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De Cinco Estrellas. Baja California Sur actualiza a 488 pesos el programa Embrace it para visitantes internacionales. Por: Victoria González Prado Destacado

16 Ene 2026
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De Cinco Estrellas. Baja California Sur actualiza a 488 pesos el programa Embrace it para visitantes internacionales. Por: Victoria González Prado Baja California Sur actualiza el programa Embrace it.
  • Baja California Sur actualiza a 488 pesos el programa Embrace it para visitantes internacionales
  • Nueva York inicia el año con declaración cultural contundente en el Museum of Modern Art
  • Arajet ya tiene certificado de membresía IATA, el principal organismo de representación global de aerolíneas

Baja California Sur actualizó de 470 a 488 pesos por persona (o su equivalente en dólares estadounidenses, según el tipo de cambio vigente) el aprovechamiento turístico Embrace it para visitantes internacionales y confirmó su aplicación desde el 1 de enero de 2026.

El ajuste representa 18 pesos de incremento frente a 2025. En línea con la agenda global de turismo responsable, el gobierno estatal indicó que los recursos se destinarán a protección ambiental, infraestructura turística y proyectos sociales y culturales en comunidades de la península.

El aprovechamiento, previsto en la Ley de Hacienda estatal, aplica a visitantes internacionales mayores de 12 años que ingresen por aire o tierra y que permanezcan más de 24 horas en Los Cabos, Cabo San Lucas, La Paz o Loreto. El pago es obligatorio y se realiza exclusivamente en línea a través de https://embraceit.bcs.gob.mx/ antes del viaje o al llegar al destino. Esta plataforma genera certificado electrónico con código QR que puede solicitarse al turista durante la estancia o en puntos de entrada, conforme a la normatividad vigente.

Hugo Chapoy Córdova, director de Ingresos de Tourist Tax México, empresa encargada de operar la plataforma y la experiencia digital del visitante, comenta: “nos enorgullece la aceptación que ha tenido Embrace it entre los visitantes internacionales. Los datos agregados confirman comportamiento ordenado: pagos realizados con anticipación, mayor actividad en días hábiles y estancias con patrones definidos. Esto refuerza el enfoque de turismo responsable que impulsa Baja California Sur”.  

De julio a diciembre de 2025, los datos agregados del programa Embrace it reflejan perfil de visitante internacional predominantemente norteamericano: Estados Unidos concentra 77.1 por ciento de los registros y Canadá el 17.5 por ciento, mientras que el resto de los países representa el 5.4 por ciento. Por edad, el comportamiento se concentra en viajeros adultos, con mayor presencia en los rangos de 45 a 59 años (30.25 por ciento) y de 60 años en adelante (29.94 por ciento), seguidos por 30 a 44 años (24.52 por ciento) y 18 a 29 años (11.78 por ciento); los menores de 18 años muestran una participación menor.

En cuanto al momento del pago, la mayor actividad se registra en días hábiles (74.92 por ciento), con viernes como el día con mayor número de operaciones (15.87 por ciento). La anticipación del pago se concentra principalmente entre una y dos semanas antes del viaje (32.80 por ciento) y entre cuatro y seis días previos (27.39 por ciento). Solo 5.41 por ciento para el mismo día de su viaje. Respecto a la duración de la estancia, el patrón más frecuente es de siete días (27.14 por ciento), seguido de estancias de cuatro días (19.68 por ciento) y cinco días (15.44 por ciento).

Embrace it opera bajo el programa Una Sola Voz, un marco colaborativo que articula al gobierno estatal, la iniciativa privada y la industria turística para ofrecer mensaje unificado a los visitantes: “Paga el aprovechamiento turístico y protege Baja California Sur”. Toda la información oficial está disponible en https://embraceit.bcs.gob.mx/

 
Baja California Sur actualiza el programa Embrace it.

