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Desde San Lázaro. Compra el IMSS bajo sospecha. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

11 Mar 2026
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Desde San Lázaro. Compra el IMSS bajo sospecha. Por: Alejo Sánchez Cano Imagen tomada de: https://x.com/Tu_IMSS

Una denuncia formal presentada de forma anónima ante el Órgano Interno de Control del Instituto Mexicano del Seguro Social solicita investigar dos procedimientos de contratación realizados en el Hospital de Cardiología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, luego de detectarse posibles irregularidades administrativas, diferencias económicas relevantes y el uso de una figura de adjudicación que no aparece en la legislación mexicana.

La denuncia se basa en documentos públicos disponibles en la plataforma oficial ComprasMX, donde se encuentran publicados los procedimientos AA-50-GYR-050GYR057-T-146-2025 y AA-50-GYR-050GYR057-T-149-2025, ambos relacionados con la adquisición de mobiliario hospitalario.

Los contratos fueron adjudicados al proveedor INALMEDICA, S.A. de C.V.

En la denuncia en cuestión se lee que, “Sin prejuzgar responsabilidad alguna y dejando a salvo las facultades investigadoras en el Órgano Interno de Control del IMSS, se revise la intervención por acción u omisión de Rosalva Carolina García Méndez, Directora de la UMAE Hospital de Cardiología CMN Siglo XXI y de Sergio Rosas García, encargado de la Dirección Administrativa de la UMAE”.

El tema amerita, además de la intervención de la titular de la Secretaria Anticorrupción y Buen Gobierno a cargo de Raquel Buenrostro Sánchez, ya que más allá de los montos señalados, que son pequeños en el enorme presupuesto asignado al IMSS, constituye una violación fragante al marco legal vigente.

Uno de los elementos que más llama la atención en la denuncia en cuestión es que en el dictamen de procedencia de uno de los procedimientos aparece la frase: “adjudicación directa abierta a cualquier interesado”.

Sin embargo, la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público establece únicamente tres modalidades de contratación: licitación pública, invitación a cuando menos tres personas y adjudicación directa.

Especialistas en contratación pública advierten que no existe margen legal para crear procedimientos híbridos, ya que la ley obliga a que las dependencias se apeguen estrictamente a los mecanismos establecidos para garantizar competencia y mejores condiciones para el Estado.

Otro de los puntos centrales de la denuncia es una diferencia económica considerable entre la investigación de mercado y el monto final adjudicado.

De acuerdo con el dictamen de procedencia del procedimiento AA-50-GYR-050GYR057-T-149-2025, el parámetro económico derivado de la investigación de mercado era de:

$490,248 pesos, pero el acta de adjudicación registró un monto total de: $909,420 pesos

La diferencia alcanza $419,172 pesos, lo que representa prácticamente un incremento cercano al 85% respecto al parámetro inicial.

Este tipo de variaciones obligan a revisar si se cumplió con el principio constitucional de obtener las mejores condiciones de precio y calidad para el Estado, establecido en el artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

La denuncia también solicita revisar si ambos procedimientos pudieron haber sido divididos artificialmente, lo que en términos administrativos se conoce como fraccionamiento.

El fraccionamiento está prohibido por la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público cuando se separa una compra para evitar procesos más competitivos, como una licitación pública o una invitación a cuando menos tres proveedores.

Ambos contratos presentan características que justifican una revisión: mismo tipo de bienes: mobiliario hospitalario, misma unidad médica, temporalidad cercana, mismo proveedor adjudicado

La denuncia solicita revisar la posible intervención, por acción u omisión, de servidores públicos adscritos a la unidad médica, entre ellos: la dirección de la UMAE Hospital de Cardiología del Centro Médico Nacional Siglo XXI y la dirección administrativa de la unidad

De confirmarse inconsistencias en los expedientes, el caso podría derivar en responsabilidades administrativas conforme a la Ley General de Responsabilidades Administrativas, incluyendo posibles faltas graves vinculadas con el manejo de recursos públicos.

En tanto, inquieta la siguiente pregunta; ¿Cómo terminó una compra de menos de medio millón de pesos costando casi el doble dentro del sistema de salud pública?).

El caso adquiere especial relevancia en un momento en que el sistema de salud enfrenta presiones presupuestales y demandas crecientes de equipamiento hospitalario. Por ello, la eventual investigación del Órgano Interno de Control del Instituto Mexicano del Seguro Social no solo deberá esclarecer lo ocurrido en estos procedimientos específicos, sino también determinar si se trató de una decisión administrativa aislada o de una práctica que podría repetirse en otros procesos de contratación dentro de la institución.

Llama la atención que Zoe Robledo, director general del IIMSS no tenga conocimiento de las traperías que hacen sus principales colaboradores como los dos funcionarios antes citados y Alba Alejandra Santos Carrillo, director de Prestaciones Económicas y Sociales y Rafael López Ocaña, jefe del órgano Administrativo Desconcentrado Sur, a quienes en otra denuncia anónima se les acusa de hacer trajes a la medida para proveedores cuates; y si tiene conocimiento, pues en menudo lio está el chiapaneco,  a quien por cierto se le menciona en los corrillos políticos para ser el candidato de Morena a la gubernatura de esa entidad.

