Contáctanos: 5546 8746
Síguenos en:
Fecha:

Inflación acelera a 4% en marzo

09 Abr 2019
220 veces

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación de 4 por ciento a tasa anual en marzo, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) este martes.

Este dato es mayor al registrado en febrero, donde tuvo una variación de 3.94 por ciento a tasa anual.

Sin embargo, la información dada a conocer esta mañana fue ligeramente menor a lo estimado por analistas consultados por Bloomberg, quienes esperaban una variación de los precios de 4.02 por ciento a tasa anual.

El dato publicado por el Inegi aún se encuentra dentro del rango objetivo del Banco de México (Banxico), que es de 3 por ciento, +/- un punto porcentual.

La inflación no subyacente, que es aquella que incluye los precios de productos de alta volatilidad como los energéticos y los agropecuarios, fue la 'culpable' de que la tasa de inflación se ubicara en el límite superior del rango estipulado por el Banco Central, al registrar un repunte de 5.47 por ciento a tasa anual y una variación mensual de 0.51 por ciento.

De acuerdo con el reporte del Inegi, la gasolina Magna presentó un incremento mensual de 2.72 por ciento, seguido de las alzas que presentaron el gas doméstico LP (1.4 por ciento) y la gasolina Premium (2.99 por ciento).

Por otra parte, los productos agropecuarios (el otro gran componente de la balanza no subyacente) continuó mostrando precios a la baja durante el tercer mes del año, al registrar una variación anual de 3.7 por ciento y una reducción mensual de 0.67 por ciento.

Entre los productos agropecuarios que más bajaron de precio se ubican el chile serrano (30.16 por ciento), los nopales (12.66 por ciento), la papaya (11.2 por ciento), el melón (8.59 por ciento), la papa (7.29 por ciento) y los plátanos (5.07 por ciento).

Respecto a la inflación subyacente, que es aquella que excluye los precios de los productos de alta volatilidad, mantuvo cierta resistencia a disminuir, al ubicarse en 3.55 por ciento a tasa anual, cifra similar a la observada durante febrero (3.54 por ciento). En el balance mensual, la variación se estableció en 0.34 por ciento.

Al interior de esta balanza, los precios de las mercancías (aquella que incluye alimentos, bebidas, tabaco, entre otras) aceleraron a 3.71 por ciento, mientras que los servicios (vivienda y educación principalmente) desaceleraron a 3.38 por ciento en comparación del mismo mes del año anterior.

Con información de Héctor Usla.

 

Valora este artículo
(0 votos)

El apunte del director

  • MAYO 2026
    **PACIFICACIÓN: SIN RENDICIÓN DE CUENTAS, NO HAY RUTA**

    La pacificación de México no admite atajos retóricos ni soluciones parciales. Es un objetivo legítimo, urgente y compartido, pero su cumplimiento exige algo más que despliegues operativos o ajustes discursivos: requiere reconstruir la confianza en las instituciones, cerrar espacios de impunidad y someter al escrutinio público a todos los niveles de gobierno.
    Durante años, la estrategia de seguridad ha oscilado entre la contención y la reacción. Se han fortalecido capacidades, sí, pero el fenómeno criminal ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En ese contexto, la discusión de fondo no puede eludirse: ¿cómo garantizar que las autoridades —federales, estatales y municipales— actúen con integridad y sin interferencias indebidas?
    La respuesta pasa por un principio básico en cualquier Estado de derecho: rendición de cuentas efectiva. Esto implica investigaciones independientes, fiscalías con autonomía real, sistemas de inteligencia que funcionen y mecanismos de control que no dependan de la voluntad política del momento. No se trata de señalar sin pruebas, sino de construir condiciones para que cualquier sospecha fundada sea investigada con rigor y transparencia.
    El desafío es mayúsculo porque la percepción de impunidad sigue siendo uno de los principales factores que erosionan la legitimidad institucional. Cuando la ciudadanía percibe que las reglas no se aplican de manera uniforme, que hay zonas grises o que ciertos actores están fuera del alcance de la ley, la confianza se diluye. Y sin confianza, cualquier política de seguridad está condenada a resultados limitados.
    En este punto, la coordinación entre niveles de gobierno es indispensable. La seguridad no es una competencia exclusiva de la federación ni puede resolverse desde un solo frente. Los estados y municipios juegan un papel central, tanto en la prevención como en la reacción. Sin embargo, esa coordinación debe ir acompañada de estándares claros y de la capacidad de intervenir cuando estos no se cumplen.
    La cooperación internacional también es un componente clave. México no enfrenta este problema en aislamiento. El tráfico de drogas, armas y dinero ilícito es transnacional por definición. De ahí que la colaboración con socios estratégicos deba centrarse en inteligencia, control de flujos financieros y combate a redes logísticas, más allá de discursos o tensiones coyunturales.
    Pero incluso con mejores herramientas y mayor coordinación, la pacificación no será posible si no se atienden las causas estructurales que alimentan la violencia. Desigualdad, falta de oportunidades, debilidad institucional y economías locales capturadas por el crimen forman parte del ecosistema que permite la reproducción del problema. Ignorarlos sería perpetuar el ciclo.
    El reto para el gobierno federal es doble. Por un lado, sostener una estrategia de seguridad eficaz y medible. Por otro, enviar señales claras de que no habrá tolerancia para conductas indebidas dentro del propio aparato estatal. Esto último es particularmente sensible, porque implica asumir costos políticos en aras de fortalecer el Estado de derecho.
    La narrativa importa, pero los resultados importan más. La pacificación no se decreta: se construye con instituciones que funcionen, con justicia que llegue a tiempo y con autoridades que rindan cuentas. En esa ecuación, el combate a la impunidad es el factor decisivo.
    El país no necesita más promesas grandilocuentes, sino una hoja de ruta clara, con metas verificables y mecanismos de seguimiento. La ciudadanía, cada vez más informada y exigente, no se conforma con diagnósticos. Exige soluciones.
    En síntesis, la pacificación de México pasa por un principio irrenunciable: nadie por encima de la ley y todos sujetos a escrutinio. Sin esa base, cualquier estrategia será, en el mejor de los casos, insuficiente. Con ella, se abre la posibilidad real de avanzar hacia un país más seguro y más justo.