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Desde San Lázaro. Fracasa el Gobierno en el combate a la inflación. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

10 Feb 2023
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Desde San Lázaro. Fracasa el Gobierno en el combate a la inflación. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://twitter.com/INEGI_INFORMA

El Grupo Parlamentario del PAN propone reformar la Constitución y las leyes Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, y la de la Industria Eléctrica, a fin de crear el Fondo de Contingencia Inflacionaria, ha informado su coordinador Jorge Romero Herrera.

En conferencia de prensa, acompañado por las y los integrantes de su bancada, señaló que esta iniciativa forma parte de un Plan de Emergencia Contra la Inflación, que es prioridad en la agenda legislativa del PAN para este periodo ordinario.

El legislador apuntó que la inflación no es resultado del contexto internacional como afirma el Gobierno, sino que es consecuencia de que la inversión productiva en el país cayó.

“Estamos hoy a niveles del 2015 en términos de inversión productiva del país con respecto al PIB. Hay países que aportan más del 20 por ciento de su Producto Interno Bruto a producir, por ejemplo, alimentos; nosotros no llegamos ni al cuatro por ciento”, aseveró.

Alertó que desde el año 2000 no se había presentado el nivel de inflación que hoy tiene México, ya que la actual administración registra los niveles más altos en comparación con los últimos cuatro sexenios.

Recordó que el Ejecutivo implementó un programa contra la inflación y la carestía el año pasado, ya que la inflación llegó a más del ocho por ciento; sin embargo, fracasó, y prueba de ello es que el precio de los productos que se buscaban proteger fueron los que más se elevaron.

“Déjenme hablar de números. Vamos a comparar entre diciembre del 2018, con diciembre del 2022. ¿Cuánto costaba, en sus unidades de medida, el aceite? Pasó de 39 pesos a 76 pesos, aumentó un 93 por ciento, casi se duplicó. El azúcar pasó de 37 a 65 pesos; el huevo de 27 a 44; el limón 15 a 25; el pollo de 50 a 72; el frijol de 25 a 36 pesos”, subrayó.

Por lo mencionado, dijo, el PAN hace una propuesta y exhorta al oficialismo, que tiene la mayoría en esta Cámara de Diputados, a romper con su inercia y, en esta ocasión, escuchar lo que propone la oposición.

En su oportunidad, el diputado Jorge Inzunza Armas explicó que la iniciativa plantea un programa de apoyo para todos los productores de bienes de consumo que conforman la canasta básica.

Asimismo, dijo, se crearía un Fondo de Contingencia Inflacionaria con el propósito de destinar recursos a salvar la economía familiar, “para que, en épocas de alta inflación, tengan un apoyo durante cuatro meses”.

En tercer lugar, agregó, se propone una reforma a la Ley de la Industria Eléctrica, que permita que, cuando la inflación supere el 7 por ciento, se reduzca las tarifas eléctricas hasta en un 20 por ciento.

Por su parte, la diputada Patricia Terrazas Baca conminó a los 500 diputados y diputadas a que, a la brevedad, avalen estas propuestas, “pues los beneficios llegarían a la población de manera oportuna”.

“Este paquete económico se presenta para la integración de un fondo, que ese fondo deberá ser creado como patrimonio, pero sí por medio de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que es un fondo de contingencia inflacionaria y el patrimonio de ese fondo, se constituirá con recursos presupuestarios, esto es, vamos a sentarnos con el presupuesto de la federación y que sea aplicado de manera muy formal”, expuso.

Enfatizó que, de aprobarse esta iniciativa, sólo se tendrían 60 días para que, después de entrar en vigor, el Fondo tenga los siguientes criterios: un expediente de los beneficiarios que van a tener derecho a este subsidio y las atribuciones que le corresponden a los que crearán y ejecutarán.

Además, agregó, se deberá publicar vía Internet y en medios accesibles a los ciudadanos, la información relativa a la lista de beneficiarios. “Nuestra propuesta habla de la transparencia y de que sea obligatorio que exista una lista y la conozcamos todos”.

“Los recursos, materiales, humanos, económicos y financieros quedarán a cargo de este presupuesto, no se van a sacar de otro lado, sino que todo va a quedar dentro del fondo y va a tener la garantía de que se va a estar utilizando de forma responsable”, recalcó.

Pero en el caso de que la inflación disminuya, el 40 por ciento de esos recursos se pueden utilizar para programas sociales, y el otro 60 por ciento se quedaría en Fondo, en previsión de que se necesite, concluyó.

En otro tema, el coordinador Romero Herrera fue consultado sobre la reunión que sostendrá la Junta de Coordinación Política con el presidente de la Mesa Directiva, Santiago Creel Miranda, para abordar lo ocurrido en la sesión del Congreso General del 1 de febrero, a lo que respondió: “lo vamos a defender”.

“Dejar absolutamente claro que lo vamos a defender con todo, como lo hemos venido haciendo y como lo vamos a hacer. Segundo, estamos muy claros en que esa intención, así como lo digo, es una intentona. Todos sabemos que se ocupan dos terceras partes, que no tienen ni van a tener, para destituirlo”, sentenció.

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.