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Desde San Lázaro. A temblar la CNTE. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

15 Jun 2026
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Desde San Lázaro. A temblar la CNTE. Por: Alejo Sánchez Cano https://x com
Se tardó semanas la presidenta Sheinbaum en aplicar la fórmula que algunos de sus colaboradores le recomendaron desde el inicio del conflicto magisterial: dejar de negociar directamente con los diversos liderazgos de la CNTE y acudir directamente a la base del magisterio.
La apuesta inicial de mantener la interlocución con los líderes disidentes terminó fortaleciendo a quienes históricamente han utilizado la presión en las calles como mecanismo de negociación. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación volvió a recurrir a su viejo método: plantones, bloqueos, marchas y presión política en la capital del país para chantajear a la autoridad, quien con la presión del mundial de futbol en casa, se vio acorralada.
Pero algo cambió cuando llegó el 11 de junio, día de la inauguración del Mundial de Futbol en el Estadio Azteca o como se llame, ya que con imagen internacional del país en riesgo, se decidió imponer la fuerza del derecho.
La presión social, económica y política obligó al gobierno a modificar la estrategia. La presidenta Claudia Sheinbaum dio un paso adelante al tender puentes con los maestros del país y desplazar a los intermediarios sindicales, una jugada que busca restar capacidad de negociación a los dirigentes de la CNTE.
El dato es relevante: la CNTE no representa a todo el magisterio nacional. Frente a ella existe el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), encabezado por el maestro Alfonso Cepeda Salas, que mantiene la representación institucional de todos los docentes del país. La disputa de fondo no sólo es salarial o laboral; también es por el control del sindicato.
Durante semanas, la movilización magisterial generó afectaciones en la Ciudad de México y en estados como Oaxaca, Guerrero y Chiapas. En la capital, las manifestaciones apretaron con los preparativos mundialistas y provocaron impactos en vialidades, comercio y actividades turísticas. Reportes periodísticos señalaron afectaciones a reservaciones hoteleras en zonas del Centro Histórico ante la incertidumbre generada por las movilizaciones. 
El otro elemento que elevó la tensión fue el operativo de seguridad previo al Mundial. Autoridades capitalinas informaron del aseguramiento de 59 artefactos explosivos de fabricación casera en un autobús donde viajaban integrantes de la caravana de Ayotzinapa y maestros que se dirigían a la Ciudad de México. La presidenta señaló posteriormente que no hubo detenidos y que correspondía revisar el caso a las autoridades ministeriales. 
El mensaje político fue claro: el gobierno no estaba dispuesto a permitir que grupos radicales condicionaran un evento de alcance mundial.
La pregunta ahora es qué ocurrirá con los días que restan del torneo y los partidos programados en el Estadio Azteca. La CNTE sabe que cada concentración en la víspera de los partidos tiene un valor mediático mayor que una protesta ordinaria. Por eso buscará mantener capacidad de presión.
Sin embargo, enfrenta un nuevo escenario. La estrategia presidencial cambió: nula negociación con los liderazgos de la disidencia, más comunicación directa con los maestros, además de que las fuerzas del orden los esperan, incluso con el tolete en la mano.
El gobierno tendrá que encontrar el equilibrio entre garantizar el derecho constitucional a la manifestación y aplicar el Estado de derecho cuando las protestas afectan derechos de terceros, la actividad económica o la seguridad pública.
Nadie quiere que el gobierno se convierta en represor, pero sí que garantice los derechos de los ciudadanos afectados.
El Mundial está dejando una lección política: los tiempos cambiaron. Lo que en el pasado funcionó como mecanismo de presión de grupos antisistémicos como la CNTE, que en su momento fueron aliados de AMLO y de la misma Sheimbaum, ahora, por la presión social nacional e internacional, el gobierno tendrá que actuar conforme a que mandata el orden constitucional. 
La presidenta reaccionó tarde, pero finalmente entendió que el conflicto magisterial no podía resolverse únicamente con interlocutores acostumbrados a administrar la protesta.
En medio del conflicto a nadie parece importarle el impacto brutal que tiene el abandono irresponsable de los maestros de la CNTE en las aulas en cinco entidades del país. Si en Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Michoacán y algunas escuelas de la CMDX existen los niveles más altos de deserción escolar y menor nivel de aprendizaje, pues con la irresponsabilidad de sus docentes, menos saldrán de la marginación y la pobreza.
La presidenta de México debe entender que poner orden entre la disidencia magisterial es trabajar por mejorar la calidad de la educación en las entidades más marginadas del país. 
Si consideramos realmente cuales son las prioridades de los gobiernos de la autollamada 4T nos damos cuenta que en primer lugar es mantener el poder y después, vendrán la solución a los problemas que más aquejan a la población como es precisamente el precario sistema de educación pública que tenemos.


