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Inauguran exposición del certamen "Caminos de la Libertad"

31 Ago 2017
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* Rechaza Sergio Sarmiento que haya crisis de "moneros"

México, 31 Ago (Notimex).- Bajo el seudónimo “Guffo” y la obra “Vuela”, el caricaturista regiomontano Gustavo Fernando Caballero Talavera, resultó ganador de la segunda edición del concurso “Caminos de la Libertad”, cuya exposición de los mejores trabajos fue inauguada anoche en el Museo de la Caricatura de esta ciudad.

Durante la premiación en el recinto del Centro Histórico de esta capital, se dio a conocer que en el certamen organizado por Grupo Salinas y la Fundación Caminos de la Libertad participaron 174 trabajos de todo el país, de entre los cuales se premió a los que mejor plasmaron las ideas de libertad en la sociedad mexicana y ofrecieron ejemplos de éxito y fracaso en la aplicación de este derecho.

El periodista Sergio Sarmiento, director de Caminos de la Libertad, comentó a Notimex que a este certamen llegaron moneros de diferentes partes del país, bajo la premisa de que participara quien así lo quisiera, siempre y cuando el tema fuera la libertad.

“Ese es el mandato que tenemos en la Fundación, que promovamos la idea de la reflexión sobre la libertad y fueron casi 200 caricaturistas los que llegaron”, dijo Sarmiento, quien destacó que "nos estamos relacionando cada vez más con el medio de los caricaturistas, lo cual es maravilloso".

Explicó que si bien el oficio periodístico es difícil en México, "entre más peligro exista, más necesidad hay de recalcar la importancia de preservar la libertad; no sólo buscamos defender la libertad de expresión, sino todas las libertades, la de pensamiento, la de expresión, la económica, la política".

“Todas las libertades son las que nos permiten ser personajes libres, pero el gran reto es cómo se toma como tema filosófico la defensa de la libertad y se convierte en caricatura y sorprendentemente, muchos de estos participantes lo hicieron maravillosamente bien”, expresó.

Si bien el 2017 ha sido un año difícil en cuanto a la pérdida de moneros se refiere, Sarmiento rechazó que exista crisis de caricaturistas en México.

“Se nos han ido caricaturistas importantes como en años anteriores se nos fue Freyre, Abel Quezada, siempre pareció que cuando se nos iba un caricaturista nadie podría remplazarlo y, sin embargo, tenemos un gran número de caricaturistas ya maduros que están haciendo un trabajo extraordinario como Paco Calderón, El Fisgón o Helguera.

“Y como en todas las demás artes y oficios del periodismo, siempre nos parece que la ida de los grandes o clásicos significa que nos quedaremos sin gente, y la verdad no es así, en México hay un montón de nuevos caricaturistas y lo que están buscando es donde poner ofrecer su trabajo. No hay crisis de moneros, tenemos una gran producción”, indicó.

El segundo lugar de este concurso fue para Juan Carlos Salvador Nandho, originario de Zumpango, Estado de México, que bajo el seudónimo “Xuua”, presentó la obra “La libertad del otro es nuestra libertad”.

Mientras que el tercer sitio lo obtuvo Juan Jacabo Acosta Sinencio de Tlalnepantla, Estado de México, bajo el seudónimo “JacaboA” y su obra “La libertad de los otros mexicanos”. Los premiados recibieron 50, 30 y 15 mil pesos, respectivamente.

Los trabajos ganadores y 37 más de las mejores obras participantes conforman una exposición que anoche quedó inaugurada y que estará abierta hasta el próximo 30 de octubre.

“Caminos de la Libertad” nació en 2004 a iniciativa del Presidente de Grupo Salinas, Ricardo Salinas Pliego, a fin de promover la idea de la libertad como valor fundamental de la humanidad.

Hoy ss un foro que invita a reflexionar, a atreverse a aportar, discutir y proponer ideas de libertad a través de coloquios, simposios, conferencias, mesas redondas, en su página de internet www.caminosdelalibertad.com.

NTX/MBH/MCV

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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.