 

***** Nueva York inicia el año con declaración cultural contundente en el Museum of Modern Art, donde Frida and Diego: The Last Dream sitúa a la ciudad en el centro de diálogo global entre arte, performance y diseño. Con apertura el 29 de marzo y en exhibición hasta el 12 de septiembre, la muestra reúne obras fundamentales de Frida Kahlo y Diego Rivera pertenecientes a la colección del MoMA, junto con una cuidada selección de préstamos internacionales, presentadas dentro de instalación escenográfica inspirada en el estreno mundial en la Ópera Metropolitana de El Último Sueño de Frida y Diego.

Concebida como entorno inmersivo y teatral, la exposición fue diseñada por Jon Bausor, quien traduce el lenguaje operístico al espacio expositivo e invita al visitante a universo mítico y emocionalmente intenso, anclado en la simbología del Día de Muertos. Más que retrospectiva, la muestra replantea la obra de ambos artistas desde perspectiva interdisciplinaria —donde convergen pintura, fotografía, música y diseño escénico, subrayando el papel del MoMA como plataforma de innovación curatorial y reafirmando a Nueva York como capital global de la reinvención cultural y del arte latinoamericano.

En distintos puntos de la ciudad, las instituciones continúan fortaleciendo la posición de Nueva York como destino artístico de primer nivel. En el Jewish Museum, Identity, Culture, and Community: Stories from the Collections of the Jewish Museum marca la reapertura del tercer piso del museo tras su renovación arquitectónica más significativa en más de 30 años. Las galerías reimaginadas reconectan distintos niveles, amplían el acceso a la colección permanente con más de 200 obras en exhibición e incorporan nuevo centro educativo, reforzando el compromiso del museo con el diálogo cultural y la relevancia contemporánea. Este momento coincide con el regreso del New York Jewish Film Festival que inició ayer miércoles 14 y concluye el 28 de enero próximo, consolidando la agenda cultural invernal de la ciudad.

La música y la memoria histórica convergen con el lanzamiento de United in Sound en Carnegie Hall, festival que abarca toda la ciudad y se extiende de enero a junio. Anclado en más de 35 conciertos en Carnegie Hall y expandiéndose a instituciones culturales en los cinco distritos de Nueva York, el programa celebra 250 años de música estadounidense, combinando tradición clásica, expresión contemporánea y narrativas comunitarias en formato que trasciende la sala de conciertos.

Para los amantes del arte europeo y de las experiencias museísticas íntimas, The Morgan Library & Museum presenta Giovanni Bellini’s Pietà Restored junto a Boy with a Basket of Fruit de Caravaggio (enero–abril). Estas muestras ofrecen encuentro excepcional y cercano con obras maestras del Renacimiento y el Barroco, contextualizadas con sensibilidad dentro de los históricos estudios y la prestigiosa colección del Morgan, en experiencia que se percibe a la vez erudita y profundamente personal.

Por su parte, el Brooklyn Museum dirige la mirada hacia Venecia con Monet and Venice, la presentación dedicada a Monet más relevante en la ciudad en más de 25 años. Con más de 100 obras y materiales de archivo, la exposición explora la fascinación del artista en su etapa tardía por la luz y la atmósfera de la ciudad italiana, reforzando el papel de Brooklyn como actor clave dentro de la narrativa artística global de Nueva York.

 
Frida and Diego: The Last Dream, en el MoMA.

 

***** Tras 30 años de ausencia de aerolíneas dominicanas en el directorio de miembros de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), Arajet anuncia que ha logrado recibir el certificado de membresía IATA, el principal organismo de representación global de aerolíneas.

Así la aeronáutica dominicana está en el mapa global de la industria y consolida su compromiso con los más altos estándares internacionales de seguridad operacional, eficiencia y calidad de servicio.

Al ser miembro de IATA la línea aérea potencia el rol de la compañía dominicana como conector de las américas a través de sus hubs en Santo Domingo y Punta Cana, lo cual a su vez fortalece a la República Dominicana como jugador de alto calibre en el turismo global.