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El apunte del director

  • JUNIO 2026
    La verdadera amenaza a la soberanía mexicana 

    La relación entre los gobiernos de la presidenta Claudia Sheinbaum y Donald Trump atraviesa uno de sus momentos más complejos y delicados. Más allá de las diferencias ideológicas naturales entre una mandataria identificada con la izquierda latinoamericana y un presidente estadounidense de corte nacionalista y conservador, el punto de choque se encuentra en un tema que afecta directamente a ambas naciones: el poder del crimen organizado y la presencia de actores políticos vinculados con estructuras criminales.

    Durante años, el narcotráfico dejó de ser únicamente un problema de seguridad pública para convertirse en un fenómeno que permeó instituciones, gobiernos locales y estructuras de poder regional. Hoy, vastas zonas del territorio nacional se encuentran bajo la influencia o control de organizaciones criminales que desafían al Estado mexicano, imponen reglas, cobran extorsiones, controlan economías enteras y limitan el ejercicio pleno de la autoridad.

    Desde la óptica de Washington, estos grupos representan una amenaza directa para la seguridad de Estados Unidos por el tráfico de drogas, especialmente fentanilo, así como por sus redes financieras y de contrabando. Sin embargo, la discusión no debería centrarse únicamente en el impacto que tienen al norte de la frontera. La primera víctima de los cárteles ha sido México.

    Por ello resulta cuestionable la narrativa oficial que presenta cualquier señalamiento extranjero sobre la infiltración criminal en la política mexicana como una agresión a la soberanía nacional. La soberanía no se vulnera cuando se denuncia la presencia de criminales en las estructuras de gobierno; la soberanía se debilita cuando grupos delincuenciales sustituyen al Estado, controlan municipios enteros y condicionan la vida de millones de ciudadanos.

    En ese contexto, el discurso pronunciado por la presidenta Sheinbaum en la Plaza de la República, donde denunció supuestas intenciones de injerencia extranjera y advertencias sobre intentos de influir en los procesos electorales mexicanos, parece haber elevado innecesariamente la tensión bilateral. En lugar de privilegiar la prudencia diplomática, el mensaje adquirió un tono de confrontación que difícilmente contribuirá a mejorar una relación estratégica para ambos países.

    México y Estados Unidos comparten una de las fronteras más dinámicas del mundo, intercambios comerciales superiores a cientos de miles de millones de dólares al año y desafíos comunes en materia migratoria, económica y de seguridad. Convertir las diferencias en un conflicto político permanente no beneficia a ninguna de las dos naciones.

    La preocupación de Washington respecto a posibles vínculos entre funcionarios públicos y organizaciones criminales puede resultar incómoda para el gobierno mexicano, pero ignorarla o descalificarla mediante discursos nacionalistas no resolverá el problema de fondo. La pregunta central no es si existe presión extranjera, sino qué tan profunda es la penetración del crimen organizado en determinadas regiones y estructuras políticas del país.

    La historia reciente demuestra que los cárteles han logrado construir redes de protección política que les permiten operar con impunidad. Negar esa realidad sería tan irresponsable como aceptar sin pruebas cualquier acusación proveniente del extranjero. Lo que corresponde es fortalecer las instituciones de procuración de justicia, transparentar las investigaciones y garantizar que nadie esté por encima de la ley.

    La defensa de la soberanía nacional debe comenzar por recuperar plenamente el control territorial del Estado mexicano. Mientras existan regiones donde las organizaciones criminales ejerzan funciones que corresponden a las autoridades legítimas, cualquier discurso patriótico corre el riesgo de convertirse en una simple declaración retórica.

    La relación entre Trump y Sheinbaum será inevitablemente complicada por sus diferencias de visión política. Sin embargo, el mayor desafío no debería ser la confrontación verbal entre ambos gobiernos, sino la construcción de mecanismos eficaces para combatir a quienes verdaderamente amenazan la estabilidad de México: las organizaciones criminales y sus redes de protección política.

    Porque la soberanía no se pierde cuando un aliado cuestiona la actuación de un gobierno. La soberanía se pierde cuando el Estado deja de ejercer plenamente su autoridad sobre su propio territorio.