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Desde San Lázaro. El Congreso en el ojo del huracán. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

01 Feb 2023
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Desde San Lázaro. El Congreso en el ojo del huracán. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/Mx_Diputados

El día de hoy comienza el segundo periodo ordinario de sesiones del Congreso y de inmediato se avizora continuar, por parte del bloque opositor, con la aprobación del paquete de leyes secundarias de la reforma electoral, denominado el Plan B del presidente, a lo que el grupo opositor conformado por el PAN, PRI y PRD se opondrá no solo en ambas cámaras, sino incluso en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por lo que los desencuentros estarán a la orden del día en ambas cámaras y en el máximo tribunal.

Desde ahora podremos decir que las elecciones del Estado de México y por supuesto, los comicios del 2024, serán el crisol por el que pasaran las discusiones parlamentarias, por lo que,  una vez más, los temas políticos predominarán en el Congreso por encima de los  que requieren resolución inmediata para atender los problemas que aquejan a la población.

En la etapa en que los partidos políticos definen las reglas en torno a la selección de sus candidatos para competir por la presidencia de la República, toda la actividad legislativa se contamina por “la lucha por el hueso” y por quedar cerca del “bueno”, y donde todos los legisladores participan y buscan también representar a sus instituciones públicas en los puestos de representación popular que estarán en juego.

No debemos pasar por alto que la elección de los consejeros del INE y de su consejero presidente, caldearán los ánimos al tope entre los legisladores y que, si no encuentran un método de selección adecuado para todos y que de suyo, será muy difícil, se dará paso a soluciones descabelladas como la propuesta del secretario de Gobernación, Adán Augusto López, de que sea por sorteo, es decir mediante la suerte, para cubrir esas vacantes.

También hay que considerar que hay más de cien nombramientos pendientes por resolver en organismos autónomos y de entes reguladores, por lo que los senadores y diputados, deben dejar su beligerancia de lado, para avanzar en este asunto.

Un tema que está pendiente en la agenda legislativa tiene que ver con recobrar la categoría Uno en seguridad aérea y que, de no resolverse en los próximos días, se volverá a retrasar la venía de la Administración Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA) y con ello, la degradación seguirá afectando a la aviación civil comercial y privada de México.

El titular de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), Jorge Nuño Lara, confió en que el Congreso apruebe las  reformas fundamentales legislativas a las leyes de Aviación Civil y de Aeropuertos.

Hay que mencionar que la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC)  tiene solventados los 39 hallazgos que dieron pie  a la degradación aérea, de hecho, 12 de ellas, ya están cerradas y 17 están en camino de ubicarse en ese rango, por lo que, para Nuño Lara, se recobrará la categoría 1 en el mes de abril de este año, aunque para que ello ocurra, es indispensable  aprobar las reformas legislativas señaladas.

La (FAA) y la AFAC tendrán una reunión del 6 al 10 de febrero, a fin de verificar el último informe que solicitaron para el regreso de la Categoría 1 a los aeropuertos mexicanos.

Para tener la Categoría 1 es necesario darle más facultades a la AFAC; por tal motivo, se alistan diversas modificaciones a la Ley de Aviación Civil.

 Como sabemos la degradación impide que las líneas aéreas mexicanas abran nuevas rutas comerciales con Estados Unidos.

Lo senadores y diputados deben tener altura de miras para dar paso a lo que requiere México y el recobrar la categoría 1 en la aviación es fundamental para el desarrollo económico.

En momentos en que los simpatizantes en el Congreso  de las cuatro corcholatas de Morena, ya tienen su favorito o favorita, al igual que los gobernadores de ese partido, el máximo líder moral de ese partido, dio un manotazo en la mesa, para recordarles que debe haber piso parejo y que, es improcedente que,  desde ahora, se desborden los apoyos y se recrudezcan las hostilidades, por lo que hizo un llamado a la mesura y a la unidad.

Y por fortuna, para ellos, ese fue el mensaje que dejaron durante la plenaria efectuada por ese partido, las 4 corcholatas.

Este llamado a la unidad, servirá para impedir el fuego amigo y la escisión  de la bancada  de Morena en la Cámara de diputados y la colegisladora.

Ahora, solo falta observar como el PRI va a procesar el agandalle de Alito, al mantenerse en la dirigencia nacional más allá del periodo por el que fue nombrado.

Los aliancistas, también se muestran recelosos por la lealtad de Alejandro Moreno y por ello, tienen también su plan B en caso de que no se pongan de acuerdo en la nominación de su candidato presidencial.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.