recíprocos para clientes élite de los programas de fidelización Delta SkyMiles y Latam Pass, como prioridad en el check-in, abordaje y manejo de equipaje entre otras ventajas.

El Joint Venture también ha fortalecido la operación carguera. Desde su inicio, el tonelaje transportado junto a Delta ha aumentado 356 por ciento, alcanzando 2 mil 093 toneladas en lo que va del 2025. Entre otros avances, destaca la integración de los sistemas de seguimiento digital (e-tracking), así como la homologación de los principales productos de ambas compañías. Estos hitos permiten ofrecer servicio más confiable y consistente en toda nuestra red JV.

De cara al futuro, Latam y Delta siguen comprometidos con expandir su red dentro de la geografía del joint venture, ofrecer experiencias innovadoras a los clientes y generar nuevas oportunidades para sus pasajeros y las comunidades en todo el continente americano.

 
Realizan balance de su Joint Venture.

 

***** Las Vegas siempre ha sabido reinventarse. Pasó de ser oasis en el desierto a convertirse en el lugar que lo tiene todo. Y ahora, en pleno 2025, da otro paso más: se transforma en la capital mundial del deporte-espectáculo. Este año, dos eventos de escala global convierten a la ciudad en parada obligatoria para cualquier viajero con sed de adrenalina, glamour y experiencias únicas: la Fórmula 1 y el sorteo oficial del Mundial 2026 en la Sphere.

Del 20 al 22 de noviembre, Las Vegas recibe a miles de fanáticos, celebridades y aventureros de todo el mundo para presenciar el Gran Premio de Fórmula 1. La carrera atraviesa más de 6 kilómetros de pura velocidad con rectas diseñadas para alcanzar los 340 km/h. El evento se enmarca en uno de los escenarios visuales más impresionantes del planeta: la Sphere.

Este domo gigante, que ha sido calificado como “la pantalla LED más grande del mundo”, se ha convertido en el nuevo ícono arquitectónico de la ciudad. Durante el fin de semana del Gran Premio, se transforma en un elemento interactivo del evento: proyectando datos en vivo, gráficos, banderas y shows visuales sincronizados con lo que ocurre en pista.

En pocos meses, la ciudad será sede de otro hito: el sorteo oficial del Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará por primera vez en la Sphere. Este evento, que define los grupos del torneo más importante del planeta, marcará nueva forma de entender el fútbol como experiencia cultural y tecnológica.

La elección de la Sphere no fue al azar. La FIFA busca impresionar, y este escenario parece salido del futuro: con interior completamente inmersivo en 360°, luces, sonido envolvente y atmósfera que más se asemeja a espectáculo de Broadway que a ceremonia deportiva.

Aunque Las Vegas no albergará partidos del Mundial, su rol como anfitriona de este evento clave consolida su presencia como sede de los momentos más emblemáticos del deporte moderno.

Los viajeros que planeen su escapada para estas fechas deben saber que la ciudad ofrece mucho más allá de los eventos deportivos. Desde hoteles cinco estrellas con vistas al circuito, hasta restaurantes con chefs galardonados y experiencias artísticas inmersivas en espacios como Area15 o Meow Wolf, Las Vegas se vive con todos los sentidos.

 
El deporte aquí es espectáculo.

 

***** Turismo de Galicia intensifica la promoción de la región como destino turístico, con el Camino de Santiago como foco de atracción principal, de cara a mercados emisores americanos, europeos y asiáticos.

Así, se desarrollan distintas acciones dirigidas a periodistas, y tour-operadores, que ponen en valor a Galicia como destino sostenible y de calidad. En estas acciones promocionales se están invirtiendo 13 millones de euros anuales.

  1. UU. es el primer mercado internacional en número de peregrinos en lo que va de año, pues ya recorrieron el Camino de Santiago alrededor de 38 mil 475 estadounidenses.

Hasta el momento, más de mil 300 japoneses hicieron el Camino este 2025, pero esta es una opción que valoran especialmente dado el vínculo de hermanamiento con el Camino Kumano, también reconocido Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Del 27 al 31 de octubre, seis representantes de navieras realizarán viaje de   en colaboración con autoridades portuarias de A Coruña y Vigo. Estas dos ciudades son las principales receptoras de turismo de cruceros. De enero a julio de este año, 424 mil 61 viajeros llegaron en distintos cruceros, de los que casi 60 por ciento arribaron a Coruña y 38 por ciento a Vigo.

Finalmente, Turismo de Galicia está participando en el Festival del Viajero 2025 que se celebra en la ciudad polaca de Wejherowo, en colaboración con la Oficina Española de Turismo de Varsovia. Polonia es el país europeo, junto con Portugal, que más está desarrollando el Camino de Santiago en su territorio. En lo que llevamos de año, 7 mil 661 peregrinos polacos recorrieron la ruta lo que se traduce en 9 por ciento de incremento con respecto al año anterior.

 
El Camino de Santiago.

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.