Víctor Pacheco Méndez, CEO y fundador de Arajet, comenta: “lograr esta certificación como miembro de IATA es paso estratégico que valida nuestro modelo y eleva nuestra propuesta de valor para los pasajeros. Además, impulsa nuestra capacidad para ampliar acuerdos interlínea y optimizar procesos para ofrecer conexiones más simples y confiables a precios accesibles”.

Asimismo, dijo Pacheco Méndez que para la República Dominicana este logro significa mayor conectividad, más turismo y nuevas oportunidades de negocio y empleo. “Con Santo Domingo y Punta Cana como hubs de interconexión, seguiremos acercando el Caribe con Norte, Centro y Suramérica”.

IATA agrupa a la gran mayoría del tráfico aéreo internacional y promueve procedimientos estandarizados que mejoran la experiencia del cliente, desde la emisión de boletos y el manejo de equipaje hasta la puntualidad y el servicio en aeropuertos. La incorporación de la línea aérea facilita la adopción de mejores prácticas y soluciones tecnológicas de la industria, alineadas con crecimiento seguro, eficiente y sostenible.

Por su parte, Peter Cerda, vicepresidente Regional para Las Américas de IATA, comenta: “ser miembro IATA es un hito que le permite a las aerolíneas ofrecer más beneficios para los pasajeros, sobre todo aumenta conectividad y opciones mediante futuros acuerdos con aerolíneas miembros y socios de la cadena de valor”.

La membresía para Arajet, aclaró Cerda “no es un secreto que la aviación es fundamental para la región del Caribe. En el caso de La República Dominicana, los viajes y el turismo representan casi 10,6 por ciento de su economía total y generan casi 550 mil puestos de trabajo. Es importante que el sector y el gobierno dominicano trabajen juntos para que la aviación se convierta en motor de crecimiento económico y desarrollo social”.

En las próximas semanas se compartirán nuevas iniciativas de producto y conectividad que capitalizarán su membresía a IATA y fortalecerán su red desde y hacia sus ciudades foco.

 
La aerolínea dominicana ya es miembro de IATA.

 

“El ángel de la fama tiene sus alas hechas de papel... periódico”

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Twitter: @victoriagprado

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El apunte del director

  • Agosto 2026

    NO A LA CENSURA

    La libertad de expresión y el derecho a la información no son concesiones graciosas del gobierno ni privilegios de periodistas, concesionarios, conductores o propietarios de medios. Son derechos fundamentales de los ciudadanos y pilares indispensables de cualquier régimen que pretenda llamarse democrático.

    Por eso, desde todos los frentes debemos decir con absoluta claridad: no a la censura.

    El debate sobre los derechos de las audiencias puede parecer, en principio, una discusión técnica relacionada con las obligaciones de los medios electrónicos y las facultades regulatorias del Estado. No lo es. Cuando desde el poder se pretende establecer criterios sobre cómo deben presentarse los contenidos, diferenciar información de opinión o determinar qué puede considerarse adecuado, equilibrado o veraz, aparece inevitablemente una pregunta: ¿quién vigila al vigilante?

    Porque una cosa es defender legítimamente los derechos de las audiencias —recibir información plural, distinguir publicidad de contenidos informativos, proteger a niñas, niños y adolescentes o contar con mecanismos de réplica— y otra muy diferente abrir la puerta para que una autoridad administrativa termine convertida en árbitro de la verdad.

    La Constitución protege la libre manifestación de las ideas y el derecho a buscar, recibir y difundir información. Bajo ninguna circunstancia la defensa de las audiencias debe convertirse en el caballo de Troya para imponer controles editoriales, inhibir opiniones críticas o generar mecanismos de autocensura entre periodistas y medios de comunicación.

    La libertad de expresión también protege las opiniones incómodas, las investigaciones que molestan al poder y las preguntas que los funcionarios preferirían no responder.

