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De Cinco Estrellas. No es lo mismo ser País Invitado que País Socio en la Feria Internacional de Turismo. Por: Victoria González Prado Destacado

09 Ene 2026
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De Cinco Estrellas. No es lo mismo ser País Invitado que País Socio en la Feria Internacional de Turismo. Por: Victoria González Prado No es lo mismo ser Invitado que Socio.
  • No es lo mismo ser País Invitado que País Socio en la Feria Internacional de Turismo (Fitur 2026)
  • Shaikha Al Nowais, inició su mandato oficial como Secretaria General de ONU Turismo
  • La Noche de Ángeles, en su décima versión, celebra, reconoce y agradece logros sobresalientes en la industria del turismo  

Como les comenté el miércoles pasado, se quedaron en el tintero algunas de las noticias importantes del sector. Una de ellas es que la Secretaría de Turismo federal (Sectur), anuncia con bombo y platillo, la gran fiesta que será la próxima versión de la Feria Internacional de Turismo, Fitur 2025, en las instalaciones de la Institución Ferial de Madrid, Ifema 

El asunto es que dice la Sectur que México es ‘País Invitado’, al punto de encuentro global en Madrid donde profesionales, empresas y destinos de más de 160 países se reúnen para generar negocios, presentar novedades, establecer alianzas y debatir el futuro del turismo.

La realidad, es que todo el mundo está invitado a la Fitur, adquieres tu espacio y llevas, de cualquier parte del mundo, los atractivos que quieres mostrar durante el encuentro. México, como el resto del mundo, siempre son invitados, pero no todos son el País Socio, que es muy distinto.

Para que nuestro país, pudiera ser Socio de Fitur en 2025, se estimó costo de alrededor de un millón de euros. Ese monto representa inversión fuerte para destacar internacionalmente en la feria más importante del sector turístico. Aunque el millón de euros es solo un ejemplo, el costo puede variar dependiendo de los acuerdos específicos, nivel de exclusividad y los servicios incluidos para el País Socio. 

En resumen, ser País Socio de la Feria Internacional de Turismo no es gratuito, es acuerdo comercial de alto valor para promocionar el destino, en este caso México, a nivel global. 

Los beneficios son: presencia destacada: ocupa lugar central, con imagen oficial y gran pabellón para exhibir toda la oferta turística. Permite proyectar la diversidad cultural, natural y gastronómica del país a nivel global. Aumenta el posicionamiento como destino competitivo y sostenible. Crea   puentes comerciales, de cooperación y atrae inversiones estratégicas además de facilita la creación de activaciones y espacios experienciales que acercan el público a las tradiciones locales. 

Ser País Socio, es distinción estratégica que convertirá en este 2026 a México en protagonista de la Fitur, brindándole plataforma única para el desarrollo turístico y la proyección internacional.   

 
No es lo mismo ser Invitado que Socio.

 

***** Shaikha Al Nowais inició su mandato oficial, el pasado 6 de enero, como Secretaria General de ONU Turismo. Su llegada al organismo internacional representa cambio generacional y visión renovada que pone a la resiliencia climática y la innovación digital en el centro de la agenda global. Shaikha asegura que su prioridad será ayudar a los países en desarrollo a construir infraestructuras turísticas que no solo generen ingresos, sino que protejan de forma real y medible los ecosistemas y las culturas locales.

Bajo su liderazgo, se espera que ONU Turismo impulse nuevo marco de certificación de sostenibilidad que sea obligatorio para los destinos que deseen acceder a fondos de desarrollo internacional.

La Secretaria General subraya que el turismo de 2026 debe ser herramienta de paz y diplomacia, capaz de construir puentes en contexto geopolítico complejo. Su gestión buscará reducir la brecha digital en el sector, asegurando que las pequeñas y medianas empresas turísticas tengan acceso a herramientas de inteligencia artificial para competir en el mercado global.

La comunidad internacional observa con optimismo este cambio, esperando que el organismo recupere su papel como el principal prescriptor de políticas turísticas éticas.

Al Nowais hereda sector que ha superado los retos de la década anterior, pero que ahora se enfrenta al desafío de la gestión de la masificación en los grandes hubs mundiales. Su capacidad para mediar entre los intereses económicos de las grandes potencias turísticas y la necesidad de protección ambiental será la prueba de fuego de su mandato en este inicio de 2026.

 
Shaikha Al Nowais.