(CONTINUARÁ)

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El apunte del director

  • 15 ABRIL 2026
    JARDINE HUNDE EL PRESTIGIO Y LA IDENTIDAD DEL AMÉRICA
    En el fútbol, la memoria es corta, pero la exigencia es permanente. Y en un club como el Club América, la historia no sólo pesa: obliga. Por eso, lo que hoy ocurre bajo la dirección técnica de André Jardine no puede analizarse desde la nostalgia de los títulos, sino desde la realidad inmediata de un equipo que ha perdido rumbo, carácter y, sobre todo, identidad.
    El tricampeonato conseguido por Jardine no está en discusión. Es un logro histórico que lo colocó en un lugar privilegiado dentro del americanismo. Pero en el fútbol de alta competencia, los éxitos pasados no otorgan inmunidad permanente. Y lo ocurrido en el último año —con la eliminación de la CONCACAF Champions Cup y el riesgo latente de quedar fuera de la liguilla— confirma que el ciclo está agotado.
    El América de hoy no se parece al equipo dominante que impuso condiciones en la liga. Es un conjunto predecible, conservador y, por momentos, temeroso. Un equipo que ha cambiado la vocación ofensiva que lo caracterizaba por un enfoque defensivo que no sólo no le garantiza resultados, sino que además traiciona su esencia.
    Porque el América no está diseñado para especular.
    Históricamente, el club ha construido su grandeza sobre una premisa clara: ser protagonista, imponer condiciones y jugar con autoridad. El ADN del América no admite medias tintas. Y, sin embargo, bajo Jardine, ese ADN parece diluirse en planteamientos cautelosos que reducen al equipo a una versión menor de sí mismo.
    El problema no es sólo táctico. Es estructural.
    La responsabilidad no recae únicamente en el banquillo. La directiva, encabezada por Emilio Azcárraga Jean, ha mostrado una paciencia que comienza a ser contraproducente. En cualquier otro club, los resultados recientes habrían detonado una evaluación profunda. En el América, en cambio, se ha optado por la continuidad sin ajustes de fondo.
    Y esa complacencia tiene costos.
    Desde el punto de vista deportivo, el equipo ha perdido competitividad. Desde el punto de vista económico, el riesgo es evidente: un América fuera de liguilla o sin protagonismo internacional afecta ingresos, audiencia y valor de marca. Pero más allá de los números, lo que está en juego es algo más importante: la identidad de la institución.
    Permitir que el equipo transite hacia la mediocridad competitiva es, en sí mismo, una contradicción con la historia del club.
    El otro gran problema está en la plantilla.
    Los refuerzos recientes, particularmente en el frente extranjero, no han estado a la altura de las exigencias del club. Lejos de marcar diferencia, han pasado desapercibidos en momentos clave. En un equipo que aspira a ser protagonista, los extranjeros deben ser determinantes, no complementarios.
    Y hoy, simplemente, no lo son.
    El América ha perdido peso en la cancha. Ha dejado de intimidar. Ha dejado de ser ese equipo que, incluso antes de jugar, imponía condiciones. Esa pérdida de jerarquía no es casualidad; es el resultado de decisiones acumuladas que no han sido corregidas a tiempo.
    Desde luego, cambiar de técnico no es una solución mágica. Pero en el fútbol, los ciclos existen y, cuando se agotan, insistir en ellos sólo profundiza el problema. Jardine ya no transmite la intensidad ni la claridad que el equipo necesita. Su propuesta se ha vuelto previsible y su margen de maniobra parece limitado.
    El mensaje del vestidor también importa. Y cuando un grupo percibe que el liderazgo se desgasta, el rendimiento colectivo inevitablemente se resiente.
    Por eso, la discusión no debe centrarse en si Jardine merece o no reconocimiento por lo logrado. Eso ya está en la historia. La discusión es si hoy tiene la capacidad de revertir la inercia negativa del equipo. Y la evidencia reciente sugiere que no.
    El América no puede darse el lujo de esperar a que la crisis se profundice.
    La exigencia de su historia obliga a tomar decisiones a tiempo. Decisiones que no siempre son cómodas, pero sí necesarias. Mantener un proyecto agotado por inercia o gratitud es una forma de renunciar a la competitividad.
    Y ese no es el sello del América.
    La salida de Jardine, junto con una revisión profunda de su cuerpo técnico y de la plantilla, no debe verse como un acto de ruptura, sino como un proceso de renovación. El club necesita recuperar su esencia, su agresividad, su ambición.
    Necesita volver a ser el América.
    Porque en este club, los títulos no se celebran eternamente; se defienden todos los días. Y cuando el equipo deja de hacerlo, la responsabilidad de corregir el rumbo recae en quienes toman las decisiones.
    Hoy, más que nunca, el América necesita menos complacencia y más carácter.
    Porque la grandeza no se administra.
    Se exige.