    Si el oficialismo pretende elevar el estándar de responsabilidad de los medios de comunicación, debería comenzar por casa.

    Todos los días, desde las conferencias matutinas del gobierno federal, se utiliza una formidable plataforma de comunicación financiada con recursos públicos. Desde allí se informa, se fija agenda, se responde a cuestionamientos y se construye la narrativa gubernamental. Pero también se descalifica a críticos, periodistas, empresarios, organizaciones civiles y adversarios políticos.

    Las conferencias gubernamentales no son espacios privados ni programas partidistas. Son ejercicios oficiales de comunicación pública y, precisamente por ello, deberían encontrarse entre los primeros obligados moral y políticamente a respetar el derecho ciudadano a recibir información verificable, completa y diferenciada de la propaganda.

    Si se exige rigor a una televisora o radiodifusora, el mismo principio tendría que aplicarse a quien habla desde un atril oficial.

    Si se demanda distinguir claramente entre información y opinión, habría que preguntarse cuántas veces en las mañaneras se mezclan datos oficiales con apreciaciones políticas, acusaciones, interpretaciones partidistas y señalamientos contra terceros.

    Si se reclama información veraz a los medios, el gobierno tendría que asumir exactamente la misma responsabilidad cuando presenta cifras, estadísticas o versiones de acontecimientos que después pueden ser confrontadas con información pública.

    Y si verdaderamente se pretende proteger a las audiencias, entonces habría que comenzar por reconocer que los millones de ciudadanos que diariamente reciben información desde Palacio Nacional también son audiencia y poseen exactamente los mismos derechos.

    No puede existir un derecho de las audiencias para los medios privados y otro para la comunicación gubernamental.

    Tampoco puede existir una verdad oficial certificada por el Estado.

    La historia latinoamericana está llena de gobiernos que comenzaron hablando de democratizar la comunicación, combatir abusos mediáticos o garantizar información responsable y terminaron construyendo instrumentos para presionar económicamente, sancionar administrativamente o silenciar políticamente a las voces incómodas.

    México no puede recorrer ese camino.

    Los excesos de los medios deben combatirse con derecho de réplica, códigos de ética, defensorías de audiencias, transparencia y mecanismos jurídicos claramente delimitados. Las falsedades deben confrontarse con hechos. Los abusos deben someterse a la ley. Pero las opiniones no pueden quedar sujetas al criterio político de funcionarios o burócratas.

    Mucho menos cuando el propio gobierno es uno de los principales actores de la disputa pública.

    La libertad de expresión pierde sentido si solamente protege a quienes coinciden con el poder. Su verdadera importancia aparece cuando garantiza el derecho a cuestionarlo.

    Por eso resulta indispensable que periodistas, medios, organizaciones civiles, universidades, especialistas y ciudadanos permanezcan atentos ante cualquier disposición que pueda transformarse en una herramienta de control editorial.

    Defender la libertad de expresión no significa defender los errores, excesos o intereses de los medios. Significa defender el derecho de los ciudadanos a escuchar todas las voces y decidir por sí mismos en quién creer.

    La democracia necesita mejores medios, pero también necesita mejores gobiernos y una comunicación pública sometida al mismo escrutinio que pretende imponer a los demás.

    Si desde el poder quieren hablar seriamente del derecho de las audiencias, adelante.

    Pero que empiecen por casa.

    Que transparenten, documenten y sustenten lo que se afirma desde las tribunas oficiales. Que respeten la crítica. Que respondan las preguntas incómodas. Que distingan información pública de propaganda política.

    Y, sobre todo, que entiendan algo elemental: El gobierno no es propietario de la verdad ni puede convertirse en censor de quienes lo cuestionan.

    Frente a cualquier intento de controlar la información, venga de donde venga, la respuesta de una sociedad democrática debe ser inequívoca:

    No a la censura. Sí a la libertad de expresión. Sí al derecho de los ciudadanos a estar informados.