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UIF señala a García Luna por red de corrupción para robar 746 mdd Destacado

09 Feb 2023
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UIF señala a García Luna por red de corrupción para robar 746 mdd Imagen tomada de: https://twitter.com/lopezobrador_
  • La ‘red de corrupción y lavado de dinero’ de García Luna operó durante 20 años, incluidos los 6 años del sexenio de EPN, indicó Pablo Gómez, titular de la UIF

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador encabezó la conferencia de prensa matutina de este jueves 9 de febrero. Lo acompañaron el canciller Marcelo Ebrard, el general Luis Cresencio Sandoval y Pablo Gómez, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera.

 

Esta es la red de corrupción que García Luna utilizó para robar 746 mdd: UIF

Genaro García Luna, mano derecha en materia de seguridad de Felipe Calderón, robó al erario mexicano 745.9 millones de dólares a través de una “red de corrupción y lavado de dinero” que operó durante 20 años, afirmó Pablo Gómez, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF).

 

Frente al presidente Andrés Manuel López Obrador, el funcionario confirmó que el Gobierno de México presentó, el 21 de septiembre de 2021, una demanda civil en contra de exsecretario de Seguridad en el estado de Florida, Estados Unidos, con el objetivo de recuperar dicho dinero.

 

“Bajo auspicio de García Luna, un conglomerado empresarial familiar que opera en distintos países obtuvo 30 contratos con diversos órganos de seguridad pública en México, a partir de los cuales se extrajeron recursos públicos por un monto de 745.9 millones de dólares y sigue el examen de otras operaciones, no hemos terminado”, informó Pablo Gómez.

 

“Se hará todo el esfuerzo para recuperar el dinero del que se nos despojó como país y como pueblo”, sentenció.

 

Este dinero, aseguró el titular de la UIF, fue transferido al extranjero mediante mecanismos dirigidos a ocultar el rastreo de los recursos a través de paraísos fiscales y aplicados para la adquisición de bienes inmuebles, automóviles de lujos y otros activos en Estados Unidos.

 

En consecuencia, la UIF incluyó en la lista de personas bloqueadas a las personas que participaron en dicha ‘red de corrupción’ y los acusó de “corrupción, delincuencia organizada y lavado de dinero” ante la Fiscalía General de la República (FGR) en diciembre 2019.

 

Las personas que participaron en dicha ‘red de corrupción’ son, según la UIF:

 

Genaro García Luna

Linda Cristina Pereyra (esposa de Genaro García Luna)

Mauricio Samuel Weinberg López

Jonathan Alexis Weinberg Pinto

Sylvia Donna Pinto de Weinberg

Natan Wancier Taub

José Francisco Niembro Gónzalez

Martha Virginia Nieto Guerrero de Niembro

 

Con información de: El Financiero

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.