 

***** La Noche de Ángeles, ‘El Ángel del Turismo’ en su décima versión celebra, reconoce y por qué no agradece, como en otros años, logros sobresalientes en la industria del turismo en México y ahora también a nivel internacional. Festeja, además, la labor de profesionales, empresas e instituciones y son, hoy por hoy, el reconocimiento por excelencia para quienes se dedican a esta que es, sin duda, la mejor de las industrias:  la que no tiene chimeneas.

Alguien dijo, y lamento no recordarlo, que el Ángel del Turismo está pensado y creado con amor. No lo dudo, Fidel Ovando, es quien lo pensó y creó. Es fiel turistero, amante de los viajes, en su momento tour operador receptivo, presidente de la AMAV-CDMX, nombrado embajador del Turismo y más.

El Ángel se entregó por primera vez en el año 2013 y en ese momento destacó a profesionales y empresas del sector que fueron reconocidas por su pasión, por promover el país, por ser parte de ese sector que “aguanta de todo”. 

Ovando, buscó la forma de reconocer el esfuerzo de muchas personas que tenían en sus manos la habilidad, ganas y esfuerzo de que la actividad turística destacara a nivel mundial. 

Hoy, La Noche de Ángeles, está consolidada como plataforma que reconoce trayectorias y fortalece liderazgos. El paso de los años, ha dado mayor crecimiento a esta iniciativa que, sin duda alguna, une a la industria. Cada año, hay un nuevo premio y, el 2025, no fue la excepción. Ahí estaban agencias de viajes, tour operadores, asociaciones civiles, cámaras empresariales, dependencias gubernamentales, hoteleros, planificadores de eventos, emprendimiento, promoción, gestión pública, sustentabilidad, transporte, hotelería, gastronomía y, otros profesionales del ramo.

 
Fidel Ovando, Claudia Albertina Ruiz Sántiz y la argentina, Laura Fernández.

 

El Hotel Marquís fue sede de la entrega de reconocimientos. César Menchaca, es el diseñador y escultor de la presea en los últimos años. Por cierto, se inspiró en la Victoria Alada, (Ángel de la Independencia), que engalana el Paseo de la Reforma y cada año Menchaca, viste a la presea de diferente forma, pero siempre con un lema.

No tengo duda, César Menchaca, es otro enamorado del turismo y de México. Por medio de la estatuilla, manda mensaje siempre para beneficio del turismo, para que recordemos lo qué tenemos como nación y deseamos proyectar al mundo.

Así, en el año 2025 los galardonados fueron:  Emprendedor o Innovador del Año: Tribu Nómada Travel; Mejor Producto Turístico: Mezcal Oro de Oaxaca; Turismo Comunitario y Rural: Centro Ecoturístico Kíichpam K´áx; Mejor Experiencia Gastronómica Mexicana: Claudia Albertina Ruiz Sántiz; Mérito al Turismo Sustentable y Accesible del Año; Instituto Mexicano de Turismo y Accesibilidad.

La categoría, Mérito Empresarial en la Industria de Reuniones fue para Laura Fernández, empresaria argentina, quien sólo al saber que fue nominada, dijo que ya era ganadora y decidió viajar a nuestro país. Su sorpresa fue mayúscula cuando le entregaron la estatuilla. Así, no podemos negar que el Ángel del Turismo ha traspasado fronteras y es, el mejor reconocimiento para quienes trabajan en la industria.

Para el Promotor de México en el Exterior: Euroamérica Group; Gestión o Institución Pública del Año: Sectur Nayarit; Mejor Experiencia Turística: Maja El Grande; Ángel del Turismo Honorario: Encore; Contribución Periodística al Turismo: Víctor Hugo Rubio Duarte; Hotel del Año: Nizuc Resort & Spa; Gestión Pública en Turismo de Reuniones: Buró de Congresos y Visitantes de Aguascalientes.

Trayectoria Profesional o Empresarial del Año: Magdalena Saldivar; Mejor Estrategia Internacional de Promoción de un Destino: ¡Ah! Chihuahua; Generador de Contenido del Año: Sin Postal; Mujer del Año: Judith Guerra y el Destino Turístico del Año: Puebla.

Enhorabuena para todos los galardonados, que ponen el nombre de México en el mundo, de una u otra forma.

 
Julio Chávez, Verónica González, Nathalie Desplas e integrantes del Instituto Mexicano de Turismo y Accesibilidad.

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.